Rocío Marengo: cómo fue el parto de Isidro, las tres semanas en neo y los miedos que enfrenta por primera vez
La actriz fue mamá después de mucho buscarlo; el bebé nació a los ocho meses de gestación y estuvo tres semanas en neonatología
8 minutos de lectura'

Rocío Marengo contó muchas veces que su gran sueño siempre fue ser mamá. Durante cinco años hizo varios tratamientos de fertilización hasta que, por fin, el pasado 3 de diciembre, a sus 45 años, nació Isidro. El parto se adelantó un mes y el bebé debió quedarse en neonatología hasta que recibió el alta nada menos que el día de Navidad. Rocío pudo volver a su casa con su bebé y con su marido, Eduardo Fort para empezar una nueva vida familiar. De todo esto habla en una entrevista con LA NACION y también detalla cómo fue el parto, cómo es la rutina actual y los miedos que tiene.
-¿Cómo está Isidro hoy?
-¡Hermoso! Está muy bien. Estamos conociéndonos día a día, aprendiendo. Porque cambia mucho todo el tiempo. Cuando lo trajimos de la clínica quería dormir solamente en mi panza y en mi pecho, y ahora duerme en un nidito. Y duerme más también, aunque cada tres horas le doy la teta. Se prendió bárbaro. Tuvo que estar tres semanas en neonatología porque tenía que aprender a respirar, succionar y tragar. Fueron las semanas que le faltaron dentro de la panza. Estuvo mejor en neo que en mi panza en el último mes, porque yo tenía desprendimiento de placenta y coágulos. Terminé muy anémica, con mucha falta de hierro y fue por la cantidad de pérdida de sangre que tuve durante los dos meses que debí hacer reposo. Lo estiramos lo más posible.

-¿A poco más de un mes, qué recordás del día del parto?
-El parto fue algo inesperado, impensado. Jamás se me cruzó por la cabeza que se me podía adelantar. Con el diario del lunes sé que hay cosas que podían pasar, pero no lo esperaba, quizá por mi forma de ser, que bloqueo lo negativo y lo malo, me hago mi propia burbuja de positivismo. Y la verdad que eso fue fundamental para este camino desde el tratamiento hasta este parto imprevisto. Me dijeron que el parto tenía que ser ya ya y yo pedía que viniera el papá. No daban los tiempos para que Edu llegara. Fui inconsciente como muchas veces en mi vida porque voy de frente y sin pensar. No estaba preparada, sinceramente. Porque te preparás para un parto natural o programado, pero no para parir un mes antes. El escenario era bastante negativo porque corría riesgos el bebé y yo también. No era el escenario ideal y terminó siendo perfecto. Nació, fue a neo y le pusieron oxígeno solo un día, para chequear si respiraba solito. Y a partir de ahí le puse pecho a la situación y le di para adelante. No sé cómo lo hice, no tengo manual, pero me puse en piloto automático. Me ponían toros en el camino y les hacía frente. Lo pasamos y hoy que ya estoy en casa con Isidro.

-Deben haber sido semanas de paciencia y aprendizaje...
-Muchísimo. Si miro para atrás me doy cuenta que aprendí un montón. Nos trataron muy bien y todo avanzó tan bien. Mejor imposible. Más perfecto imposible. Si lo volviera a vivir y pudiera elegir cómo, juro que no cambiaría ni un momento. Porque todo hace que hoy tenga a Isidro en brazos y entienda cosas que no hubiese entendido si no hubiera pasado por esto. Haber visto otras historias en neo hizo que viva mi experiencia de manera diferente. Dicen que los bebés eligen a los papás y ellos nos enseñan. Me tocó un bebé con el que atravesamos por todo eso y me hizo ser mejor persona. Siento que saca mi mejor versión. Todo lo que pasó teníamos que atravesarlo para estar hoy como estamos con Isidro. La conexión que tengo con él es espectacular. Y todos estos pasitos son parte del camino que hice, que fue de aprendizaje y de fortaleza. No soy la misma Rocío de antes del tratamiento. Me cruzo con chicas que están en la misma y les hablo de mi experiencia y siento que puedo ayudar a muchas mujeres que me escriben por redes. Las pasé todas y ahora sé que necesitaba que sucediera esto y entiendo que es el mejor escenario.
-¿Cómo viviste esas tres semanas en las que tu hijo estuvo en neo?
-Isidro nació el 3 de diciembre. Yo estaba en reposo absoluto, pero nunca me imaginé que se iba a complicar. Tenía un hematoma, coágulos, pérdidas y me dieron una medicación con la que controlé todo hasta que en un momento dejó de hacer efecto y ahí me dijeron que había que ir a quirófano. Pasó todo lo que conté hasta que nos dieron el alta el 24 de diciembre. Hice todo lo posible para estirar mi internación, para estar al lado de mi hijo, porque no me quería ir de la clínica sin mi bebé. Si me tenía que hacer la muerta, no tenía problema (risas). Al final me dieron el alta, porque estaba bien. Fue duro salir de la clínica sin bebito y llegar a mi casa sin mi hijo y sin panza. Me miré al espejo y fue fuerte. No paraba de llorar con una angustia tremenda. A las dos horas me volví a neo. Lo recuerdo y quiero llorar otra vez.

Rocío hace una pausa y se quiebra, recuerda lo que vivió ese día aún cercano. “En la clínica me di cuenta de que tenía que cambiar el chip. Y a partir de ese día fui todos los días a la clínica a primera hora y me quedaba todo lo posible, casi hasta la medianoche. Me costaba dejarlo. Los médicos y enfermeras me dieron mucha seguridad y al final me iba a descansar porque todo es una cadena y si no descansás no te baja la leche, por ejemplo. Te obligan a ponerte de pie y darle para adelante.
–Hasta Navidad, cuando les dieron el alta...
–Nos dieron el alta en Navidad y llegamos los tres a casa, con un calor tremendo… Nos acostamos en la cama, agotados. Fue hermoso, porque nos conectamos muy bien y fue una sensación de felicidad que no puedo describir. Por fin pudimos respirar profundo, porque estaba viviendo con lo justo. A partir de ahí es todo hermoso. Lo miro y no puedo creerlo, me emociono tanto. Y por primera vez en mi vida tengo miedos. Fue muy duro, sinceramente. No había hablado hasta ahora, y recordarlo me parece muy fuerte.
-¿Qué dice el papá?
-El papá está fascinado. Además, dicen que es igual a él y se cree mil (risas). Pero tengo mi as bajo la manga porque en neo las enfermeras me dijeron que es igual a mí. Así que dejo que hablen y esperemos un poco más. Yo tengo esa información (risas). Fuera de broma, lo veo y toco el cielo con las manos. Me da orgullo que sea igual al papá y que Edu esté tan contento. Para toda la familia es una felicidad. Tiene mucha diferencia de edad con sus hermanos, con mis sobrinos y todos aman al benjamín de la familia.
-¿Pensás volver a trabajar pronto?
-Por ahora nada de trabajo. Estoy dedicada a Isidro, a darle la teta cada tres horas, a descansar. Tuve propuestas, pero por ahora no… Me gusta viajar y lo acompaño mucho a Edu por su trabajo, cosa que no pude hacer en los últimos meses porque estaba en reposo. Queremos hacer un viajecito los tres apenas se pueda y disfrutar de esta etapa hermosa. Cada día es diferente y el bebé aprende algo más. Yo me ocupo, lo cambio, lo baño. Todo me motiva a hacerlo mejor. Estamos muy embobados mirándolo.
-Por fin cumpliste tu gran sueño...
-Quería ser mamá, tenía un sentimiento muy grande desde siempre que postergué por trabajo. Pero mi sueño era ser mamá y no me imaginaba que me iba a generar esto que siento. Isidro es una unión y una alegría para toda la familia. Por ahora no pienso más que estar con él, cuidarlo y superar estos miedos que siento por primera vez. Porque nunca fui miedosa de nada, era muy de darle para adelante con lo que sea. Y hoy tengo miedos que no tenía. Pienso en mi hijo y quiero lo mejor para él.
1La sorpresa hot que descolocó a Gimena Accardi en su primer verano de soltera
- 2
Rocío Marengo: cómo fue el parto de Isidro, las tres semanas en neo y los miedos que enfrenta por primera vez
3Mel Gibson: un divorcio de 420 millones de dólares, una denuncia por violencia doméstica y el amor que se evaporó
- 4
Punta del Este, en fotos: Pampita Ardohain y Juana Viale, protagonistas de un evento de moda en La Barra





