Valentina Zenere: del duelo personal que la ayudó a construir un personaje a cómo es trabajar con su pareja, Sebastián Ortega
La exchica Disney atraviesa un presente de transformación artística. Su giro hacia roles más oscuros, el dolor que marcó un momento de su vida y por qué no será parte del regreso de Soy Luna
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Su recorrido empezó casi como un juego bajo el ala de Cris Morena, ese semillero inagotable de talentos que marcó a varias generaciones. De aquellos primeros pasos en la televisión local a su salto internacional con Soy Luna —donde se convirtió en una villana inolvidable— y su consolidación en el mercado europeo con Élite, su carrera fue creciendo a la par de su propia vida; atravesada por cambios, desafíos y una exposición constante que la obligó a madurar antes de tiempo.
Sin embargo, parece haber quedado muy poco de aquella impronta luminosa y naíf que esta actriz portó durante años. Hoy, a sus 29, Valentina Zenere atraviesa uno de los momentos más desafiantes y transformadores de su carrera. “A mí me gusta lo dark. Después de Disney, dije: ‘Nunca más’ y ¡cumplí! [risas]. Me encanta este tipo de personajes. Me requieren un desafío hermoso y me la paso muy bien haciéndolos”, le confiesa a LA NACION, quien desde hace un tiempo decidió correrse de lo previsible para explorar zonas más oscuras, intensas y emocionalmente complejas, como lo demuestran sus trabajos en Nahir y En el barro.
Ese camino encuentra hoy un nuevo capítulo en Amor Animal, la ficción de Amazon Prime que protagoniza junto a Franco Masini, Tatu Glikman y Santiago Achaga bajo las órdenes de Sebastián Ortega, su pareja. Fan número uno del proyecto, la actriz no solo destaca la potencia de la historia sino también el clima humano que se generó en el set, donde la amistad y la entrega actoral se volvieron pilares fundamentales. “Yo estoy muy fanatizada con Amor Animal como si no la hubiese hecho. Vi la serie, no te exagero, cuatro veces. Medio que ya me sé la escena que viene después; estoy al borde de saberme los diálogos”, cuenta, entre risas, sobre esta ficción que explora los conflictos que enfrentan los jóvenes en sus veintes y treintas, profundizando en temas como la ambición, la incertidumbre sobre el futuro, las adicciones y las diversas formas de vivir la sexualidad.
—¿Qué te pasó cuando leíste el guion de Amor Animal?
—Como espectadora, soy muy fan de las series con elencos jóvenes. Me atrapan, me gusta ver los grupos de amigos. La amistad es algo que a mí, Valentina, me conmueve muchísimo y la verdad es que cuando entré al set por primera vez, dije: “Che, esto tiene algo especial”. Y van pasando los días y lo confirmo cada vez más.
—Se nota que hay buena química entre todo el elenco...
—¡Re! A todos nos gusta mucho lo que hacemos, ponemos nuestra alma y corazón, nos ayudamos. El nivel de entrega de cada uno es espectacular. Siento que todos nos animamos y en ningún momento dudamos en meternos a fondo. Realmente nos hicimos muy amigos. Tatu ahora es mi hermana, de mis mejores amigas. La conocí gracias a En el barro y creo que nuestra amistad se intensificó tanto porque vivimos dos proyectos en conjunto a la vez. Uno tiene amigos de toda la vida que entienden el mundo de uno y acompañan desde su lugar, pero no es lo mismo vivirlo con alguien que está literalmente ahí con vos.
—Contame sobre Justina, un personaje muy jugado...
—¡A Justina la amé! Yo la empecé a preparar cuando estaba en París en el Fashion Week, que tiene que ver un poco con el mundo de ella que va a desfilar a Europa. De hecho, mis primeras anotaciones, cuando empecé a estudiar el personaje, fueron en un anotador de hotel. Cada vez que empiezo un proyecto, voy a una librería y me compro un cuaderno para ese personaje que estoy por hacer, entonces las primeras hojas están pegadas con todas estas anotaciones que había hecho mientras estuve de viaje. Siento que sin querer el contexto acompañó en su composición.

—Es un personaje con varios matices, ¿con cuál pudiste identificarte?
—Uno le pone siempre algo propio porque, si bien no te pasa lo mismo que a tu personaje, sí hay una emoción donde vos podés encontrar la similitud. Ella está atravesando un duelo y, si bien fue distinto, yo también había atravesado un duelo hacía muy poco (en referencia al femicidio de su tía, Natalia Andrade, en México) entonces pude conectarme muy rápido con ella y con esa sensación. También en cómo se refugia ella en sus amigos, en lo importante que son para ella. En mi caso, mis amigos son todo. Yo soy capaz de todo por un amigo. Y después empaticé con la culpa que trae ella. Yo soy una persona bastante culposa.
—¿Qué cosas te dan culpa?
—¡Todo! Pero tonterías. Por ahí cambio un horario y me da cosa. Creo que es lo peor y es con lo que intento lidiar a diario. También sé lo que es que alguien te vea ese talón de Aquiles y te manipule desde ahí. Yo, antes de esta serie, venía de eso, entonces me fue como muy fácil entender a Justina. Claramente toma decisiones que yo nunca tomaría, pero entiendo desde dónde lo hace.

—En el último tiempo, venís haciendo personajes con mayor complejidad como fue el caso de En el barro o Nahir... ¿Qué es lo que te moviliza a la hora de aceptar un proyecto?
—Creo que el haber estado mucho tiempo en Disney, donde hay una manera de contar historias que son hermosas y estoy súper agradecida, hizo que me diera ganas de explorar otras cosas a medida que iba creciendo como actriz y persona. Uno se va haciendo mejor actor con los años porque va ganando más experiencia de vida también, entonces yo tenía la necesidad de poder interpretar y recorrer otras cosas. Por eso cuando terminé Soy Luna, me metí de lleno en esta búsqueda. Me encanta meterme en la cabeza de los personajes que interpreto y entender por qué toman las decisiones que toman, que, muchas veces, son muy contrarias a las que tomaría yo, y eso es lo que me apasiona.

—¿Te cuesta salir de esos personajes con tanta carga emocional?
—Claramente uno a veces se lleva cositas del set. Me pasó con un personaje específico de engancharme un poco con todo el “biri biri” y su mundo hasta que con terapia pude entender que eso no era mío sino de esa persona que interpreté durante tanto tiempo. Me acuerdo de que con mi psicóloga hice un ejercicio de escribirle una carta al personaje, donde le dije: “Che, esto es tuyo y no es mío”. Fue como un empaste no tan positivo, pero creo que de todo se aprende. Creo que un buen actor tiene la cualidad de poder entrar y salir rápido de esos lugares.
“Soy muy ambiciosa”
—¿Cómo manejaste el tema de la fama y la exposición habiendo arrancado tan chica en el medio?
—Yo voy como medio anestesiada por la vida [risas], pero mis amigas son las del colegio. Mi mamá y mi papá están muy presentes en mi vida y en mi carrera, mi hermana también. Me parece que uno siempre vuelve a tocar raíces con estos vínculos. Creo que nunca se me fue la cabeza y en el momento en que por ahí pasó (que era más chica), siempre llegó alguien con la palabra justa. Soy muy consciente de lo que siento, de por qué lo siento, y me trabajo bastante. Obviamente que la exposición va incrementando con los años y hay cosas que por ahí se están dando ahora que antes no se daban, pero es parte de todo esto. Soy consciente de que esto es lo que yo elegí y quiero hacer entonces tanto para mis personajes como para mi vida personal, intento ser la mejor versión todo el tiempo. Soy muy ambiciosa, tengo ganas de muchas cosas. Soy muy capricornio, siempre estoy con el foco puesto en lo próximo y en cómo hacerlo, entonces gracias a Dios me pierdo inconscientemente del ruido de la fama.
—¿Te analizás?
—Sí, tengo un gran equipo de profesionales atrás mío, desde coach, sanación, tarotista, terapeuta, nutricionista, entrenador, tengo mi grupo que me apoya y yo me apoyo mucho en ellos en las cosas que me van pasando en la diaria. Y también en la familia y los amigos, fundamental.
—La serie habla de que “todos estamos un poco rotos”. ¿En qué sentís que te toca esta frase a vos?
—Yo creo que todos tenemos cositas, que no hay techo para aprender porque siempre hay que estar cuestionándose y mejorando para entenderse a uno mismo. Mi hermana es psicóloga y muchas veces la llamo por teléfono y me dice: “Ya está, Valentina. No todo tiene explicación” y yo quiero entender [risas].
“Admiro mucho su mente”
-¿Cómo fue volver a trabajar con Sebastián Ortega?
-Súper bien. Nosotros nos conocimos trabajando. Lo que nos pasó, nos pasó porque trabajamos juntos, entonces estuvo bien conocernos de esa manera porque después fue como seguir ese formato sumando el amor.

-¿Cómo hacen para no llevar los problemas del set a casa?
-Somos súper prolijos los dos. Obviamente, hablamos de trabajo en casa porque es parte de nuestra vida, pero el camino con el que empezamos es el camino con el que seguimos hasta el día de hoy.
-¿Qué es lo que más admirás de él como productor?
-Admiro mucho su mente, su cabeza. La manera de crear, lo minucioso que es, el nivel de detalle en el que está. Es bárbaro, qué te voy a decir [risas].
-¿Y cómo hombre?
-Epa, ¡qué personal se puso esto! [risas]. Como hombre es bárbaro también. Es un gran gran compañero.
-En breve se estrena una nueva temporada de Soy Luna, ¿por qué decidiste no estar?
-Sentí que era una etapa terminada, la verdad. No fue fácil decir que no, eh. No fue algo de la noche a la mañana. De hecho, me escribió Darío Coronel y me dijo: “Che, yo sé que me vas a decir que no pero...” y yo le dije: “Pará, no sé si te voy a decir que no”. Y después por cómo se fueron dando las conversaciones, reconfirmé que era una etapa que estaba terminada.
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