
"Mi mayor deseo es volver a la radio"
El aplaudido humorista habla de sus primeros pasos en el micrófono, evoca a las figuras con las que trabajó e imagina el programa con el que sueña regresar
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Humorista, locutor, guionista, actor, entretenedor profesional de larga trayectoria y resonantes éxitos en la TV, Juan Carlos Mesa recuerda aquí su paso por la radio, su primer amor vocacional en su Córdoba natal. También habla de los programas y los conductores que escucha y expresa su ferviente deseo de retornar al micrófono con un programa propio.
"La televisión me ha dado grandes satisfacciones -dice a LA NACION en el confortable y cálido living del dúplex en el que vive en Talcahuano al 1200-, pero le aseguro que en la actualidad mi mayor deseo y esperanza es volver a la radio. Hay que pensar en muchas cosas, pero creo que los padres que llevaban a sus hijos al colegio me escuchaban: ahora esos chicos ya crecidos llevan a sus propios hijos y pienso que también les gustará escucharme."
-¿Cuántos años de trayectoria radial?
-No fueron tantos, pero sí tan intensos y creativos que siento como si hubiesen sido muchos más. Con "Tenis de Mesa", junto a Rina Morán, Rafí, Leonor Ferrara y Enrique Landi, desde el 65 en Mitre, fueron más de dos años; siguió "El clan del aire" en esa misma emisora y con un grupo muy heterogéneo, liderado por Guillermo Brizuela Méndez. Luego, de 1979 a 1983, hice "La máquina de contar", en Belgrano, con producción de Fernando Marín. Y en 1998, "Ping Pong del Mundo", precisamente en radio El Mundo, con Miguel Angel Rodríguez y Leonor Ferrara. Todas fueron experiencias gratificantes y tan escuchadas que por eso siento necesidad de regresar al micrófono.
-¿Cómo definiría su estilo en la radio?
-Allí trasladé un poco lo que había hecho en televisión y por eso decidí tener un sonidista de piso. María Elena Walsh escribió "Canciones para mirar" y yo quería una radio para ver, para contar, para estimular la creatividad del oyente a partir de un elenco como el que tuve, de gente muy valiosa, lectores de primera vista, porque yo terminaba de escribir a las cinco de la mañana.
-¿El guión era protagonista?
-Sí, todo estaba guionado salvo alguna cosa que podía surgir de las conversaciones. Pero a mí me encanta escribir humor para la radio. No me gusta improvisar, por eso trasladé lo que hacía en la televisión a la radio: sketches armados con personajes interpretados por mi voz, rodeado de gente que también componía sus personajes con locutores que son excelentes actores y actrices. Así fuimos construyendo personajes y viendo cuál era el que compraba la gente.
"Mi hábitat"
-¿Recuerda algún personaje o latiguillo?
-En "Tenis de Mesa" yo copiaba algunas cosas de la gráfica y la TV: "Mandrake", la sátira de "Los jinetes de Mackenzie", "El enmascarado solitario". En la época de "La máquina de contar" estaba el encargado del edificio que limpiaba la vereda y cantaba a la mañana temprano y también el tour que hacía un mateo por Palermo, que tenía un caballo de carrera, entonces empezaba a cobrar velocidad y terminaba en Chascomús, o un segmento denominado "Atención al gordo", donde yo llamaba por teléfono y decía: "Hola, me voy a comer una chuleta con arvejas" y me respondían: "¡No, usted no puede hacer eso!" e intentaban calmar mi voracidad culinaria. Había una galería grande de personajes y muchos tenían que ver con la actualidad.
-¿Qué encuentra en la radio que ahora quiere volver a ella?
-La radio es mi hábitat. Yo comencé en mi Córdoba natal, siendo una rata en la discoteca, metiéndome de curioso en la radio. En LW1, la emisora de la Universidad, la de mis primeros amores, cuando contrataban una figura de Buenos Aires, yo les escribía las glosas. Un buen día me convocaron para escribir un programa de humor y así armé, en 1957, "La Troupe de la Gran Vía", que era un programa cómico hecho por la gente de la radio (operadores, locutores), que se convirtió en un éxito y protagonizaba mi hermano Edgardo, un muy buen actor cómico que después se dedicó más a sus tareas de periodista y locutor. Por eso digo que nací en la radio. El recuerdo más luminoso de esos años es cuando participé en el concurso "Carta a mi madre" y llegué a Buenos Aires acompañado por mi mamá y recibí el premio de manos de una institución radial: Juan José de Soiza Reilly. Ya instalado aquí, el que me abrió las puertas fue mi gran padrino artístico Héctor Maselli, quien me convocó para integrar un equipo donde hicimos "Humor Redondo", "La Tuerca", "Los Campanelli", ciclos de Biondi, una cantidad de programas que tuve la suerte de escribir. Pero el hombre vuelve a sus orígenes, y a lo que le gusta y ama. Esto no es un juicio de valor para la televisión, a la cual le debo muchas cosas, pero el lugar que más me gusta es la radio, es mi primer amor.
-¿Volvería con un programa de características similares a los anteriores?
-Sí, con mi estilo de humor, que no es invasivo ni agresivo, con un color al que pretendo darle una constante, a través de mi trayectoria, con mi pequeña orquesta, que siempre ha estado al lado mío, y con los nombres nuevos que se quieran incorporar. Lo digo así porque nos ocupamos de divertir realmente a la gente. Y desde luego, con la posibilidad de escribir sobre la actualidad, de apoyarme en ella para crear personajes a medida.
-¿A quiénes admira en la radio?
-Fui un enamorado de Wimpi, de Pepe Iglesias, alias "el Zorro", y de Juan Carlos Mareco en aquellos años en que la radio tenía la fuerza de los grandes capocómicos. También me convocaban el "Glostora Tango Club", "Qué pareja" y "Los Pérez García".
-Y, ahora, ¿qué escucha?
-No tanto como debería, por una cuestión de tiempo. A veces lo sigo a Ari Paluch en "El exprimidor", me parece que es un buen referente de estos tiempos. Me gusta la radio que hace Nelson Castro; escucho a Nora Perlé cuando hace "Canciones son amores", con esa voz estupenda que tiene; también "Qué te parece", con Fernando Bravo; a veces a Lalo Mir en la mañana de Mitre y, a veces, al Negro González Oro. Y por supuesto a mi gran amiga Mirtha Legrand, con su programa vespertino, y también el programa de Tinelli. Me hago un mosaico variado de las radios de AM fundamentalmente, y también escucho a mi hermano Edgardo, en "El nochero", por Del Plata, que además de hermano es un buen amigo y un gran profesional. Lógicamente, maestros son Antonio Carrizo, Cacho Fontana y Mario Pergolini, el que provoca el gran cambio.
-¿Qué le critica a la radio hoy?
-No me gusta mucho la improvisación, porque no todos somos capaces de ser repentistas. Esa es una cualidad que tienen algunas personas que son brillantes y las hay, como Jorge Guinzburg, que lleva adelante un programa aprovechando cada cosa de sus interlocutores. También Bravo y Héctor Larrea saben llevar adelante muy bien un programa. Admiro a Dolina, que es un gran improvisador, un humorista con una cultura general muy importante para llegar a la gente y un enorme anfitrión atendiendo su audiencia.
-¿Cómo ve el futuro de la radio?
-Me da la sensación, por los oyentes, productores y anunciantes, de que está ganando un mercado cada vez mayor a pasos agigantados. Como siempre he sido un pájaro madrugador, a mí me han encantado los programas de la mañana. La noticia es muy cruel, entonces es bueno descomprimir con humor. Pero a la hora del balance final es muy probable que la radio y la TV deban moderar un poco la manera de comunicarse y dirigirse al público, porque la verdad es que las groserías no son necesarias.
Cinta testigo
- La radio me dio posibilidades muy lindas, como escribir para Juan Carlos Mareco, pero al primer actor cómico que me llenó de orgullo haberle escrito, en Córdoba y durante seis meses, fue a don Luis Arata. El programa se llamaba «Sulfamino» y era la historia de un boticario. Además, conservo todo mi archivo de sketches o pasos de comedia grabados con las figuras que pasaron por mis programas. Tengo uno de siete minutos donde soy el presidente de un consorcio y la encargada es Catita (Niní Marshall), que quiero emitir el día en que tenga mi nuevo programa. En otro sketch, en un acto del 9 de Julio, yo interpreto a un alumno; China Zorrilla, a una profesora, y la señora que vende empanadas es Mercedes Sosa, con quien yo cantaba. Contar con estas figuras son medallas que uno guarda".
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