En exclusiva, abrió las puertas de su intimidad y habló de su entrañable relación con la entidad que vela por los actores en su vejez
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Dice que cada vez que termina un trabajo, cuelga los botines y se pone en "modo hippie". Sin embargo, a pesar de que eso ya es casi una regla en su vida, no bien se enteró de que la primera gala a beneficio de la Casa del Teatro ya tenía su espacio en el calendario social porteño, Natalia Oreiro (38) quiso participar. En realidad, su corazoncito hace rato que late al ritmo de esta entidad que alberga y protege a los actores en su vejez. Pero esta vez, más que nunca, quería ser parte de quienes el martes 22, en el Alvear Palace Hotel, quisieron acompañar el puntapié inicial de esta iniciativa.
–¿Cómo nació tu relación con la Casa del Teatro?
–La primera persona que me habló sobre el tema fue Lydia Lamaison, a quien adoré y con quien tuve una relación de abuela-nieta. A partir de ahí empecé a colaborar donando ropa mía a la Feria de los Artistas que organizan cada año para recaudar fondos. Además, con el mismo fin, anualmente montan "Teatrísimo", un ciclo de obras leídas en el que tuve la suerte de participar en varias oportunidades, y donde la gente ayuda comprando la entrada. Por eso ahora, no podía fallar.
–¿Qué participación tuviste durante la fiesta?
–Presenté un video institucional, que grabamos dos meses atrás. Fue lindísimo recorrer ese edificio increíble –ubicado en la avenida Santa Fe 1243–, de estilo art déco, que se hizo gracias a la iniciativa de Regina Pacini de Alvear (cantante lírica y mujer del expresidente). Es espectacular y el aquitecto Alejandro Virasoro donó los planos: entre muchas otras cosas tiene cuarenta y cinco habitaciones, un museo y comedor con piano. Es como un hotel donde viven personajes que brillaron en el arte. Fui con Ricardo [Mollo, su marido], un sábado a la mañana y conocí a Nelly Vázquez, una gloria del tango, que vive ahí. Ese día le pedí que me cantara y ella, toda arregladita y maquillada, nos emocionó hasta las lágrimas. Entonces me di cuenta de lo que significa este lugar para los actores. Ahí se sienten contenidos y recordados porque están con sus colegas.
–Embarcarte en temas solidarios es muy propio tuyo. ¿Cómo se lo fomentás a Atahualpa, tu hijo?
–Cuando era chica, en casa no sobraba nada. Por eso, ahora que gracias a mi trabajo no tengo necesidades, me hace bien compartir lo que tengo. Atahualpa me acompaña mucho a Fundación Sí, que es espectacular, y ahí armamos juguetes o lo que se necesite en las diferentes campañas que organizan. Además, soy embajadora de Unicef, hago primera infancia, que desde que soy mamá me moviliza todavía más. El vive todo esto de manera natural.
–Acabás de terminar Entre caníbales. ¿Cómo estás "retomando" tu vida?
–Cuando termino un trabajo, cuelgo los botines y me pongo en "modo hippie". Estoy disfrutando de mi familia, de poder llevar y buscar a mi hijo al jardín y me muero de amor cuando amanezco con su sonrisa. También me fui de viaje con una amiga. Ata se fue con Ricardo a Misiones y Corrientes, donde tenía que tocar. Fue toda una experiencia porque jamás lo había dejado. Y si bien nos comunicábamos todo el tiempo por videollamadas, confieso que volví dos días antes de lo planeado para verlo. La serie fue una experiencia superintensa y liberadora, pude contar una historia que reflejaba a muchas mujeres, al menos así me lo hicieron saber varias. La última semana, más allá del duelo que implica terminar de grabar, murió el "Tano", un sonidista histórico de Telefe, que era una persona alegre, educada y cariñosa. Fue muy fuerte para todos. Ricardo me acompañó mucho durante todo el proyecto. Ahora nos vamos los tres al campo, a descansar.
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