
Depeche Mode
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Depeche Mode quiere rockear con devoción, pero le falta ángel
"Ya no estoy seguro de que es lo que estoy buscando" son las primeras palabras de Dave Gahan. Es una frase poco feliz para abrir uno de los discos más esperados del año, pero tiene el valor de una confesión: hace rato que la duda minó la fe de un grupo que no parece encontrar al ángel que lo iluminó de hits ( Violator, 1990) y de inspiración ( Songs of Faith and Devotion, 1993).
La primera señal del nuevo trabajo de DM no es tan sincera. "Precious", el ochentoso corte debut, insinúa un milagro para esos fans que, desde hace tiempo, esperan un regreso a las fuentes mientras se consuelan con quienes viven de los ecos de Violator (léase Camouflage, De/Vision, Wolfsheim, etc.). Para desgracia de los nostálgicos, el pasado más cercano de Playing the Angel es Exciter (2001), al punto que, musicalmente, varias de las nuevas canciones parecen secuelas: "A Pain That I’m Used To" de "The Dead of Night", "Macro" de "Comatose" y "I Want It All" de "I Am You".
La diferencia pasa por el hecho de que el trío ya no suena dentro de un laboratorio, sino que Ben Hillier, ex productor de Blur y The Doves, le dio una impronta más sucia y rockera, hasta de cierta herrumbre industrial en los arreglos. Sin embargo, los toscos punteos de guitarra de Martin Gore continúan lacerando las composiciones, sin integrarse con esos detalles de electrónica álgida que ornamentan los últimos trabajos de la banda. El resultado es un ángel oxidado y enfundado en un cuero roído que excita pero no calienta.
De todos modos, hay novedades interesantes, como la cruza entre gospel y new wave de "John the Revelator", y las primeras canciones que Gahan aporta tras 25 años en el grupo. La voz más imitada del tecno pop compone lo mejor de la placa: el potencial hit "Suffer Well", "I Want It All" y "Nothing’s Impossible", que hará delirar a quienes aún escuchan Black Celebration (1986) con fervor religioso.
"Necesito un milagro que me ayude esta vez", canta Gahan, justamente en aquel tema. Más que ruegos, DM requiere de convicción para volver a tocar el cielo y dejar de ser una banda que da buenos sermones y ninguna revelación. No hay que perder la esperanza: el mismo Gahan cree que "nada es imposible". Todo es cuestión de fe.






