
¿Quieres ser Barry Gibb?
En la Argentina, los Bee Gees tienen su grupo tributo: Eternity
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En ¿Quieres ser John Malkovich?, el debut cinematográfico del norteamericano Spike Jonze, varios personajes se daban el gusto de ser justamente el actor John Malkovich, de ver el mundo a través de sus ojos, durante quince extraños minutos.
Casi al mismo tiempo que se estrenaba la película, en 1999, Ismael Espiño, joven vecino de San Justo, empezaba a jugar también con la idea de ser otra persona. Pero a él no le interesaba el sobrio intérprete de El Imperio del Sol y Más allá de las nubes, sino una figura de la música pop con mucho más pelo, a la que le rendía culto: el pelilargo y barbudo Barry Gibb, el mayor (en edad y proactividad) de los tres hermanos integrantes de la exitosísima banda inglesa Bee Gees, de extensa carrera desde los años 60 hasta la actualidad, pero con un pico de fama y millones durante la fiebre disco de la década del setenta.
Hoy, a los 22 años, Espiño no tiene acceso a la mente de su ídolo, pero sí se complace en emularlo en la voz, la pinta y cada movimiento escénico como líder de Eternity, "la única banda tributo a Bee Gees de América latina", según su carta de presentación.
El colmo del fan
Fenómeno curioso, el de los grupos tributo. Sus impulsores son algo así como el colmo del fan: su admiración por determinados músicos es tal que no se conforman con disfrutar de su obra pasivamente, sino que sienten el impulso de imitarlos hasta el último detalle en shows para otros fanáticos parecidos a ellos.
Ese fue el recorrido de Ismael. Primero conoció al grupo, famoso por sus vocalizaciones en falsete, cuando visitó la Argentina en 1998. No estuvo en ese concierto en la cancha de Boca, pero grabó la transmisión televisiva por recomendación de su padre ("esos muchachos son muy buenos; te van a gustar", le dijo). Quedó maravillado al pasar el video una y otra vez, y comenzó a cantar sus temas más conocidos, como Stayin’ Alive y You should be dancing (parte de la banda de sonido de la película Fiebre del sábado por la noche, que los globalizó en 1977, junto con los extravagantes pasos de John Travolta). Se acercó al club de fans de Bee Gees de Argentina en busca de músicos para su proyecto. No tuvo suerte y probó con avisos clasificados y referencias de amigos de amigos de amigos... Así, dos años atrás consiguió finalmente armar la banda, con músicos y émulos de Robin Gibb (Adrián D’Angelo, de 27 años) y Maurice Gibb (Daniel Liberchuk, de 44), además de sus probadas dotes de Barry.
"Hay muy pocas bandas Bee Gees en el mundo. Están Odessa, en España, y Stayin’ Alive, en Australia. Pero en América latina sólo hay solistas, dúos o tríos, sin músicos en vivo, como nosotros. En Chile, por ejemplo, hay un Barry muy bueno, pero canta sobre pistas", explica este estudiante del profesorado de inglés, que incluso sin producción se parece bastante al Bee Gee de las fotos de hace unos cuantos años.
Como buena banda tributo, categoría en la que se inscriben otros locales como The Beats (Beatles), One (Queen) y Ummagumma (Pink Floyd), Eternity no sólo recrea los hits de sus ídolos, en un recorrido por diversas etapas artísticas, sino que copia también el vestuario y los movimientos. "Lo más difícil fue conseguir los zapatos de cuero blanco y tacones. Al final, encontré tres pares, justo de los números que necesitábamos, a la vuelta de casa. Habían estado 30 años esperando en sus cajas", cuenta Ismael, como quien relata un milagro.
No es el único con voluntad de ver algo místico en todo esto. La misma audiencia (con espectadores de 15 a 60 años) del grupo suele entregarse crédula para que la experiencia Bee Gees sea completa: "Las mujeres, sobre todo, nos traen flores, nos tiran ositos. Para ellas somos los Bee Gees; no vienen a ver a Eternity", asegura, resignado a no ver jamás a sus modelos en versión completa: Maurice Gibb falleció el año último, a los 53.
Lo cierto es que mientras para muchos los Bee Gees no son más que un recuerdo kitsch de la cultura disco de la década del 70, para su imitador argentino representan algo bien distinto, y no le importa que algunos se rían: "Son tipos que superaron las presiones y lograron salir de las drogas y formar una familia. Fue una de las pocas bandas que mantuvo una vida de gente común. Son tipos sanos que no andan en la droga ni el alcohol. Por eso me gusta jugar a ser Barry Gibb por un momento. Que la gente cierre los ojos y escuche a los Bee Gees. Y que, cuando los abra, también los vea". Para otros como él, nada mejor que acercarse mañana a la noche al concierto que Eternity dará en Acatraz (Rivadavia 3636), a las 21.45, y creerle por un rato.
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