Pipo Pescador. "Tengo el arma más poderosa"

Un espacio experimental en busca de la entrevista soñada: el invitado se interroga y se fotografía
Laura Lunardelli
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2 de mayo de 2014  

Hoy concentrado en el tango, aunque siempre recordado por su repertorio infantil, Pipo Pescador dedica este autorretrato a interrogarse y contestarse sobre su faceta espiritual. Es budista.

-¿Cómo se hizo budista?

-Cuando se me agotaban todas las instancias espirituales y los credos tradicionales hacían agua por todas partes. Cuando me cansé de pedir sin que me escuchen y me vi paralizado frente a los cambios que se me venían. La propuesta del budismo es lógica, sostenible, sin fisuras ilusorias.

-¿Qué le gusta de su religión?

-Que puedo determinar lo que deseo para mi vida, hacer oración intensa y cambiar las cosas con mi esfuerzo personal, sin depender de algo que está fuera de mí.

-¿Usted medita?

-En realidad, entono la ley del universo, expuesta por Nichiren Daishonin: Nam-myoho-renge-kyo. A esa oración la llamamos daimoku, y me posibilita extraer el inmenso potencial iluminado que habita dentro de mí y de todos. A diferencia de la meditación, la oración permite estar inmerso en la propia realidad, sin salirse de uno. Asimismo, el objetivo de nuestra oración es el kosen-rufu, es decir, la felicidad y el bienestar de todos. Seré feliz si hago felices a otros.

-San Agustín dijo: "No busques a Dios si no dentro de ti mismo".

-A través de esa perspectiva, me parece que San Agustín se acercaba a la idea de que todos nacimos con lo necesario para ser felices y realizarnos como personas. Todos estamos llenos de bondad, fortaleza, sabiduría... Esas potencias esperan ser liberadas con la oración.

-¿No se cansa de repetir las mismas palabras cuando ora?

-No, porque lo que hago es sostener mi fe en la reiteración. El corazón sostiene la vida con sus latidos, caminamos siempre igual, comemos varias veces al día, repetimos acciones vitales y no nos cansamos por eso. Mientras repito mi daimoku vuelvo a fijar mis metas en ese momento, pienso en las cosas que quiero cambiar y en que debo perseverar para profundizar más mi felicidad.

-¿Usted es feliz cuando ora?

-Soy feliz cuando estoy orando y trato de ser feliz en cada momento de mi vida. Me cuesta; debo luchar, enfrentar las funciones negativas que me acechan, pero tengo el arma más poderosa.

-¿Le teme a la muerte?

-Como todos. Es lo desconocido, lo insondable. Pero me ocupo de aprender sobre la muerte, estudio, pienso en ella durante la oración para entender que la muerte es parte de la vida y, lo que es más, la vida que yo contengo nunca tendrá fin. Mi fe me enseña a tomar con naturalidad la muerte y quitarle ese marco macabro. Estoy seguro de que moriré feliz, de la mejor manera y oro para que eso ocurra.

-¿Qué es la felicidad para usted?

-Es una elección de cada instante: con esto que me pasa soy feliz o soy desgraciado, lo tomo como desafío y aprendo, o caigo al abismo. Todo pasa para algo y siempre lo que ocurre es lo mejor, si somos capaces de aceptarlo y agradecerlo. La vida es luz y sombra, amor y odio, éxito y fracaso? Pero siempre será dichosa si así lo determinamos. En algún lado leí esta frase: La mente es su propio espacio y en sí misma puede hacer del cielo un infierno y del infierno un paraíso.

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