María Laura Santillán: "Voy a trabajar siempre, es mi pasión, no se me ocurre pensar en el retiro"

"El periodismo es mi pasión, pero nunca me planteé ser la noticia"
"El periodismo es mi pasión, pero nunca me planteé ser la noticia" Crédito: Rodrigo Néspolo
Pablo Mascareño
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27 de noviembre de 2019  

Aunque quedó trunca su licenciatura en Letras y la Universidad de Buenos Aires fue trocada por la carrera de locución en el ISER, María Laura Santillán es una ferviente amante de la semiótica y los vericuetos del discurso. Lecturas infinitas, escrituras y oralidad. La palabra y sus innumerables modos es su objeto de estudio empírico. Siempre lo fue. No podría ser de otra manera: la palabra es su herramienta de trabajo. Esa misma con la que construye la convención llamada noticia, que no es otra cosa que contar buena parte de lo que sucede con mirada propia. Esa mirada que irrumpe desde Telenoche, el noticiero insignia de la televisión argentina con 53 años de aire en la pantalla de eltrece y en el que la periodista transita ya dieciséis temporadas ininterrumpidas en la conducción, luego de tomar aquella posta dorada de Mónica Cahen D'Anvers y César Mascetti, los próceres que parecían irreemplazables. Lo son. Pero Santillán supo, y pudo, imprimirle su sello a ese espacio que es columna vertebral de la programación del canal. Una marca. Como ya lo es ella al frente del programa. Indisolubles. Y va por mucho más. Y si su pasión, allá cuando estudiaba en Filosofía y Letras, era la semiótica, el suizo Ferdinand de Saussure, ícono referencial de la cuestión que sistematizó los signos que hacen a la comunicación, se haría un festín analizando los que emite para comunicarse esta vecina ilustrada de esa parte de Belgrano que aún exhibe sus caserones de tejas.

María Laura Santillán al frente de Telenoche. Supo imprimirle su sello a un clásico de la televisión argentina.

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Llega puntual al encuentro con LA NACIÓN en un hotel cinco estrellas del centro porteño muy cercano a Radio Nacional, emisora en la que conduce Plato fuerte, todos los días de 13 a 15. Sonriente y a cara lavada. Sin el camuflaje del maquillaje se la ve igual que en pantalla. Más joven, quizás. Pide dos empanadas y comienza a hablar. Sin prisa y sin pausa.

-Tu materia prima es la noticia, pero en muy pocas ocasiones vos fuiste la noticia. Se te conoce poco, ¿quién es María Laura Santillán?

-No soy, ni tengo que ser noticia, soy la que transmite la noticia. Jamás me pondría en el lugar de la noticia, me queda muy incómodo. El periodista trata de saber, de conocer, de buscar la verdad, pero no es noticia.

-No debería ser noticia, pero conocemos varios casos que rompen la regla...

-No es el rol del periodista, cuya función es buscar la verdad. Se trata de contarle a la gente lo que está pasando y lo podés hacer desde distintos puntos de vista: en un noticiero, con crónicas, investigando, generando entrevistas. Una es una comunicadora en todos los casos. El periodismo es mi pasión, pero nunca me planteé ser la noticia.

Arranca enfática quien fuera la conductora de programas como Causa Común, No matarás, Telenoche Investiga, David y Goliat y Argentina para armar. Tan enfática que hasta pareciera molestarle la posibilidad de convertirse en celebridad, aunque, en cierto modo, lo es. Pero busca, por todos los medios, de apartarse de ese lugar de exhibición pública: "No soy interesante, quizás me pueden hacer una pintura de personaje para que me conozcan, porque me quieren, pero no soy relevante. Lo relevante es lo que hay que contar, lo que pasa".

-A pesar de tu bajo perfil, y fruto de tu continuidad en televisión, sos una persona muy incorporada en el inconsciente colectivo.

-Para la gente soy familia. La cara, la voz, el modo de hablar, resultan cotidianos.

María Laura para armar

María Laura junto a su colega Rodolfo Barili, durante el primer debate presidencial
María Laura junto a su colega Rodolfo Barili, durante el primer debate presidencial

-Casi nada se sabe de vos...

-¡Mentira! Se sabe mucho.

-Negociemos, ni nada, ni mucho, se sabe poco.

-¿Qué querés saber?

-Sobre amores pasados, el amor presente.

-No hablo sobre eso. ¿A quién le importa? Solo hablo de cuestiones laborales o de mis dos hijas, que son mi orgullo. No mucho más. En la calle, cuando la gente me saluda, me pide una selfie, o me da un beso, me consulta sobre mi salud, pero no me pregunta con quién estoy.

Si bien, quien fuera una de las moderadoras del reciente debate presidencial en la Universidad Nacional del Litoral, compartiendo el rol con Rodolfo Barili, se fastidia con determinadas consultan que buscan ahondar más de la cuenta, lo cierto es que tiene ganas de reflexionar sobre el trabajo, sobre el futuro y, fundamentalmente, sobre la vida. En definitiva, la vida es su gran logro. Su premio a la resiliencia. María Laura Santillán es de esos seres que tuvieron la fortuna de deconstruir alguna parte suya y volver a empezar.

-¿Cómo nace tu vocación?

-No sé, las vocaciones nacen. ¿Vos sabés cómo nacen las vocaciones?

-Algo de ADN, influencias, modelos que se admiran, hay varios caminos...

-Era chica y recuerdo que esperaba a la mañana que el diario pasara debajo de la puerta. Mi madre es licenciada en Letras y mi padre es abogado. Mamá recibía La Opinión y papá, LA NACIÓN. Había mucho para leer y era interesante la discusión política.

-Ahí hay una semilla vocacional.

-No hay una semilla, no había antecedentes. Si hay que encontrarle una explicación es que soy muy curiosa, me encanta saber, conocer. Comencé estudiando Letras en la época del Proceso, pero cursé varios años y me aburrí. Ni siquiera se hablaba de semiótica, no existía eso. Estudié tres griegos antiguos, latín, todo muy heavy. A mí me gustaban las palabras, el análisis del discurso, pero eso no estaba desarrollado.

-Entonces...

-En cierta oportunidad, vi el aviso del ISER en la televisión y, por curiosidad, me presenté.

-Y entraste.

-Entré. No me enganché desde el lugar en el que se desarrollan los locutores, no hablo como una locutora, me parece demasiado formal, pero me propuse terminar la carrera. Había mucha fonética y a mí los idiomas me encantan. Se hacía foniatría con un profesor que me enseñó a respirar. Todo era muy interesante.

A través de un contacto de su madre, María Laura ingresó a Radio Splendid. Le tocó cubrir la información gremial, pero, al poco tiempo, su luz se hizo notar y fue sugerida para sumarse al staff del emblemático Rapidísimo de Héctor Larrea por Radio Rivadavia. Dos años de móviles intensos y el cariño con el genial conductor que se fue agigantando mañana tras mañana. "Me decía Laurita. Nunca vi, en radio, a nadie tan profesional como él. Es mi maestro".

-No era poco, siendo tan joven, integrar las huestes de Rapidísimo y en la radio donde también estaban Cacho Fontana y Antonio Carrizo.

-El primer móvil era a las siete de la mañana. Fue como volver al colegio, había que estar bien despabilada, seguir a Héctor y, además, darle alguna sorpresa como la entrevista que le hice a Jorge Luis Borges.

En Radio Nacional conduce Plato fuerte, el ciclo que la devolvió a un medio en el que dio sus primeros pasos como periodista.

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-¿Jamás hubo dudas vocacionales?

-¡Jamás! Cuando ingresé a la radio, me dije: "Esto es lo mío".

-¿Qué es lo tuyo?

-Contar lo que pasa.

-Si tuvieras que pensar en la mayor enseñanza que te brindó Héctor Larrea, ¿qué recuerdo aparecería?

-Me enseñó en que hay que contar para muchos. Cuando se habla de grietas, o cosas por el estilo, me cuesta ponerme en ese lugar porque siempre trato de contar para muchos, que estén todos incluidos, que todos entiendan. Tener en cuenta todas las voces es también "escuela Larrea". A los 19, estaba en un programa que fue el más exitoso en la historia de la radio y que le hablaba a todos.

Causa Santillán

"A mí, el que piensa distinto me genera curiosidad, lo quiero conocer, saber por qué piensa así"
"A mí, el que piensa distinto me genera curiosidad, lo quiero conocer, saber por qué piensa así" Crédito: Rodrigo Néspolo

-Desde Telenoche, ¿cómo se hace para hablarles a todos en un país tan agrietado?

- Telenoche además de ser una marca con casi sesenta años de historia, tiene una mirada amplia. Nosotros tuvimos a Alberto Fernández al día siguiente que ganó las Paso, eso quiere decir mirada abierta. Si la noticia es Fernández, lo hacemos a Fernández. Buscamos la noticia. Parece ingenuo, pero es así de espontáneo y así con todos los temas. Decime un tema...

-Toma de terrenos en el conurbano profundo con fines de comercialización ilegal.

-Hicimos cámaras ocultas que mostraban que hay gente a la que se la estafa porque se le vende un terreno usurpado, gente que no está comprando nada. Es el negocio de un vivo.

-Que lucra con la confianza y la desesperación de alguien que no tiene nada...

-Mientras tanto intentamos interpelar a los poderes políticos, de cada zona, para que estudien el caso porque hay gente que no tiene dónde vivir y en eso no se mete la grieta, es contar lo que sucede.

-De todos modos, pensar diferente es saludable.

-Estoy de acuerdo. El tema es que tenemos que convivir, ahí está la cuestión.

-¿Ahí es donde fallamos?

-La cuestión es respetar las reglas. Nunca existe el consenso absoluto que, por otra parte, no estaría bueno. Todos debemos ser respetados. No tengo ese fanatismo, ni esos sentimientos que veo en gente muy cercana, incluso en familiares. A mí, el que piensa distinto me genera curiosidad, lo quiero conocer, saber por qué piensa así. Me divierte discutir, me modifica lo que el otro piensa, me da un punto de vista que no conozco.

-Bucear en la razón del otro.

-El que piensa distinto no me provoca bronca ni rechazo, al contrario. Salvo la agresión, todo punto de vista tiene derecho a ser escuchado y nosotros tenemos que conocerlos todos porque estamos contando las noticias. No las que queremos escuchar, sino las que suceden.

-¿Qué país viene?

-Es una pregunta imposible en la Argentina. Nuestro país es impredecible en el bueno y en el malo de los sentidos. Desde ya, deseo un país sin penurias económicas, que crezca, que se desarrolle y que nadie pase hambre. Te podría decir todos los lugares comunes en los que toda persona de bien cree, pero no tengo ni idea qué pasará en el país que viene. Ojalá pasen cosas buenas y que le vaya bien al gobierno entrante. ¿Qué va a pasar? Creo que nadie lo sabe. La Argentina nos sorprende para mal y también para bien, como sucede con las charlas entre Mauricio Macri y Alberto Fernández, aunque no hablen todo lo que quisiéramos. También sorprende para bien que Fernández haya pedido que se le entreguen los atributos en el Congreso y que Macri haya aceptado ese deseo. A veces, parece que viene ese país que es de convivencia.

-Civilidad.

-No sé si la palabra es civilidad, diría, institucionalidad, pero, a veces, también pareciera que no, que explota todo. De todos modos, la respuesta se la dejamos a los astrólogos.

-¿Creés en la astrología?

-Nada.

-¿Qué sentís que sucedió con la presidencia de Mauricio Macri?

-¿Vos creés que voy a decir algo muy original? El tema económico es la cuestión, no hay mucho más. El tema económico definió su fracaso para ser reelegido.

En Argentina para armar, por la señal de TN, se dio el gusto de charlar, con profundidad, sobre diversos temas de actualidad, sin la urgencia de la noticia inmediata.

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-Lo que se informa suele ser, en gran medida, doloroso, ¿qué mecanismo se acciona en vos para poder sobreponerte de lo duro que implica estar al frente de un noticiero diario?

-Se trata de oficio. Son muchos años de hacer este trabajo. Uno tiene algunas defensas para poder hacerlo bien. Todo te pega, pero en el momento en el que estás en el aire se suspende lo emocional, hasta se interrumpe el hambre o las ganas de ir al baño. Tengo mucho poder de concentración, así que estoy atenta a eso que estoy haciendo y no existe más nada alrededor. Después te caen las fichas de lo que te dolió, de lo que es interesante para hacer al día siguiente. En Telenoche hay un equipo que trabaja junto desde hace muchos años. Es un noticiero realizado, íntegramente, por periodistas, con productores de excelencia, con mucha producción propia. Eso hace a la diferencia, a la amplitud.

- Agenda común y propia.

-Tenemos la agenda diaria, la actualidad caliente. Cuando pasó lo de Chile o lo de Bolivia, levantamos todo.

-Los recientes sucesos en Bolivia ocuparon buena parte de las emisiones de Telenoche.

-Tuvimos la asunción de la presidente interina trucha, porque no la votó nadie. Incluso nos confundimos porque pensamos que llevaba la Constitución, pero llevaba los Cuatro Evangelios en la mano. Todo ese mamarracho hizo que todo lo demás no saliera, estábamos en vivo transmitiendo eso. Era importante porque tenemos una gran colectividad boliviana, porque sucede en un país limítrofe y por todo lo que sucede, simultáneamente, en Latinoamérica. La actualidad manda, pero tenemos producción propia. Y, por otra parte, nos gusta mucho contar historias.

-Que espejan a mucha gente.

-Hay una sección muy linda que se llama Héroes, que espeja a mucha gente. Mostramos el trabajo de guardaparques, médicos, trabajadores de comedores. Por eso me gusta la mirada federal de Telenoche y por eso elegí trabajar en una radio como Nacional que llega a todo el país. Insisto, tal como me enseñó Larrea, hay que hablarles a todos.

Quien es madrina de tres ONG, se jacta de conocer todo el país, aunque con tres asignaturas pendientes: el campo de piedra pómez de Catarmarca, El Chaltén y el fenómeno del carnaval de Lincoln. "El oyente sabe que sé dónde está. Eso genera empatía".

No te retirarás...

"Voy a trabajar siempre. Es mi pasión, es mi vocación".
"Voy a trabajar siempre. Es mi pasión, es mi vocación". Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo

-Cuando se despidieron Mónica y César de Telenoche hicieron radio un tiempo y luego, se refugiaron en San Pedro, ¿cuál es tu San Pedro?

-No hay San Pedro, voy a trabajar siempre. Magdalena Ruíz Guiñazú sigue trabajando. Es mi pasión, es mi vocación, no se me ocurre pensar en eso. Además, soy muy joven, no me retires joven porque hace muchos años que estoy en Telenoche. ¡No me hagas esa pregunta!

-La pregunta, en realidad, era otra. Cuando se despidieron Mónica y César era bastante difícil imaginar un Telenoche sin ellos y, hoy, 16 años después, el noticiero tiene tu imagen, tu sello, tu impronta. Cuesta, ahora, imaginar el noticiero sin María Laura, le has contagiado tu identidad al noticiero.

-¡Que lindo eso! Pero vos me preguntaste por el retiro, no seas malo.

-No te pregunté por el retiro, a lo que apunto es que a una marca histórica, le imprimiste tu sello. ¿Cómo se logra eso? ¿Aquel primer día imaginabas estos 16 años?

-Uno nunca imagina nada en la tele, se vive cada día. Nunca imagino qué viene después, no sé si es bueno o malo. No hago proyectos a largo plazo, pero me sorprendo mucho con la cantidad de tiempo que pasó y siento la misma responsabilidad del primer día y sigo, como en aquel primer día, tratando de comunicar con la mayor posibilidad de objetividad, cómo se cuenta, qué se jerarquiza a la hora de contar y que se entienda. Es un compromiso que me hace muy feliz, sino no lo estaría haciendo. No sé faltar a Telenoche, no puedo faltar, pero me tomo vacaciones para desenchufar y reparar.

-No has faltado ni siquiera en los momentos más duros de tu vida.

-Sin decirlo al aire, fui con la quimio encima a hacer el programa porque me gusta mi trabajo. Disfruto mucho.

-Se te ve muy bien, ¿cómo estás de salud?

-Se te ve bien y al otro día estás hecho pelota. Hay que estar chequeando todo el tiempo, todos nos tenemos que chequear. En mi caso, mi antecedente me obliga a tener la salud al día.

-Vos te detectaste un bulto, lo cual confirma, una vez más, la importancia del autoexamen, el palparse uno mismo, incluso los varones.

-En mi caso, no aparecía en la mamografía, estaba muy pegadito al esternón. Luego apareció en una ecografía.

Fui con la quimio encima a hacer el programa porque me gusta mi trabajo

-¿Qué sucedió ante el diagnóstico?

-Lo sacamos lo antes posible.

-A las pocas horas.

-A los dos días me operé.

-¿Cómo cambia la perspectiva de vida luego de atravesar una situación como es un diagnóstico de cáncer?

-Cambia todo. Es muy lento el cambio, no es de golpe. No aparece una revelación.

-¿No sucede una epifanía?

-No. Hay un momento en el que decís: "¿Y si un día no estoy más, qué pasa con todo esto?" Y repasás qué le podría pasar a tu vieja, a tus hijas. Ves cómo tendrías que organizarlo todo. Es muy fuerte y muy desagradable. No se lo recomiendo a nadie. Aparece la finitud, inexorablemente. Es un mazazo. Es muy feo pensar que hay un momento en el que uno no va a estar más y que eso te puede llegar en cualquier momento. Después, si la pasaste, estás sano y saliste adelante, con el tiempo te vas dando cuenta cuánto te cambió todo eso.

-Transcurrieron cinco años y medio desde tu operación. ¿En qué notás, puntualmente, tu cambio interior? ¿Existe un mayor disfrute?

-Siempre fui del disfrute, disfruto mucho trabajando y no trabajando. Es Perogrullo total lo que voy a decir, pero es así: hay pequeñas cosas que ya no te importan más y, te aseguro, que son infinidad.

-¿Un ejemplo?

-Cuando te das cuenta que te estás por calentar, te aparece el aviso de que no vale la pena. Eso sucede todo el tiempo. Se te van soltando cosas de las que ya no te ocupás más porque son menores. Perdonás miles de cosas que, antes, te hubieran parecido importantes. El tiempo hace que quede en la superficie lo que es importante. E importante son pocas cosas. Vas más relajado por la vida. De todos modos, nunca fui una tensa. Enfática sí, pero no rosquera. De todos modos, no me gusta hablar de mí, porque no soy modelo a seguir. Soy una mujer con una vocación muy fuerte, con una gran capacidad de trabajo, muy curiosa y estudiosa. Seguramente, hice muchísimas cosas mal, como todo el mundo. Todos somos iguales. No soy distinta a los demás, simplemente salgo en la tele.

-Tu rol te coloca en un lugar diferente.

-Soy menos miedosa que los demás porque estar todos los días en cámara implica, también, cierta temeridad. Eso lo sé.

-¿No sos temerosa?

-Soy temeraria.

-Buena frase, pero no creo que te defina.

-Tengo que frenar la temeridad. No ser temeroso me sirve para ir para adelante, ya sea con una enfermedad o con una tarea como la mía que es tan extensa y tan intensa.

-Tenemos una sola certeza y, paradójicamente, es un gran interrogante.

-¡Nos vamos a morir!

-Hablabas sobre la finitud, sobre lo que te sucedía pensando en este mundo sin vos, en tus seres queridos. La finitud en blanco sobre negro.

-Es horrible. Todos creemos que somos eternos, el único beneficio colateral de haber considerado la finitud es no dejar nada por hacer.

-¿Qué dejaste por hacer? ¿Qué te falta?

-Mil cosas me faltan, pero lo que tengo ganas de hacer, trato de hacerlo. Siempre hice cosas jugadas.

-A saber...

-Comencé a esquiar a los 45 porque no podía ser que no supiera esquiar. Empecé a manejar a los 47. Siempre creo que soy joven y eterna. Aquella experiencia, en este sentido, no me cambió la vida, porque siempre hice cosas nuevas y porque la vida es eso, experiencias. Me preguntabas acerca de la finitud... Recuerdo que miraba mi cuarto y pensaba: "¿Qué pasará con mi casa? Luego del bajón inicial, cuando no me movía de la cama y pensaba que me podía llegar a morir, una vez que atravesé unos días de infierno, apareció una especie de confirmación: hay que darse los gustos. Ir a Telenoche o hacer mi programa de radio es darme un gusto, me da placer.

Entre David y Goliat

"Este país es muy machirulo y yo, desde ya, soy sorora con las mujeres"
"Este país es muy machirulo y yo, desde ya, soy sorora con las mujeres" Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo

María Laura Santillán jamás le temió a los desafíos. No se amedrentó cuando Nicolás Repetto la llevó a integrar el staff de aquel éxito llamado Fax. Mucho menos, cuando le tocó enfrentar el dolor de la enfermedad. Sin embargo, le teme a mostrarse frívola y a exponerse más de la cuenta. "Decidí que de mi vida privada iba a hablar muy poco. Además hay que tener mucho cuidado con lo que se dice. Este país es muy machirulo y yo, desde ya, soy sorora con las mujeres", dice terminante.

-Hoy se vive un nuevo paradigma y las mujeres están más empoderadas. En tu caso, desde muy chica ocupás espacios destacados.

-Me empoderaron mis abuelas, mi vieja. Tengo dos hijas preciosas, así que, que las mujeres crezcan, es súper importante. Todo lo que pueda hacer por mis compañeras de laburo, lo hago. Incluso puedo ser hasta muy pesada y les pido que me avisen. Me encanta trabajar con mujeres.

-De hecho, en el noticiero, además de Diego Leuco, te acompaña Luciana Geuna.

-Es una persona llena de virtudes, pero tiene una clave para la tele: es muy empática. Ella se conecta, es sensible.

-El presidente derogó la actualización del protocolo en casos de abortos no punibles. ¿Cómo te parás ante eso?

-Me parece un error grave. Se trataba de actualizar un procedimiento de una ley que es de 1921. Las leyes se actualizan y la actualización implicaba cuestiones de procedimiento. Estimo que el gobierno que viene lo va a subsanar porque tiene que ser actualizado.

-Y con respecto a la legalización del aborto, ¿cuál es tu posición?

-Estoy a favor porque es una cuestión de salud pública. No se pueden morir mujeres por abortos clandestinos, eso es de la prehistoria, horrendo. No importa mi opinión personal, ni si yo me practicaría un aborto, o no, esas son cuestiones íntimas. Puedo no querer hacerlo, pero otros si pueden necesitarlo, tiene que ser ley.

-Pasando a cuestiones más frívolas, podrías hacer Telenoche a cara lavada, se te ve fantástica.

-Estás confundido, pero ponelo en la nota. Y no me pongas de título nada que pueda sonar pedante. Soy enfática, no pedante.

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