
Querido Ratón Pérez
Madrid homenajea al roedor más generoso
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MADRID (EFE).– El famoso ratoncito Pérez, mítico roedor encargado de traer regalos a los chicos cada vez que pierden uno de sus dientes, es el protagonista del primer homenaje que el ayuntamiento de Madrid brinda a un personaje de ficción.
Las autoridades madrileñas reconocieron “la generosidad” de este roedor bueno, pero esquivo, colocando una placa en su honor en una céntrica calle de la ciudad.
El Ratón Pérez es un personaje de cuento creado en 1894 por el jesuita español Luis Coloma. Según este relato, el roedor vivía en el interior de una caja de galletas, en el número 8 de la calle del Arenal.
Un cuento español
Para los chicos españoles, que en su mayoría desconocen el origen de este personaje, el ratón es un simpático roedor que deposita regalos bajo su almohada mientras duermen cuando han perdido un diente.
En la placa que el Ayuntamiento de Madrid instaló en su honor aparece el siguiente texto: Aquí vivía, en una caja de galletas, Ratón Pérez, según el cuento que el padre Coloma escribió para el niño rey Alfonso XIII.
Curiosamente, el cuento es prácticamente desconocido en España, donde no se publica desde 1947, aunque se reedita cada año en países tan lejanos como Japón.
La historia de este roedor ha sido traducida al francés y al inglés, idioma en el que se han hecho varias adaptaciones.
El padre Coloma creó la fábula para el rey Alfonso XIII, que entonces tenía 8 años y a quien se le había caído un diente.
El cuento, protagonizado por el rey Bubi, apelativo con el que cariñosamente llamaba la reina María Cristina a su hijo Alfonso, es un canto a la fraternidad humana de la mano de un ratón “muy pequeño, con sombrero de paja, lentes de oro, zapatos de lienzo y una cartera roja, colocada a la espalda”.
El roedor vivía con su familia “dentro de una gran caja de galletas”, en el almacén de la entonces famosa confitería Prats, en la calle del Arenal, en el corazón de Madrid, apenas a cien metros del Palacio Real.
Según el relato del jesuita, el ratón se escapaba frecuentemente de su “domicilio” y, a través de las cañerías de la ciudad, llegaba a las habitaciones infantiles. Frecuentaba así la habitación del pequeño rey Bubi I (Alfonso XIII) y las de otros niños más pobres que habían perdido algún diente, despistando a los gatos, que siempre estaban al acecho.






