La ex modelo se despide de un verano intenso con su familia en Uruguay
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Son las nueve y media de la mañana en Finca Valeria y todos sus habitantes ya empezaron el día. Mientras Valeria Mazza, la gran anfitriona, se prepara para el reportaje con ¡Hola!, su marido, Alejandro Gravier, y su tercer hijo, Benicio, de 9 años, juegan al ping-pong, y la pequeña Taína, de 5, colorea un cuaderno sobre una enorme mesa de roble ubicada en la galería. El "funcionamiento" es el de una familia común y corriente, con la excepción de que Valeria, además de madre, es una top model, elegida como una de las mujeres más bellas de Argentina, y que encabezó durante muchos años el escalafón de las modelos latinoamericanas, hasta convertirse en la más internacional de todas. Su mirada penetrante y su seguridad logran que su belleza sea aún más extraordinaria. "Supongo –nos dice– que fui forjando esta personalidad con el tiempo; no siempre fui así. Cuando era chica, era muy tímida". Y mientras se va probando vestidos, agrega: "En cuanto a la ropa, conozco muy bien mis formas y sé lo que me va a quedar mejor. En el trabajo logré crear un fuerte vínculo con la cámara para explotarme al máximo. Eso es experiencia".
Son los últimos días en Punta del Este, el balneario uruguayo que Valeria y Alejandro eligen para pasar los veranos desde hace muchos años, y ahora están aquí, en su refugio ubicado en la zona de chacras de La Barra, que tienen desde 2007. Pero, según la modelo, "nunca es un verano más. Cada diciembre y enero que pasamos aquí tienen algo especial. Siempre es distinto, principalmente porque mis cuatro hijos crecen y cambian. Este año empezó como un verano muy familiar, rodeado de chicos, porque Balthazar (14) vino con todos sus amigos. Después llegamos nosotros con Tiziano (11), Benicio y Taína, que también estuvieron con algunos compañeros del colegio. Antes de Navidad éramos treinta en la casa. Tanto a mí como a Ale, mi marido, nos gusta mucho compartir lo que tenemos con la gente que queremos", asegura.

–A fines de la temporada, Finca Valeria se encuentra más en calma.
–Sí. Este es el cuarto año que Balthazar, a principios de enero, se va a esquiar a Francia, Suiza e Italia, donde tiene un entrenamiento exigente para competir en el World Kids Cup. Y es la primera vez que Tiziano sigue sus pasos. Por un lado, siento la alegría del desafío que emprende cada uno, pero también me da un poco de tristeza porque los extraño. Igual yo los empujo para verlos volar. Y también está bueno poder compartir con los dos más chicos. Para Benicio es la primera vez que se queda como hermano mayor. Son todas experiencias nuevas que vamos atravesando con felicidad. Fue un verano maravilloso.
El corazón de Finca Valeria es una construcción de piedra, vidrio y madera, rodeada por un espectacular paisaje con viñedos, un lago con patos y pastos salvajes mecidos por la brisa del mar. Valeria, que está en la plenitud de la vida y más bella y radiante que nunca, se desvive al hablar de esta fabulosa estancia: "Este es nuestro paraíso. Aquí las vacaciones son perfectas, mágicas, parecen eternas". El verano está a punto de finalizar, y la top, su marido y los dos hijos pequeños se reunirán con Balthazar y Tiziano, los dos mayores, que van camino a convertirse en dos auténticas figuras de los deportes alpinos.

–Viajar a Saint-Moritz para estas fechas ya es parte de tu rutina.
–Todos los veranos dividimos las vacaciones entre playa y montaña. Es algo que nunca imaginamos, y sucedió porque los chicos mayores se fueron enamorando cada vez más del esquí. Entonces, empezaron a competir y a tener cada vez más ganas de estar en la nieve. Como modo de vida, es bueno que ellos corten su verano y se vayan a entrenar. Para nosotros, el deporte es una forma de educarlos y tener disciplina. Ahora se levantan todos los días a las siete menos cuarto de la mañana y se van a entrenar hasta después del mediodía. A la tarde salen a correr o van al gimnasio. Tienen una rutina muy exigente que disfrutan y eligen. Me encanta que vivan el deporte con responsabilidad y, a la vez, con entusiasmo y alegría.
–Y en Punta el Este, ¿cuáles son los rituales de convivencia?
–Estamos todo el tiempo juntos. Generalmente, a la mañana vamos a las playas de La Barra, donde los más grandes practican surf. Volvemos para almorzar en mesas enormes, repletas de gente. Y después volvemos a la playa, al parador de Selenza, en Manantiales, o nos quedamos aquí, en la propiedad, que es como Disney: imposible aburrirse. Hay ping-pong, cancha de fútbol, pileta, billar y un lago artificial para practicar kayak.

–¿Cómo vive Taína, la princesa de la casa, en un mundo de hombres?
–Es la situación que le tocó. Es la cuarta, es mujer… Generalmente, las mujeres somos un poco más despiertas, y ella, sin lugar a dudas, lo es. Me divierte cuando mis hijos interactúan entre ellos; me encanta verlos crecer y descubrir cómo cada uno va encontrando su lugar.
–¿Cómo podrías describirte en tu papel de mamá?
–Ale y yo decidimos ser padres presentes, y por eso seguimos muy de cerca su crianza. Siempre me encantó tenerlos a mi lado, y para que eso sucediera, yo tenía que viajar con ellos para que vivieran con naturalidad rodeados de adultos. Siempre supe que para eso tenían que ser educados, y así aprendieron a divertirse sin renunciar al respeto ni a la solidaridad.
–En junio del año pasado, Alejandro y vos tuvieron un encuentro con el papa Francisco y hace pocos días volvieron a estar con él en familia. ¿Cómo definirías ambos encuentros?
–Como algo sumamente emocionante. Ya dije que para Benicio, que este año tomará la comunión, fue algo mágico. El año pasado, a su maestra de catequesis se le ocurrió que los chicos le escribieran cartas a Francisco, y nosotros se las llevamos. Cuando volvimos, les conté que el Papa estaba agradecido y que les pedía que rezaran por él. Y eso mismo les dije en esta última visita cuando tuvieron la suerte de conocerlo.
–¿Siempre fuiste tan creyente?
–Sí. Fui educada en una familia católica e iba todos los domingos a misa con mis padres. Cuando me fui de casa, perdí esa "costumbre", pero cuando me convertí en madre, tuve la necesidad de acercarme y sentir que hay alguien más en el mundo que cuida a mis hijos.

–El año pasado, otra argentina dio que hablar en el mundo: Máxima como reina de Holanda. ¿Qué opinión te merece?
–Nuestro primer encuentro fue hace muchos años. Yo estaba con mi marido en Bariloche y paramos a almorzar en un restaurante donde también estaba ella. Alejandro la conocía, así que nos acercamos. Nos presentó a su novio y charlamos un rato. Después nos enteramos de que su pareja era el príncipe Guillermo de Holanda. [Se ríe]. Me encanta como mujer. Es un orgullo que sea argentina y creo que está sumamente preparada para su misión como Reina. Es inteligente y ha podido desempeñar su papel como nadie. Creo que su desafío más grande es educar a quien será la próxima reina de Holanda, su hija Amalia.
–El 17 de febrero cumpliste 42. ¿Cómo lo celebraste?
–Desde hace años lo vengo festejando en Saint-Moritz, y este año no fue la excepción. Por lo general, el día de mi cumpleaños, lo único que pido es estar con mis hijos y mi marido; mientras esté con ellos, está todo bien. Es un momento para disfrutar con los míos, y así lo vengo haciendo desde siempre.

–¿Alguna vez extrañás el anonimato?
–Para mí, la fama nunca fue un peso. Aprendí a convivir con la mirada ajena, porque cuando entro a un lugar, aunque no sepan quién soy, me miran porque soy alta y rubia. A los 13 años ya medía lo mismo que ahora y sufría porque los demás me veían de una manera que yo no sentía, porque era una niña, no una mujer. Me acuerdo de haberlo atravesado como algo no grato, pero después fui aprendiendo y jugando con mi feminidad.
–¿Alejandro y vos festejan su aniversario?
–Sí y lo hacemos a lo grande, aunque también buscamos momentos para estar solos a diario. Yo soy la acuariana soñadora de la pareja, y él, un Leo con mucha fuerza, aunque en su interior es un romántico.
A Ale, por ejemplo, le encanta tener la casa impecable, y jamás vamos a discutir por la ubicación de un mueble, porque a mí me da exactamente lo mismo.
–¿Cuál es la palabra que te definiría en este momento de tu vida?
–Estoy muy segura de lo que soy, y eso me da mucha tranquilidad. Entonces, tengo la posibilidad de disfrutar mucho más. Creo que mi máximo deseo es que la gente que me rodea lo pase bien. Tengo mucha energía, y más cuando tiene que ver con mi trabajo. Pero, sin duda, lo que más disfruto es estar en mi casa con mis hijos, mirando una película o leyendo un libro. Eso significa todo para mí.
Texto: Paula Galloni
Fotos: María Teresa de Jesús Alvarez y Tadeo Jones
Producción: Victoria Miranda
Maquillaje: Poly Martínez, con productos PolyMake Up
Peinado: Elvio Casciano, para Elite Studio
Agradecimientos: Paula Cahen d’Anvers, Rapsodia,Ménage à Trois, El Camarín, Santesteban, Antolina, La Dolfina, Etiqueta Negra, Kalallith, Holi y Stu
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