
Se formó como pianista clásico, entre Wagner y Bartók. Pero un día vio a Serú Girán y se volvió loco. Es Pol Medina, un rocker introspectivo.
1 minuto de lectura'
Las abuelas dirían que tiene "dedos de pianista" y que le ven "uñas de guitarrero". Pol Medina, efectivamente, toca el piano y la guitarra, además de cantar y componer canciones de pop rock. Y si todavía su nombre no se conoce demasiado no es por falta de méritos -que los tiene, y muchos-, sino porque el muchacho pasa por períodos de introspección bastante prolongados. "A veces siento que me olvido del lenguaje, de cómo hablar, entonces necesito salir de esa especie de autismo", explica. Su forma de romper la coraza, una y otra vez, es la música. Pol bien podría ser el sujeto de la canción "Rock and Roll", de Lou Reed, ése al que escuchar rock le salvó la vida. Y el disco solista que lleva su nombre es una buena muestra.
La relación de Pol con la música comenzó por lo clásico. No, no por los Beatles y los Stones: en su casa se escuchaban obras de Wagner y Bartók. Sin embargo, cuando encontró un piano, en lugar de intentar interpretarlas, le resultó natural componer otras similares. Tenía 5 años. "Todavía conservo fotos en las que estoy parado sobre el teclado", afirma. "A los 15 hice una presentación de tres obras mías en el San Martín, vestido de frac. En mi disco hay armonías de cosas que hice en aquella época, pasadas al rock… porque cuando agarré la guitarra eléctrica cambió todo."
La llegada del rock a la vida de Pol fue reveladora. Alguien lo llevó a un concierto de Serú Girán y se enloqueció: "Spinetta y Charly fueron lo primero a lo que le presté atención; enseguida llegaron los Beatles y ahí quise romper todo, salir del piano clásico". Lo logró cuando formó Superchango con su amigo de toda la vida: Andy Chango. "Nuestros padres son neurólogos y escribieron juntos tres libros llamados Convulsiones en la infancia. Pensamos en ponerle ese título al disco de Superchango, porque nosotros éramos las víctimas de esas convulsiones", se ríe. Como ya había otro tecladista, Pol pasó a la guitarra. La banda sólo duró un año y medio, porque todos componían y enseguida empezaron a tomar distintos caminos. Era, dice el cantante, "un grupo de solistas".
Le sobrevino otro período de ostracismo, componiendo sin parar a puertas cerradas. "En un momento abrí la heladera y no tenía nada: me había olvidado de sobrevivir y de mostrar lo que hacía", confiesa. Entonces hizo demos con la ayuda de Ulises Butrón, que llegaron a manos de Fito Páez. Y Mr. Rey Sol le ofreció su estudio y su sello para que el disco saliera a la luz. "Me parecía raro ser solista, así que intenté armar otro grupo, pero no podía; estaba muy solo con mi mente y tenía que hacerlo de esa manera", confiesa Pol. "Después aparecieron músicos amigos que se coparon mucho y que sienten como si Pol fuera el nombre de una banda. Eso es buenísimo, porque siempre me da miedo la posibilidad de exclusión."
Pol tiene muy en claro que la música es su puente hacia los demás. Por eso cree quedebe ser muy honesto al hacer sus canciones. "No puedo estructurarlas de otra manera, o buscar primero un estilo y después escribir; estaría comunicándome de una forma mentirosa. Necesito que me acepten así, con canciones que son como pequeños viajes, que van por diferentes lados, dudan y salen para otro, que tienen fobias o mundos de fantasía."
Mientras muestra su música, Pol vive de las melodías que logra colar en avisos publicitarios o en obras teatrales. Y, cuando los billetes ralean, siempre encuentra algún método para sobrevivir. Por ejemplo, su psicólogo ya no le cobra: "Debe ser porque le lleno la sesión de historietas, le hago pasar una hora espectacular. Estoy seguro de que después debe contarles todo a sus hijos durante la cena familiar".






