
Pioneros del sonido estéreo
La mayoría de sus rivales eran fieles a lo escrito en la partitura, dirigían utilizando la batuta y no con las manos vacías agitadas de manera dramática, y tampoco se hacían iluminar dejando la orquesta en las sombras, pero de todos los conductores de la primera mitad del siglo pasado, ninguno pensó en términos de sonido tan lúcidamente como Leopold Stokowski, no sólo imaginando modos de transformar el caudal de una agrupación sinfónica -el celebrado "Philadelphia sound" comenzó con él - sino también preocupándose por conocer cada avance en las técnicas de grabación. A principios de la década del 30, cuando el invento ni siquiera estaba patentado, Stokowski grabó el primer disco estereofónico y, aunque el sistema fue desechado por antieconómico, siguió convencido de su valor por el resto de su larguísima vida. Llegado el momento logró que se lo reconsiderara, convenciendo a Walt Disney de registrar en ocho canales la película "Fantasía", impulsó el long play clásico en estéreo y tuvo la alegría de repetir sus especialidades sinfónicas en lo que se considera la culminación del método, esa maravilla análoga comercializada como "Living Stereo".
No es casual que la firma de Stokowski, junto a las de Kurt Weill, Fritz Reiner y Aaron Copland, sea de las que aparecen en el aval del mundo sinfónico al estreno en el Carnegie Hall de la suite "Black, Brown and Beige", de Duke Ellington. Aunque casi veinte años mayor que el autor, hubo algo en común entre ellos, además de una parecida fantasía para inventarse sugestivas personalidades, la habilidad de mantenerse vigentes por encima de modas y el don de fascinar a hermosas y acaudaladas mujeres.
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Fue la certeza visionaria de que los discos eran el soporte en que la música habría de sobrevivir, unida a la capacidad para funcionar -además de artistas- como ingenieros de sonido informados de todas las innovaciones disponibles. La originalidad acústica con que supo presentar su música es lo que diferenció a Ellington desde los comienzos del jazz orquestal, producciones misteriosas y minuciosamente diseñadas en contraste con las placas descuidadas, primitivas en comparación, que firmaban Fletcher Henderson, Jimmy Lunceford y demás líderes negros de similar talento.
Por supuesto que un ansioso como Ellington estaba enterado de la estereofonía en su etapa experimental y en febrero de 1932, un mes antes de que Stokowski estrenara oficialmente el sistema registrando "Poema del fuego", de Scriabin, ya había grabado seis de sus obras en forma de minisuite utilizando dos canales independientes, aunque eso demoró más de sesenta años en saberse.
Fue una sesión atípica, tan extensa que debió ser publicada en placas del diámetro habitual en el género clásico pero sin cabida en los casilleros populares por lo que circuló de manera restringida, antes de caer en el olvido hasta 1973, cuando los franceses la desenterraron para la primera integral Ellington y vino arrastrando dos matrices desconocidas de la misma música que nadie quiso considerar como otra cosa que versiones alternativas.
Así permanecieron registradas por otra veintena de años, hasta que quedó claro que un perfeccionista como él no hubiera conservado tomas defectuosas y que se trataba en realidad de los dos canales de una grabación estereofónica que resultan asombrosos por el grado de perfeccionamiento que había alcanzado el concepto antes de ser archivado y por la intuición con que Ellington lo supo utilizar para revivir el expresionismo de obras maestras que habían comenzado a sonar un poco rutinarias.





