Compañeras de ruta y de trabajo, (compartieron escenario en La sangre de los árboles), la actriz uruguaya cuenta cómo logró convertirse en la incondicional de la nieta de Mirtha Legrand
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Acada respuesta, Victoria Césperes (36) sonríe casi como acto reflejo. Y justamente es su sonrisa uno de sus principales atractivos. Incluso, durante la charla con ¡Hola! Argentina, la actriz uruguaya se animará a tocar temas sensibles pero jamás perderá la frescura inicial.
Hace un mes abandonó Santiago de Chile, su lugar de residencia, para desembarcar directamente en la calle Corrientes para cumplir un sueño: protagonizar La sangre de los árboles en el prestigioso Centro Cultural San Martín. Tanto arriba como abajo del escenario, la acompañó su incondicional amiga Juana Viale (33), con quien, además de encarar este proyecto desde cero y "a pulmón", mantiene un vínculo de hermandad.
–¿Cómo se conocieron?
–A través de una amiga en común. Fue de las primeras personas que conocí cuando me instalé en Buenos Aires, en 2011. Primero nos hicimos amigas, pero cuando me fui a vivir a Chile, un año después, forjamos una hermandad. Construimos una relación muy intensa que se dio por estar las dos solas allá. Yo no tenía amigos y ella tampoco había creado muchos vínculos.

–¿Por qué decidieron trabajar juntas?
–Dos años antes, habíamos ido a un seminario de actuación en Santiago y después de una jornada muy intensa, dijimos: "Tenemos que hacer algo juntas". Las ganas fueron muy rápidas, pero el proceso llevó un año y medio.
–¿Cómo dieron con el texto de La sangre de los árboles?
–Estábamos buscando algo que nos moviera, pero resultaba difícil encontrar un texto para dos mujeres que no fuese un clásico. Nos recomendaron a Luis Barrales y enseguida coincidimos. En septiembre pasado empezamos con ensayos esporádicos. Recién en enero, Luis inició la escritura de la obra. Terminó de modificarla días antes del estreno. El trabaja así, es poco convencional.
–¿Qué tal te resultó trabajar con una amiga?
–Fue otro desafío. Nosotras no solo actuamos, también producimos la obra. Ahora valoro mucho más ese trabajo, es muy arduo. Con Juana nos complementamos, somos realmente hermanas, lo siento así. Aunque yo soy tranquila, más uruguaya (risas), tengo otros tiempos. Juana tiene una energía que desborda: hace millones de cosas, tiene tres trabajos, siempre tiene la mejor onda… ¡y además tres hijos! La amistad se dio como una familia: con mi novio se lleva genial y yo me siento como una tía de sus hijos. Ahora cuando no la vea la voy a extrañar un montón, ella ya decidió que se queda a vivir en Argentina, al menos este año.
–Entonces, te volvés a Chile…
–Ahí vivo, pero cuando tengo trabajo, vengo. Ahora tengo que terminar con mi papel en la miniserie Estocolmo y, como ya finalizaron las funciones en el San Martín, nos vamos a Uruguay con la obra, del 19 al 23 de agosto, en la Sala Verdi. Después volvemos porque queremos encarar una gira por el interior del país. Básicamente, mi idea es ir y volver.
–Sos uruguaya, vivís en Chile pero trabajás en Argentina… ¿Qué te llevó a tener una vida tan nómada?
–[Risas]. La vida… En 2011 dejé Uruguay para instalarme en Buenos Aires. Lo hice después de haberme separado de mi marido. [N. de la R.: el músico charrúa Diego Martino]. Estuvimos juntos durante catorce años, siete casados. Y si bien la separación no fue trágica, nos distanciamos por el desgaste y los diferentes intereses. Fue un cimbronazo. Eso hizo que me viniera para acá, adonde llegué con trabajo, hice tres temporadas de la serie Mentira la verdad, por Canal Encuentro. Cambié de vida para sanar.
–Pero siempre te dedicaste a la actuación…
–Sí, empecé a estudiar desde chica en la Escuela Municipal de Arte Dramático (EMAD). En cuanto me recibí, hice teatro. Después, seguí con televisión en Montevideo, tanto ficción como conducción y hasta conduje programas de chicos. Al tiempo se sumó la experiencia en cine.
–¿Por qué te mudaste a Chile?
–Hace dos años conocí en Buenos Aires a Raimundo, mi actual novio, que es chileno. Nos enamoramos, así que enseguida me fui a vivir con él a Santiago. No tenía nada que perder y fue entonces cuando terminé de reconstruir mi nueva vida.
–¿Siempre fuiste arriesgada?
–Creo que siempre fui inquieta, pero cuando me mudé a Argentina empecé a vivir el riesgo. Ahí supe que no les tengo miedo a los cambios. Antes era una mujer muy estructurada: tenía mi casa, mi marido, mi trabajo… Y pude rearmarme.
–¿Pensás en volver a casarte? ¿Te gustaría tener hijos?
–¡Sí! Con el amor tengo una excelente relación. Quisiera convertirme en madre y no descarto volver a casarme. Viví muchos años de felicidad con mi ex marido, ¡y ahora también! Mi novio es un santo, siempre me apoyó en mis proyectos, y eso que no tiene nada que ver con el medio, es gerente en una empresa. Así y todo, tenemos vidas parecidas: él también es divorciado y no tiene hijos. Soñamos con formar juntos una familia.
Texto: Paula Galloni
Fotos: Matías Salgado
Agradecimientos: Croque Madame Museo Larreta y Naíma
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