A solas con ¡Hola!, la modelo y actriz francesa se define como una mujer real
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En treinta minutos de reportaje, Laetitia Casta (37) dejó traslucir un carácter fuerte, firme, contrapuesto a su apariencia en vivo y en directo: tiene un andar etéreo, frágil, de pisadas livianas pero con curvas inquietantes. Mira fijo a los ojos de su interlocutor cuando habla, siempre con una media sonrisa en la que asoman dientes reales, imperfectos (sin el blanqueado típico de Hollywood), detrás de unos labios carnosos.
Durante la entrevista en París en enero pasado, todavía usaba el cabello largo, con ondas naturales, y tras la presentación de L’Extase, el último perfume de Nina Ricci que la tiene como imagen, estrenó un corte garçon. El cambio de look coincidió con la llegada de un visitante nuevo a su corazón: Louis Garrel (31, actor francés, ex de Valeria Bruni-Tedeschi, la hermana de Carla). Al momento de esta entrevista, Laetitia dio pistas acerca del amor y la conquista: "Estoy conociendo a alguien muy especial, pero es reciente, y prefiero evitar nombrarlo por si acaso. Soy muy enamoradiza", contó entonces. Los primeros días de mayo una foto de ellos tomados de la mano por el parisino Le Marais confirmó la relación. Laetitia se casó dos veces. La primera con el fotógrafo Stéphane Sednaoui (nació Sahteene, de 13 años) y la segunda, con el actor italiano Stefano Accorsi, con quien tuvo a Orlando (8) y Athena (5).

Mientras tomaba una taza de té verde, se entregó a una charla informal, sin esa barrera imaginaria que tantas celebridades interponen con la prensa. Le propuse que revelara alguna fórmula secreta de cómo mantenerse flaca, con cada músculo en su lugar, sonriente, la piel impoluta, con lunares y algunas pecas, pero sin huellas de botox ni de rellenos modernos, protagonistas en las fotos y en las alfombras rojas? Y arremetió con una carcajada.
–Espero no desilusionar, pues no tengo grandes trucos. Mi plan de belleza es trabajar para alcanzar la felicidad.
–Suena romántico. ¿Qué parte de tu cuerpo cuidás más?
–El cerebro. Voy al analista, trato de ejercitar el razonamiento, analizo el futuro de mis hijos, pienso bastante. Me preocupan mucho más la mente y el pensamiento que las piernas o la cola.
–¿Qué hacés por tu piel?
–Desde joven me puse en manos de Hervé Hérau, un esteticista muy calificado que me atiende en París. Conoce la historia de mi piel, me hace cremas a medida. No fumo ni tomo alcohol. Tampoco sigo una dieta estricta de alimentación: como de todo en cantidades pequeñas. No soy vegetariana, pero carne vacuna es la que menos consumo por una cuestión de gusto. Después, como lo mismo que mis hijos: huevos, pasta, pollo, pescado, fruta, verdura, cereales. Evito la comida procesada, pero soy una mujer normal, me encanta ir a restaurantes y salir. Estoy a favor del placer y de disfrutar la vida.
–¿Te entrenás todos los días?
–Hago ejercicio a diario, pero no soy histérica ni obsesiva. Corro, nado, bailo.
–¿Cuál es tu hemisferio más sensual: de la cintura para arriba o para abajo?
–La mente es mi parte más sexy y la que más me preocupa cuidar.

–¿Tenés cirugías plásticas?
–No, me dan pánico. Hoy no estoy a favor de los cambios drásticos. La vejez me da temor y respeto, como a todos, creo. Pero no me vuelven loca las líneas, las marcas, las arruguitas. La vida pasa y todos crecemos, cambiamos, envejecemos. Pensar que podemos lucir eternamente jóvenes es muy pretencioso. Me da miedo no ser feliz, mucho más miedo que el deterioro del cuerpo.
–Pero vos trabajás y vivís de tu imagen.?
–Y justamente porque estoy en el candelero creo que mi mensaje tiene que ser real, auténtico, positivo. Hay que ser uno mismo, no lucir todos iguales sin arrugas y con rellenos invasivos.
–¿Tenés un vestidor muy grande y surtido?
–Es gigante, especialmente el zapatero. Soy una loca de los zapatos: derbies, stilettos, escarpines, chatitas. Esa "locura" la heredé de mi madre. Con mis vestidos y la ropa podría armar una colección. Soy una afortunada y trabajé para grandes como Yves Saint Laurent, Jean-Paul Gaultier, Azzedine Alaïa, sólo por citar algunos. Pero, hoy por hoy, invierto más en decorar mi casa que en el vestidor.
–¿Cómo es tu casa? Cómo definirías su estilo?
–Como mi look: chic décontracté. Adoro los muebles de los años 70, me gustan los diseñadores italianos, el arte y los toques personales. Mezclo pinturas de firma con los dibujos de mis hijos, soy muy relajada. No me gustan las casas-museos, prefiero que sean cálidas, para ser vividas y disfrutadas.
–¿Cómo educás a tus hijos?
–Van a un colegio laico, reciben una formación clásica. Y sus padres y yo nos ocupamos de que sean respetuosos, responsables y crean en sus sueños. Quiero que hagan lo que los vuelva felices en un futuro.
–¿Tienen teléfono celular y redes sociales?
–En casa no hay televisión, solamente una pantalla para ver películas. En ese sentido, soy un dinosaurio: no me gustan las redes sociales. Ahora todo es virtual y yo creo en lo poético, el misterio, en tener nuestro jardín secreto. Por ahora, mis hijos son chicos y les inculco el valor del encuentro, el contacto físico, la magia de conocerse personalmente.
Texto: Dolores Paillot
Fotos: Gentileza Puig
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