Construida a la medida de los sueños de su marido, el productor de eventos de moda francés, este refugio de verano respeta a rajatabla el estilo mallorquín. “Si bien es simple, también es sofisticada y lúdica”, revela la it-girl argentina
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En una ladera escondida al norte de Mallorca, en un terreno cubierto de olivos y de árboles antiquísimos, se esconde "Son Muntaner", la casa de veraneo de Sofía Sánchez(31) y su marido, el francés Alexandre de Betak (46), artífice de los desfiles de moda más imponentes de Nueva York y París. De estilo mallorquín, se trata del paraíso privado del matrimonio, que supo hacer del mundo su casa y de la creatividad, un medio –y un estilo– de vida. "Cuando nos conocimos [a fines de 2009, en Buenos Aires], Alex ya había terminado la construcción de la casa. Desde hacía más de quince años que venía acá, éste es su lugar en el mundo, y él acababa de convertir su sueño en realidad", le confía "Chufy" a ¡Hola! Argentina. "Acá no podés construir nada a menos de que haya una estructura preexistente, entonces Alex adquirió una propiedad vieja que demolió para construir una casa a su medida, que sigue el código mallorquín: piedra en el exterior y ventanas chicas pintadas en pastel", continúa la it-girl argentina, que se enamoró de este pequeño "vergel" cuando visitó la isla por primera vez con su amor, a mediados de 2010.
–¿Qué recordás de aquel viaje?
–Si bien él me decía que ese pueblito al norte de la isla era uno de sus secretos mejor guardados, ¡yo ya había estado ahí! Fue en 2002, cuando fui de mochilera a Europa con unas amigas. Por esas casualidades de la vida, terminamos en este pueblo, "su pueblo", y en una playa divina, "su" playa, la misma a la que vamos desde que estamos juntos.
–¿Qué enamoró de esta propiedad a tu marido?
–La vista, que es increíble, y su ubicación, porque aunque está a sólo tres kilómetros del pueblo y el lugar es bastante inhóspito, desde la casa sólo vemos árboles y, después, el mar.
–¿Qué es lo que más te gusta de "Son Muntaner" a vos?
–Los árboles –tenemos la dicha de tener olivos viejísimos– y la casa en sí misma, que habla mucho de la sensibilidad y la forma de ser de Alex. Él es muy detallista, entonces no hay ni un cable ni un enchufe a la vista; todo es de piedra, cemento y madera, y hay muy pocos muebles: sólo algunas cosas, muy bien elegidas, aquí y allá. Si bien la casa es simple, también es sofisticada y lúdica. De una canilla montada en una pared, por ejemplo, sale vino; hay un pasadizo secreto que te lleva a la bodega y, además del gimnasio, tenemos un ping-pong, un metegol, un hammán [baño turco] y un ofuro [baño japonés].

–¿Cuáles fueron tus aportes?
–El horno de barro, adonde hacemos unas pizzas riquísimas, y la huerta, que durante el año la cuidan Miguel, nuestro jardinero, y su mujer, Mónica, una periodista argentina que se enamoró de la isla y se convirtió en una gran ama de llaves. Ella es quien maneja la casa, se encarga de los gastos, hace las compras y cocina lo que nos gusta, que siempre es comida sana y rica.
–¿Cómo describirías el espíritu de la casa?
–Está siempre abierta, con amigos que entran y salen, que llegan para almorzar y quizás se quedan a dormir… Acá hay música, buena onda, chicos y perros. No hay mucha organización y todo es bastante espontáneo: a veces almorzamos a las cinco de la tarde y otras a la una; si vemos que el mar está planchado, salimos en bote con un picnic riquísimo que Mónica nos prepara en media hora.
–Desde tu mirada, ¿cuáles son los detalles más encantadores?
–La luz y su morfología. Me encanta cómo los muebles y las camas –por ejemplo, las del cuarto de los chicos, que son como cavernas– salen de las paredes. En ese sentido, la casa es medio "irrompible": podemos hacer fiestas y nada se rompe, ni se altera.

–¿Qué es lo que más disfruta tu marido?
–Creo que lo que más le gusta es compartir momentos con sus seres queridos y que ellos disfruten de la casa tanto como él. Si bien muchos de nuestros amigos son de venir acá en el verano, no tienen casa propia y nuestro lugar es una suerte de play-room para todos.
–¿Qué tipo de anfitriona sos?
–Bastante vaga [Se ríe]. Me gusta que todos se sientan cómodos, pero no soy de malcriarlos demasiado. Ni Alex ni yo estamos encima de nuestros invitados: somos muy relajados en ese sentido. Alex se pasa el año haciendo eventos para otros y, cuando se trata de nuestras vacaciones, el lema es no trabajar.
–¿Quiénes suelen ser sus huéspedes top?
–Natalia Vodianova [la supermodelo rusa] es amiga nuestra y se quedó un par de veces; Anja Rubik [la mannequin polaca] paró en casa cuando estaba construyendo la suya; también los fotógrafos Mario Sorrenti y Peter Lindbergh, que son amigos de Alex. Además, los chicos de Ráfaga pasaron un día acá, antes de dar un show en Palma. Lo pasamos bárbaro, quedamos muy amigos desde que tocaron en nuestro casamiento.
–¿En qué momentos del año se instalan en Mallorca?
–A fines de julio venimos por dos semanas. En Semana Santa solemos instalarnos con los chicos de Alex [Amaël (16) y Aidyn (13), fruto de una relación anterior] y a fines octubre venimos para pasar otro fin de semana largo.
–¿Qué hace de este lugar algo mágico?
–Es una isla muy grande, que contiene muchos "mundos". El sur es como Ibiza, masivo y lleno de boliches; en la ciudad de Palma se están radicando un montón de amigos con sus familias, ya que el estilo de vida es buenísimo; y en el centro hay un mercado de gitanos al que vamos seguido y es donde vive nuestro ceramista. Nosotros estamos en el norte, donde hay muchos artistas y personas creativas y bohemias, lo que nos encanta.
–¿Cuál suele ser el plan en Mallorca?
–Depende de la época del año. En Semana Santa y durante el otoño, el plan es súper familiero. Jugamos al metegol con los chicos, hacemos búsquedas del tesoro y cocinamos juntos. En el verano, somos de comer con amigos y nos divierte ir a fiestas en casas. Si bien hay días que trabajamos en la oficina [un espacio súper luminoso y con vista al mar, al que también tienen acceso los invitados] es sólo hasta el mediodía. Nadie tiene permiso de estar con la computadora, el teléfono o el iPad por la casa: las pantallas deben estar fuera de la vista, así todos descansamos de verdad.
–A fines de diciembre, cumpliste dos años de casada. ¿Cuál es tu balance de este tiempo como madame de Betak?
–Muy positivo. Somos muy felices y me da orgullo que un hombre tan increíble sea mi compañero de vida. Varios amigos de Nueva York, que se casaron al mismo tiempo que nosotros, hoy están divorciados. Me siento una afortunada.
- Texto: María Güiraldes
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