Martín Jáuregui, el madrugador
En Despierto y por la calle el conductor sale, de 4 a 6, a buscar historias de gente común
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Martín Jáuregui tiene 45 años, es periodista, documentalista y lleva más de dos décadas en los medios. Si bien hace ya más de diez años que trabaja con Juan Alberto Badía en programas radiales y en Estudio País, por Canal 7, tuvo un singular desempeño en Caos, con Juan Castro, y La cornisa, con Luis Majul, entre otros ciclos de televisión. Tras una experiencia radial, los fines de semana muy temprano, desde el 5 de este mes conduce por Del Plata el ciclo creado por Julio Lagos, de 4 a 6 de la madrugada, merecedor de varios premios.
-¿Cómo surge la posibilidad de que tomes la posta de este ciclo?
-Antes, en Del Plata [AM 1030], me propusieron hacer el programa los sábados y los domingos, Los diarios en la puerta (con Verónica Rosales), de 5 a 7 de la mañana, y dije que sí, sin pensarlo mucho. Al principio era un sufrimiento y con el correr de los días, me fui dando cuenta de que hubo gente que se consustanciaba con ese espacio. La AM necesita tiempo: estar, hablar, comunicarse. A mí todo eso tardó dos años en llegarme. Cuando me propusieron hacer el reemplazo de Julio Lagos, acepté. Después, él me invitó a tomar un café para explicarme algunos tips . Estuvimos cuatro horas. Lagos es un animal de radio, como muchos otros a los que admiro [Badía es mi maestro]. Ahora me encuentro haciendo este programa y estoy fascinado con el espacio, por la libertad que tengo. Son dos horas en las que no hay venta deportiva ni musical. Es radio. Así, me encuentro con un tipo que me canta una milonga a las cinco de la mañana al aire, por teléfono, y un vecino de arriba le grita el nombre del tema, porque habían cambiado la letra. ¡Estaba escuchando el programa! Y los taxistas, también, que se acercan para saludar.
-¿Cómo es ahora Despierto y por la c alle?
-El programa busca gente y, a través de ella, va tejiendo la historia de Buenos Aires. Cuando uno llega, lo primero que encuentra son calles que se cruzan, un lugar vacío, la noche cerrada; el silencio que interrumpe un colectivo; un tipo parado en una esquina con auriculares, un micrófono y nada más. ¿Y qué pasa ahí? Uno empieza a hablar y aparece la magia de la radio. Cuando vienen a mí, sale el personaje y lo dejo hablar. Con diez días de programa, ya estamos tejiendo una red de contadores de historias de la ciudad de Buenos Aires. Cuando yo convoco a la gente a que participe del programa, lo que viene del otro lado es mágico. Agradecen mucho que contemos historias, que no los dejemos afuera. Es un programa en el que no sos solamente oyente: podés participar.
-¿Cómo surgen los temas y lugares para recorrer cada día?
-Preparo la música y algunos temas que yo investigo. Efemérides musicales o de personajes nos sirven, a veces, de punto de partida. Lagos, su creador, iba caminando por todos lados. Levantaba información, datos, contaba cosas de las calles. Y con la gente charlaba un poco y le daba un café -como hago yo-. La principal diferencia con Julio es que él le daba más importancia al relato radial y yo, al de la gente.
-¿Hacés el programa en la calle?
-Entro a la radio sólo para vestirme. Tomo los auriculares, dejo los discos y salgo a la calle. Cuando el 8 de enero se cumplieron 50 años de la entrada de Fidel Castro y el "Che" a La Habana, llevé la grabación del momento, una cosa chiquita, pero los teléfonos explotaron. También cubro la actualidad.
-¿Quié nes integran el equipo que te secunda?
-"Cuqui" Santana, el chofer del móvil, es mi compañero en la calle. En la locución, Roxana Calabró, que es fundamental. Lee las tapas de los diarios, da la información de manera agradable, comenta la música. Ella es mi compañera de este viaje. Santiago Meli y Cecilia Clips, dos eficaces productores, y el operador Juan Salas.
-¿Contanos sobre alguna experiencia reciente que haya sido especial?
-El viernes último fui a La Viruta, la concurrida milonga de la calle Armenia. El dueño es el hermano de Mora Godoy, Horacio, y me esperó hasta las seis de la mañana. Todavía había varios asistentes. Muchos turistas, al observarme, me preguntaban de qué planeta había llegado. Cuando Godoy contó que en cuatro semanas allí se aprende a bailar, explotaron los teléfonos. Este es un ejemplo de cómo el programa se mete en la red humana. El 5 de febrero se cumplirán tres años del ciclo en el aire y lo voy a festejar. Hay gente que me ofreció armar una mesa en una plazoleta, en Caballito. También ofrecieron empanadas, bebidas?. Cuando Julio Lagos se fue y llegué yo, había como un gran interrogante. La vida me da la posibilidad de tener este programa y, cada día que me toca hacerlo, lo agradezco.
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