
Putin despidió a Vladimir Vasiliev
Además de quedarse sin director, el tradicional teatro enfrenta graves problemas de presupuesto.
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Hace pocos días, una noticia convulsionó el ya revuelto panorama de Rusia: por decreto del presidente Putin, el célebre bailarín Vladimir Vasiliev (60), director general y artístico del Teatro Bolshoi, fue removido de su cargo. Según el diario político financiero Kommersant, incisivo crítico del actual gobierno, la decisión se parece a aquellas que se tomaban en tiempos de la Unión Soviética, cuando todo estaba bajo un único control y las cuestiones eran irrefutables. Entonces, todo lo que concernía a asuntos del teatro ruso más famoso era manejado por el Kremlin.
Actualmente, el área está en manos del Ministerio de Cultura, con Mikhail Chyvdoi a la cabeza. Fue este funcionario quien anunció el decreto presidencial firmado por Putin. Mas no lo hizo por las vías normales ni dio explicaciones a quien hasta el momento ocupaba el puesto. La resolución fue transmitida por la estación privada de radio Eco, y luego en una entrevista para el diario Vremja MN. Allí, Chyvdoi acusó a Vasiliev de no ser un buen manager. Según sus palabras, "el Bolshoi necesita un gran administrador".
La respuesta, bastante sarcástica, del artista, no se hizo esperar: "El ministro está tan sobrecargado de trabajo que ni siquiera encontró el tiempo para hacerme saber esta decisión por teléfono y esperó a que me enterara por la radio. Me voy pronto y lo relevo del fastidio de tener que escribirme una carta para darme la información oficial".
La raíz del conflicto
La crisis del Bolshoi no se origina sólo por cuestiones políticas, sino también por razones presupuestarias. La suma asignada (alrededor de 50 millones de dólares) no alcanza para levantar la deteriorada sala. Asimismo, las 2500 personas que dependen del teatro son las mismas que había en la época anterior a la Perestroika, con la diferencia de que en la época de la URSS cualquier problema era inmediatamente elevado a las autoridades y solucionado.
En 1993, el gobierno ruso comenzó un proyecto de refacción del teatro y la construcción de una filial. Los números para ambos planes fueron incrementándose y la situación económica del país no permitió llegar a los altos costos requeridos: sólo la sala mayor requería de 200 millones de dólares, y el total, 400.
El nombramiento de Vasiliev sucedió, en 1995, a la larga dirección coreográfica y artística de Yuri Grigorovich, líder de la compañía durante treinta años. Es verdad que durante la primera década Grigorovich llevó el ballet a la cúspide, no sólo por resguardar las tradiciones clásicas, sino por su inventiva. Seguramente, la más famosa es "Espartaco", que estrenaron Vasiliev y Natalia Bessmertnova, esposa de Grigorovich. Bajo su mandato, el plantel estuvo en su esplendor, sin olvidar que eran los tiempos del Soviet. Pero, para muchos, en los últimos años de su gestión se había tornado un tirano y su creatividad estaba totalmente ausente. Una de sus últimas obras, "La edad de oro", es de 1984. Los bailarines empezaron a quejarse de no tener cambios en el repertorio, de que había preferencias y de que excluía a artistas.
En definitiva, quien antes otorgó grandeza al Bolshoi había perdido fuerza y, según muchos, estaba desinteresado. Una suerte de revuelta, con Maya Plissetskaia como punta de lanza, logró que dimitiera. En su lugar, por decreto del entonces presidente Boris Yelstin, asumió Vasiliev. Pero no como director del cuerpo de baile, aunque sí montó algunas coreografías que no tuvieron la trascendencia de las de Grigorovich.
Su tarea comprendía la programación de todos los cuerpos estables del teatro. Pero el presupuesto le jugó en contra, como también la elección de las obras. Una de las mayores bofetadas fue la gira a Las Vegas, un completo fracaso de taquilla.
Vasiliev hizo lo imposible por obtener auspiciantes. El acto culminante fue el llamamiento mundial que hizo la Unesco a través de una carta firmada por su presidente, Federico Mayor, para obtener fondos y finalizar las refacciones de un teatro muy deteriorado.
Para Vasiliev, quien hizo toda su carrera allí y donde su gloria se asentó brillando como la máxima estrella masculina de un elenco de 263 bailarines, la cuestión se tornó una cruzada. También firmó una desesperada carta solicitando ayuda para resguardar este patrimonio universal. Esperaba, el 28 de marzo último, una generosa contribución en la función organizada por la Unesco. La gala celebró el nacimiento del Bolshoi, que terminó de construirse en 1776, por encargo de Catalina la Grande.
No tuvo el éxito esperado y la desilusión fue in crescendo. A esto se agrega la precaria situación del personal, la decadencia de la maquinaria y la ausencia de dinero para vestuario, escenografía y elementos indispensables. También, la huida de talentos y de los no tanto, que ahora tienen la puerta abierta para actuar afuera y obtener cachets en dólares.
La contrapartida es el resurgimiento y el apoyo que tiene el Teatro Mariinsky, de San Petersburgo, cuyo director general, Valery Gergiev, es considerado uno de los más grandes conductores de orquesta. Ha conseguido patrocinantes internacionales y que todo su personal tenga un sueldo digno, incluido el famoso ballet Kirov. También logró el beneplácito de Putin. En tanto aquí hay un avance constante, el Bolshoi es defenestrado. Y el chivo expiatorio ha sido Vasiliev.
Alentados por el éxito de San Petersburgo, Moscú está pensando en reemplazarlo por un hombre de esa ciudad. Imaginan a Anatoli Iksanov, cabeza de la cadena pública Kultura y ex director del Gran Teatro de Prosa, como el manager ideal para el puesto acéfalo, aunque sea un nombre casi desconocido en el ámbito. Muchos dicen que se trata de razones políticas y "amiguismo". Otros, que es lo que requiere el Bolshoi. El futuro lo dirá...






