Por acá y por allá el, eat art
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El arte y la cocina se llevan bien, sobre todo en estos últimos tiempos.
En los años 60, el suizo Daniel Spoerri fue un pionero: comenzó a utilizar alimentos como material de instalaciones y performances, iniciando lo que se denominó eat art , movimiento ligado con el nuevo realismo y que en nuestro país fue tomado por artistas como Marta Minujín, con obras como el Obelisco de pan dulce .
"Los métodos de creación se van juntando cada vez más, pasan de la cocina al arte contemporáneo y del arte a la cocina", sostiene Sagot, al tiempo que recuerda que Ferrán Adrià fue el primer cocinero invitado a una feria de arte, la Documenta 12, de Kassel, Alemania. Ellas mismas han trabajado con el célebre chef Alain Ducasse, como asesoras de sus cocineros para intentar incorporar más creatividad a lo que calientan las hornallas.
En Buenos Aires, también dentro del Proyecto Déguste, en 2006 se presentó Dorothée Selz con su obra Ofrendas comestibles , y al año siguiente Laurent Moriceau expuso un molde de chocolate de su cuerpo, que el público más rápido pudo saborear pues se terminó enseguida.
La música no se ha quedado atrás y la española María Durán Basallote aportó lo suyo, en septiembre último, en el Museo de Arte Moderno, en el ciclo Conciertos en el Limbo, con Cuisine concrète , un proyecto que mezcló cocina con música concreta proveniente de licuadoras, cuchillos, cucharitas y huevos que se rompen, que con la ayuda de micrófonos se combinó en distintas capas de sonido.






