La Pestilencia
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Las nuevas aventuras de La Pestilencia, ahora desde los Angeles
El exilio, que muchos buscan en un lugar con más buenas intensiones que soluciones llamado Colombia, fue lo que La Pestilencia necesitó para hacer este disco. Pero tranquilos, que después de cinco años de estadía en el país de Mikey Mouse no se les han quitado las ganas de denunciar todo lo que está mal -ojo: en Colombia, no allá- de la misma forma directa e inflexible. Si bien mucho más matizado que cualquiera de sus otros trabajos de estudio, Productos desaparecidos evoca todo lo anterior con una buena dósis de letras explícitas y de los consabidos madrazos que Dilson Diaz le reparte a corruptos, políticos y todo aquel infeliz con algo de poder. Expresiones que probablemente ya no activen conciencias o sorprendan igual que una década atrás, pero sí pueden sugerirnos entre líneas- no sin algo de ironía- que, por más de que ellos se hayan ido a crecer musicalmente, aquí todo sigue más o menos igual a como lo dejaron. Colombia se quedó estancada en el tiempo y eso fue lo que La Pestilencia capturó esta vez acertadamente en su sonido. Durante su tiempo en Los Angeles, la banda conoció a Mark Needham [ingeniero involucrado en el exitoso disco debut de The Killers, Hot Fuss], quien los ayudó a profundizar en las atmósferas post-punk y a enlatar estéticamente su inconformidad reprimida en el empaque vintage apropiado [con las etiquetas "evasivo", "desalentado" y "violento" pegadas por algún lado]. Esta es la gran novedad, y la gran fortaleza, de un disco que mantiene la intensidad pogueable -esa que deja muchas contusiones en los Rock al Parque- pero que se tomó el trabajo de buscar otras herramientas para encontrarla.
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