"Soy una mujer sin títulos", dijo en una entrevista exclusiva con ¡Hola!
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Tenía 15 años cuando pisó por primera vez la agencia de modelos de Pancho Dotto. En ese entonces, su colega y compañera Carolina "Pampita" Ardohain se coronaba como la top model del momento, y la menor de las hermanas Nara soñaba con seguir sus pasos. Con la mirada puesta en alcanzar su objetivo, Zaira, que estaba en plena adolescencia, sacrificaba sus clases de Educación Física en el colegio para presentarse cada semana en cuanto casting había. Y, como todo esfuerzo tiene su recompensa, poco tiempo después llegó el éxito. Desfiló en todo tipo de pasarelas, participó en un sinfín de campañas y viajó por todo el mundo hasta que llegó la oportunidad de conducir. Hoy, la modelo festeja diez años en la moda y confiesa: "No me imaginaba que a los 25 iba a celebrar tantos años en el modelaje. De hecho, pensaba que iba a estar casada y con hijos..., pero nada que ver, estoy trabajando más que nunca y lejísimos de formar una familia".
–¿Fue un camino difícil?
–No fue sencillo, porque si bien mi boom fue a los 19 años, cuando comencé a trabajar con Julián Weich en Telefe, empecé a los 15 haciendo gráficas, campañas y publicidades. Era una adolescente y me acuerdo de que le ponía mucha dedicación, porque quería aprender: salía del colegio, que era doble jornada, y me iba a hacer castings. Por ahí llegaba y eran doscientas chicas increíblemente lindas y yo pensaba: "¿Para qué vine?". A pesar de que era muy tímida, las marcas me elegían. Creo que atraía mi otro yo, ese que se lucía cuando prendían una cámara y sentía que ya no me importaba nada más.
–A tus padres, Nora y Andrés, ¿les costó aceptar las exigencias de tu profesión siendo tan joven?
–Mi mamá tenía pánico, si era por ella no viajaba a ningún lado. Por suerte papá siempre fue más permisivo y entre los dos se ponían de acuerdo. Con mi familia somos muy unidos y nos complementamos con nuestras personalidades tan distintas. Así salimos las hijas: Wanda es superliberal, y yo, más prudente. Imaginate que recién me fui a vivir sola hace dos años. ¡Me encanta pasar tiempo con mis padres!
–Entonces sos la conservadora de la familia.
–¡Sí! Pero, al final, mi hermana hizo las cosas más prolijas. El único novio que le conocimos fue su marido: tiene 26 y ya tiene tres hijos. [Se ríe]. Ella es la que más me presiona para que me case, pero no está en mis planes. Estoy viviendo uno de los mejores momentos de mi vida, no tengo ganas de formar una familia por ahora porque soy chica. De todos modos, soy la más conservadora de las Nara.
–¿Qué es lo que más le elogiás a Wanda?
–De ella me gusta todo. Somos muy distintas, pero creo que todo lo que elige está bárbaro. A mí me gustaría llevarme el mundo por delante como lo hace ella. Tiene una facilidad para tomar decisiones y seguir adelante que es envidiable. Yo soy más de evaluar, meditar y después tomar la decisión. En cambio, ella se arriesga y vive tranquila aun habiéndose equivocado. No es que reniego de cómo soy, para nada, pero estaría bueno tener una gota de la desfachatez de Wanda.
–¿De dónde heredaste la faceta artística?
–Supongo que de mi mamá, Nora. Cuando era chica trabajó en Mesa de noticias, también hizo algunas cosas como modelo, pero se casó a los 21 y fue madre a los 22, entonces abandonó y se dedicó de lleno a la familia. A mí me encanta saber que ella tomó esas decisiones y la admiro profundamente, pero siento que es algo que yo no haría. El día que tenga hijos sé que van a ser mi prioridad, pero jamás abandonaría mi profesión.

–También sucede que hoy las mujeres somos más liberales, ¿no?
–Claro, nos volvimos muy independientes, ya no le tenemos que pedir permiso a nadie, cada una tiene su trabajo, su plata y sus tiempos. La única contra es que nos volvimos más exigentes. Ya no necesitamos al hombre para formar una familia, mantener una casa o lo que sea. Entonces, elegimos desde otro lugar a la persona que nos acompaña. Para mí, tiene que ser alguien con quien me muera de risa, pueda divertirme, me acompañe y se deje acompañar. Quizás en otros tiempos las únicas pretensiones eran casarse con un buen hombre, con trabajo y de buena familia. A mí no me importa si mi pareja tiene un gran trabajo, viene de una familia aristocrática o algo parecido. Lo más importante es que me sienta increíble a su lado, porque yo siempre voy a tratar de llevar el "pan" a mi casa, no voy a pedir que nadie me mantenga.
–¿Y el que ocupa ese lugar hoy es "Pico" Mónaco?
–¿La verdad? No tengo tantas ganas de contar, pero estoy muy bien. A todas las personas con las que estuve las quise mucho y no quiero decir nada de más porque después se interpreta cualquier cosa. Prefiero no decir si estoy de novia o saliendo con alguien. Digamos que soy una mujer sin títulos. De esta forma, no entro en la vorágine de los que siempre esperan algo más.
–¿No creés que es una consecuencia de la fama?
–Puede ser, pero a veces permitir que los medios se metan en tu vida privada es un arma de doble filo.
–¿La decisión de mantener tu vida sentimental más reservada la tomaste después de tu mediática separación de Diego Forlán?
–Siempre fui reservada, desde que tuve mi primer novio. Si estoy más silenciosa es porque siento que después de mis relaciones, tanto con Diego como con "Pico", se creó la idea de que a mí me encanta exponerme, ¡y nada que ver! No me gusta.
–Pero estás siempre expuesta. ¿Cómo sobrevivís a las críticas?
–Trato de hacer oídos sordos. Antes me importaba mucho lo que decían, pero aprendí a superarlo, porque como mujer tenemos nuestros propios prejuicios y si encima a eso se le suma lo que la gente opina, es terrible. Me guío un poco más por mi círculo íntimo. Trato de que mi vida sea lo más normal posible, en todo sentido: voy al supermercado, no me maquillo las veinticuatro horas y, si tengo que salir apurada, me pongo cualquier cosa. En el único aspecto que siento que no puedo llevar una vida normal es en el amoroso. No me divierte tanto que me vean y que enseguida me juzguen o hablen de mis relaciones, incluso me asusta un poco. Y como siento que no lo voy a poder cambiar, elijo el silencio.
Texto: Paula Galloni
Fotos: Sebastián Arpesella
Producción: Victoria Miranda
Maquillaje: Celeste Uria
Peinado: Kenny Palacios
Agradecimientos: L’ hotel Palermo
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