
Piazzola sigue sorprendiendo
Nonesuch editó un disco atípico del gran bandoneonista junto a Paquito D´Rivera
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Luchó contra la muerte más de dos años y abandonó la batalla, a regañadientes, el 4 de julio de 1992. Pero Astor Piazzolla se había ocupado de dejar la semilla que haría que su música le gane la guerra al olvido y esté hoy más viva que nunca.
Durante la década del 80, "la más feliz de mi vida", según el propio bandoneonista, Piazzolla vivió vertiginosamente, obsesionado por difundir su obra, recorriendo el mundo con su segundo quinteto, componiendo obras para diversas formaciones clásicas, para diversos films y grabando discos con músicos de jazz.
El autor de "Adiós Nonino" no podía ni quería detenerse:después de pelearla durante tres décadas, el mundo le estaba por fin reconociendo sus méritos -todavía esquivo en su propio país- y él no podía dejar pasar la oportunidad.
Uno de tantos signos de la frenética actividad de Astor durante esta época es el disco que el sello Nonesuch acaba de reeditar en CD con el nombre de "The rough Dancer and the Cyclical Night" ("Tango apasionado"). Grabado por Astor Piazzolla durante una semana libre que le quedó entre dos giras con su quinteto en Nueva York, en septiembre de 1987, contó con la participación de tres músicos latinos habitantes de la Gran Manzana: el notable saxofonista y clarinetista cubano Paquito D´Rivera, el pianista Pablo Zinger (¡no confundir con Ziegler!) y el contrabajista Andy González. Junto al bandoneón de Astor, la guitarra del recientemente fallecido Rodolfo Alchourrón y el "imprescindible" Fernando "Negro" Suárez Paz son los que garantizan la cuota necesaria de roña tanguera.
De hecho, Suárez Paz, que recuerda risueño que fue rebautizado en el CD como el Indio ("para ellos yo no podía ser negro, así que me cambiaron el apodo"), comenta que fue convocado de urgencia por Astor, porque no le gustó el instrumentista norteamericano que iba a participar ("Tenés que venir ya, porque el violinista es un tronco", le dijo Piazzolla con su habitual estilo directo).
Por supuesto, Suárez Paz aceptó y adelantó su viaje a Estados Unidos para sumar su violín al disco, acortando su descanso de quince días a una semana.
Para este particular sexteto que sólo hizo música en un estudio de grabación, Piazzolla escribió y arregló ocho temas, uno que tiene dos versiones ("Milonga para tres"), además de de un preludio para piano solo (Leiija´s Song") y dos breves fragmentos de bandoneón ("Preludio a la noche cíclica" uno y dos).
Según comenta Suárez Paz: "Fue una producción que se armó de raje, todos tenían poco tiempo. Piazzolla escribió muchos temas ahí mismo como hacía con la música para películas".
Combinado
De todas formas, el disco deja en claro que vértigo, ansiedad y apuro no significaban para Piazzolla falta de compromiso. El hecho de que haya obligado a Suárez Paz a que viajara para participar, aporta un dato claro de que para este tipo de experiencias típicas del mundo del jazz, el bandoneonista necesitaba un piso desde donde trabajar. Finalmente, el bandoneón, el violín y la guitarra fueron de músicos argentinos.
Como una especie de Miles Davis del tango, Piazzolla produjo un disco con sesiones en la que la urgencia y el apuro derivan en un disco "caliente", que producen una rara e interesante alquimia en aquellos momentos en que se encuentra el universo tanguero y contemporáneo de su música y el sonido jazzero de un instrumentista del nivel de Paquito D´Rivera.
Una verdadera rareza es, por ejemplo, la "Milonga picaresca", que no es una de las típicas milongas lentas de Astor (que también están presentes en el disco), sino una veloz y pendenciera danza corralera en la que el saxo soprano de D´Rivera vuela sobre la furia rítmica de piano, contrabajo y bandoneón. También funciona bien el saxo en "Butcher´s Death" y en Finale, porque Paquito "pescó" muy bien el fraseo melódico que tiene que hacer tanto al unísono con el violín y el bandoneón, como solo.
En el resto del disco, Piazzolla traza una especie de mirada sobre su propia obra. En todos los temas se cuela el espíritu camarístico de su quinteto, por el tipo de arreglos, solo que, en general, son de duración menor (los tiempos de grabación apremiaban), varios de ellos no llegan a los dos minutos. Parece que Piazzolla prefirió enunciar sus ideas y no meterse a elaborarlos sin contar con la compañía de su grupo habitual.
De hecho, la lánguida "Milonga para tres", la parte principal es de Piazzolla y Suárez Paz, acompañados por el "bajo continuo" de Zinger Andy González. Cuando arremeten con los temas más rítmicos, como "Street tango" o "Bailongo", se puede escuchar que Pablo Zinger no es Pablo Ziegler: el primero intenta remedar el estilo del segundo, pero le falta el vuelo rítmico y de acentos que, por esa época, ya Ziegler manejaba como pocos para hacer Piazzolla. Y no es que Zinger toque mal, basta escuchar cómo toca el solo en "Knife Fight". Pero está claro que cuando el disco se parece al Quinteto de Piazzolla, es mejor seguir yendo a las fuentes.
Tango apasionado
Astor Piazzolla
Prologue (Tango apasionado), Milonga For Three; Street tango, Milonga Picaresque, Knife Fight; Canción de Leonora, Preludio a la noche cíclica (parte uno), Butcher´s Death, Leijia´s Game, Milonga for Three (reprise), Bailongo, Canción de amor de Leonora, Finale, Preludio a la noche cíclica (parte dos). (Nonesuch)
La semilla sembrada por Astor
Astor Piazzolla durante los últimos años de su vida comenzó a disfrutar del interés por su obra cada vez más intenso por parte de los intérpretes clásicos y del jazz. Pero fue él mismo quien plantó ese semilla de curiosidad con la "reunión cumbre" que hizo con Gerry Mulligan y su saxo barítono en la década del setenta. A mediados de los años 80 llegó el vibrafonista Gary Burton, con el que realizó una exitosa gira europea, y a partir de ahí fueron muchos los que quisieron tocar con él, aunque varios se quedaron con las ganas (como por ejemplo Chick Corea). En cambio sí se dio el gusto Paquito D´ Rivera, que con su saxo mostró que se podía tocar Piazzolla con otro estilo diferente al de Mulligan.
En el campo de la música clásica, Piazzolla comenzó a escribir obras por encargo para diversas formaciones de cámara (cuartetos de cuerdas, guitarra sola, guitarra y flauta) y también conciertos para bandoneón y orquesta, que le permitían a Astor recorrer los principales teatros del mundo sólo con su bandoneón. Este tipo de emprendimientos fue lo último que hizo, después de disolver su último grupo, el sexteto que tenía otro bandoneón (Daniel Binelli) y chelo en vez de violín.
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