Pérez Bastida, la voz icónica de Mar del Plata: del gesto de Larrea que lo marcó a la sorpresa de Sandro que no olvida
LA NACION mantuvo una extensa charla con el reconocido comunicador, uno de los referentes de la radiofonía nacional, en la que no faltaron las anécdotas y el recuerdo de nombres ilustres
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MAR DEL PLATA.- Su nombre está íntimamente ligado a la historia radiofónica de nuestro país. Si bien trabajó en diversas emisoras, su voz fue uno de los sellos indelebles de la histórica Radio Rivadavia. También la televisión le prestó su imagen y él le ofrendó su oficio.
Desde hace décadas, radicado definitivamente en Mar del Plata, ha desarrollado una nutrida actividad como locutor y periodista en los principales medios locales.
Ricardo Pérez Bastida es uno de esos próceres de la comunicación en nuestro país, cultor de decir exquisito, poseedor de una cultura general infrecuente, melómano tan empedernido como su deseo de vivir bajo un extremo bajo perfil.
“Me han hecho saber cuál fue mi aporte en los medios de comunicación”, sostiene, con la humildad de quien necesitó de una validación externa para entrenar la mirada hacia sí mismo.
Fue el “reemplazo natural” de Héctor Larrea en Rapidísimo, esa aplanadora radial que lideraba las mañanas desde bien temprano y hasta el mediodía. Y fue, entre tantas otras actividades, el coconductor de un ciclo televisivo cuya duración era de casi doce horas, travesía que desandaba junto a la recordada vedette Ethel Rojo.
Fue su madre quien descubrió en él su talento para la comunicación al encontrarlo un lector precoz. Fue amigo de grandes como Sandro, quien le abrió las puertas de su infranqueable mansión y logró unos cuantos y merecidos lauros como el reconocimiento del Concejo Deliberante del Partido de General Pueyrredón.
“Me formé con mi gran maestro Héctor Larrea, con quien empecé a finales de la década del setenta. Fui su locutor, aprendí a leer la tanda con Rina (Morán) y Beba (Vignola), dos chicas encantadoras, y lo reemplazaba a Héctor (Larrea) en sus vacaciones”.
En aquellos tiempos existía el “tandero”, una suerte de carpeta donde cada hoja era un aviso para leer en vivo. Más acá en el tiempo, los avisos comerciales comenzaron a salir al aire grabadas.
-¿Cómo era trabajar con Héctor Larrea?
-Una escuela. Generoso para compartir sus conocimientos, un referente que me impulsó en mi carrera.
Olfato de madre
Porteño, nació en el Hospital Alvear, cerca de Agronomía, y se crio en San Justo, en el conurbano bonaerense. “Mis padres eran del campo y compraron un terrenito para poder hacerse la casa, en el Partido de La Matanza”.
-En la misma zona donde nació Pinky.
-Vivíamos muy cerca de su casa, llegué a tratar a su papá, don Epifanio Satragno, muy conocido en San Justo.
-¿Cómo nació su vocación por la locución y el periodismo?
-Tenía diez años cuando mi mamá escuchó por radio que una troupe infantil que dirigía Salvador del Priore, “Juancho”, buscaba niños actores y locutores. Como yo leía muy bien de corrido, se le ocurrió que podría sumarme a ese programa. Rendí la prueba en la casa de “Juancho”, en Ramos Mejía, y, ni bien comprobó como leía, me dijo: “Empezás el domingo”.
En esa época, dos elencos radiales infantiles competían por las preferencias de los niños escuchantes, La pandilla Marilyn (Radio Porteña) y la compañía encabezada por “Juancho” (Radio Libertad).
-Hasta ese momento, y siendo un niño, ¿había manifestado alguna inclinación por participar de algún espacio radial?
-No, para nada, fue una ocurrencia de mi mamá, que elogiaba mi manera de leer. Cuando íbamos en colectivo de San Justo al Centro, me divertía leer los carteles publicitarios que, por la avenida Rivadavia, bordeaban las vías del Ferrocarril Sarmiento.
-Una semilla de locutor ya se manifestaba.
-Es cierto. Incluso, muchos pasajeros se sorprendían al escucharme leer de corrido y con buena entonación.
-Tan equivocada no estaba su mamá.
-Para nada. Lo primero que hice en el programa de Juancho fue el anuncio de los cumpleaños de los chicos del público. Salíamos al aire desde el auditorio de LS10 Radio Libertad, de los Romay, que quedaba en Florida 165, en la Galería Güemes.

Ela, su mamá, era una convencida de las virtudes de su hijo, al punto tal de que se acercó al ISER (Instituto Superior de Enseñanza de Radiodifusión), que entonces funcionaba en el Colegio Otto Krause, para que pudiera cursar la carrera de locución. “Le dijeron: ‘Señora, tiene que esperar a que el chico termine el secundario’”.
Acaso porque fue la descubridora de su talento, el periodista se manejó en el medio con un doble apellido: “Yo soy Pérez, pero, a modo de homenaje, me agregué el Bastida de mi mamá. Cuando me llaman Bastida a secas, es el mejor reconocimiento hacia mi madre, que me dejó en el año 2010, unos días después del fallecimiento de Sandro”.
Ya terminado sus estudios secundarios, se probó en dos oportunidades para poder ingresar al ISER, donde las vacantes siempre fueron muy escasas. Finalmente, inició la carrera de locución en el COSAL, otra institución destacada, manejada por la congregación salesiana.
La carrera la cursó en las instalaciones del Colegio Pío lX, “donde estudiaron Ceferino Namuncurá, Carlos Gardel y Arturo Umberto Illia”, cuenta.
Camino al andar
Ricardo Pérez Bastida se recibió de locutor con honores y, en consecuencia, rápidamente comenzó a transitar los medios de comunicación demostrando su capacidad profesional. “Las primeras suplencias las hice en el edificio de Uruguay 1237, donde funcionaban tres radios, Belgrano, Argentina y Del Pueblo”.
Los pasos iniciales en Argentina y Del Pueblo derivaron en su pase a Belgrano, donde le tocó animar las madrugadas. “Comencé a conducir en Primera edición, un programa que arrancaba a las once de la noche y terminaba a las cinco de la mañana. A mí me correspondía el tramo final que se iniciaba a las tres de la mañana”.
Una lotería de provincia, de las más sólidas, auspiciaba el espacio. Eran tiempos del Mundial de Fútbol que se disputó en Argentina en 1978. “A las tres de la mañana, leía las tapas de los diarios de la época y pasaba música”.

-Su voz estaba muy identificada con Radio Rivadavia. ¿Cómo llegó a esa emisora?
-Me anoté para hacer suplencias, como ya venía haciendo en Splendid o Excelsior. Una noche me crucé con Capuano Tomey, que hacía Jazz caliente y era amigo del jefe de locutores de Rivadavia. “Capuano me gustaría hacer algo en Rivadavia”, le propuse. Me indicó a quién ver y, finalmente, me tomaron una prueba al aire.
-¿En qué consistió ese “examen”?
-Fue un sábado por la mañana en Rapidísimo, junto a Héctor Larrea.
-Nada menos.
-La idea era ver qué le parecía a Héctor mi lectura y si simpatizaba conmigo. Finalmente, me quedé.
-Larrea dio el visto bueno.
-Fue quien me enseñó a leer los avisos comerciales y a vender un producto al aire, remarcando lo que debía tener énfasis y haciendo las pausas necesarias. Fue mi maestro, escuchándolo y viéndolo trabajar aprendí muchísimo.
Tal era la empatía entre Larrea y Pérez Bastida que, cuando el titular de Rapidísimo se tomaba el mes de enero para descansar en la ciudad de Pinamar, el locutor lo reemplazaba.
“Eran experiencias hermosas, acompañado por un equipo fenomenal que integraban el servicio informativo El Rotativo del Aire y el área de deportes con La Oral Deportiva, con el equipo de José María Muñoz”.
-Radio Rivadavia era un verdadero “tanque” de la comunicación.
-Era como jugar en la Selección Nacional o en la Primera División de River Plate o Boca Juniors.

Tal fue la repercusión del trabajo de Pérez Bastida en Rivadavia que, al tiempo, se puso al frente de Rivadavia Revista, su propio programa: “Salía los domingos, antes de Carburando, que comenzaba a las nueve de la mañana, con Eduardo González Rouco al frente de las transmisiones de automovilismo. La consigna era hacer un programa ameno, liviano, sin política ni temas religiosos, abordando curiosidades, efemérides y buena música”.
Frente al mar
Pérez Bastida es un melómano, que conserva en su casa marplatense una colección importante de vinilos. Habla pausado, con una dicción perfecta y memoria prodigiosa. Si hasta parece tener un micrófono enfrente...
No son pocos los que lo saludan en el emblemático Torreón del Monje, símbolo inequívoco de Mar del Plata. El comunicador es uno de esos ciudadanos ilustres de la ciudad que todos respetan.
Desde hace años, Ricardo Pérez Bastida es uno de los nombres referenciales de la comunicación marplatense.
Estuvo a cargo del noticiero central de Canal 2 local (donde actualmente ofrece un editorial semanal), fue parte de las señales de televisión abierta de la ciudad y su programa radial es un clásico de LU6 Radio Atlántica, actualmente ocupando la franja matutina, de 8 a 12 con Domingos con Bastida.
-¿Qué lo llevó a radicarse en Mar del Plata?
-En 1983, el gerente de Radio Rivadavia me comentó que iba a poner una emisora en esta ciudad y me ofreció participar de la nueva programación. Al principio me resultó extraño, le explicaba que siempre había vivido en San Justo, que nunca me había movido de Buenos Aires. Me dijo, “comprate bufanda y sobretodo, que te vas para allá”.
Aquella emisora a estrenar fue LU9 Radio Mar del Plata, aún en el aire. “De cinco a nueve de la mañana iba yo; luego seguía Julio Lagos con su programa; al mediodía arrancaba el relator marplatense Juan Carlos Morales, mano derecha de José María Muñoz, con su ciclo deportivo; y, por la tarde, salía Juan Carlos Vilches”.
-No habrá sido sencillo tomar la decisión de mudarse.
-Lo hablé con mi mujer, en ese momento teníamos un bebé recién nacido, y analizamos la propuesta económica, que era muy buena.
-Mar del Plata es una hermosa ciudad para radicarse.
-Nos parecía un lugar muy tranquilo, ideal para criar a nuestro hijo.
Graciela es su esposa de toda la vida. Juntos construyeron una familia con Pablo, aquel bebé porteño, y Alejandro, el segundo hijo del matrimonio que nació en Mar del Plata.
Incunables
“Tengo grabados muchísimos reportajes en antiguos casetes que debería digitalizar”, dice a modo de reclamo para sí mismo. En ese archivo preferencial se cuentan entrevistas realizadas a figuras como Tita Merello, cuando la legendaria actriz y cantante realizaba temporadas en esta ciudad bajo la dirección de Enrique Carreras.
“Lo llamé a Enrique y le propuse que la trajera al estudio. Tita amaba la radio, a los locutores y, especialmente, a los que hacían radio de madrugada. Era una mujer de carácter, frontal, pero tenía humor, le encantaba que le contara furcios”.
Si de “metidas de pata” se trata, en Radio Belgrano, al presentar el tango “Tinta Roja”, de Cátulo Castillo, dijo: “Acabamos de escuchar ‘Tinta roja’, un tángulo de Cátulo”.

Sandro fue otro de los entrevistados con los que trabó amistad. “Tuve una linda relación con él, en sus últimos años de vida”.
A Roberto Sánchez lo conoció cuando el cantante fue invitado al ciclo Gánele al Dos, que contaba con la conducción de Ethel Rojo. El actor Gino Renni y Ricardo Pérez Bastida eran los laderos de la exvedette en ese formato que se iniciaba a las diez de la mañana y finalizaba doce horas después. “Fue muy lindo trabajar allí, bajo las órdenes de Héctor Ricardo García”.
-¿Cómo fue su vínculo con Sandro?
-Hermoso. Amaba Mar del Plata, hizo temporadas muy exitosas en el Hermitage. Gracias a un amigo, que formaba parte de su club de fans en esta ciudad, pudimos entrevistarlo.
En ese entonces, Pérez Bastida se repartía entre la conducción televisiva en Buenos Aires y su ya muy instalada carrera en los medios de “La Feliz”.

“A Sandro no se lo podía llamar, era él el que se comunicaba con los medios. Una tarde, mientras hacía mi programa en LU6 Radio Atlántica, se comunicó para salir al aire. La productora no lo podía creer, pero se vio en la obligación de aclararle que, antes de la charla, debía salir un micro que llevaba un auspicio publicitario".
-¿Aguardó?
-Todo un caballero, le dijo: ‘No tengo apuro, espero’. Esa es la humildad de los grandes”.
-¿En qué circunstancias se dio la charla entre ustedes?
-Fue en 2006; ya él tenía algunos problemas de salud. Mi amigo del club de fans me dijo: “El 20 de julio, Día del Amigo, vas a tener una sorpresa”. Sandro llamó unos días antes. Fue una entrevista de quince minutos, muy linda. Hablamos mucho sobre Mar del Plata y las películas que rodó acá.
Un 19 de agosto, con motivo del cumpleaños del astro, Pérez Bastida quiso retribuir el gesto de aquel llamado y visitó a Sandro en su mansión infranqueable de la localidad de Banfield. “Le dije: Vengo a agradecerte la gentileza de haber llamado a la radio’”.
Recuerdo que me preguntó por Florencio Aldrey Iglesias y me dijo: ‘Para mí el Hermitage es como para Frank Sinatra el Caesar’s Palace´”.
Pérez Bastida recuerda nombres y más nombres. Todos han pasado por sus programas. Alguna vez, en una entrevista, Palito Ortega les dijo Chico Novarro y Raúl Lavié: “No podemos mentir, Pérez Bastida sabe más de nuestras vidas que nosotros mismos”.
En ese archivo ad hoc de casetes con entrevistas realizadas en sus ciclos radiales, recuerda también la charla con Libertad Lamarque, “fue en su piso de Avenida del Libertador, un encanto de persona”.
-¿Cómo ve hoy a los medios?
-La televisión sigue siendo un entretenimiento que atrapa. La vuelta de Mario Pergolini fue muy buena, me encanta lo que hace, matiza la nota seria con el toque de humor que le da “Soy Rada” Aristarán. También me gusta la radio que pasa buena música o las entrevistas de Lalo Mir en el programa Encuentro en el estudio.
-¿A favor o en contra de las cámaras encendidas en los estudios de radio?
-La radio es imaginación, pero uno no se puede resistir a la tecnología. Hubo un precursor en eso que fue Juan Alberto Badía con Imagen de radio, otro maestro de los medios.

-¿Podría vivir sin hacer radio?
-No, es mi pasión, mi vida. En septiembre, LU6 cumplirá sus primeros cien años de vida, con lo cual es una gran emoción formar parte de la programación de esta señal líder.
-¿Qué es la radio para usted?
-Es como estar en el living de casa, con amigos, es una integración hermosa donde no sólo se expresa el conductor, sino también los oyentes. La radio es comunicación.
-¿Piensa en el retiro profesional?
-Para nada, mientras me acompañe la voz, seguiré trabajando con la misma entrega de tantos años. Me cuido mucho y disfruto esta vida hermosa que me da Mar del Plata.
Para agendar
Domingos con Bastida. Domingos de 8 a 12 por LU6 Radio Atlántica.
Agradecemos al Torreón del Monje (Paseo Jesús de Galindez S/N, Mar del Plata).
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