
Recuerdos de China
Los clowns artesanales de La Pipetuá extendieron sus piruetas hasta China. Acaban de llegar de vuelta de una docena larga de funciones en Pekín y Shanghai, donde se presentaron con su espectáculo 13 años, la edad del pavo en sendos festivales de verano. ¿De qué se ríe el público chino? "Había escenas que acá son de transición, graciosas, pero no mucho más, pero allí se descostillaban de la risa", cuenta Diego Lejtman, uno de los cuatro actores del elenco.
"Están acostumbrados al circo milenario oriental, pueden tener malabaristas con cinco, siete u once pelotitas. Pero cuando el malabar se transforma en música o tiene otro uso se sorprenden, no es habitual la fusión", dice Lejtman. "Y ahí es donde llegamos, con nuestras artes combinadas, con la comedia clownesca con música en vivo con instrumentos no convencionales y elementos escenográficos en constante transformación con respecto a su uso original", sigue.
En el cruce también se producen malentendidos: "En un momento incluimos la palabra gracias en chino en medio de un número, y entendieron como que era un cierre, no paraban de aplaudir?"
Pero antes de llegar a la efusividad fue importante un gesto para descontracturar al público. "Diego se dio cuenta y comenzó a arengarlos desde el escenario, necesitaban una invitación a participar, a reírse, después de eso estallaron las carcajadas", dice Suky Martínez, tour manager de la gira y la gestora de la poco conocida pero bastante transitada ruta del teatro infantil argentino al Lejano Oriente.
En la última década, Martínez llevó a Hong Kong, Singapur y Japón al circo acrobático del grupo La Arena, dirigido por Gerardo Hochman; las obras de títeres y teatro negro de Antoaneta Madjarova; al espectáculo de sombras sobre arena Bambolenat; al de danza A todo vapor, de Teresa Duggan; a la Historia de un hombrecito, sobre la amistad entre un cartonero y un perro (para el Año del Perro del calendario chino)?
"Prefieren obras de fuerte contenido visual", explica Martínez. "Y es entendible, más allá de la cuestión idiomática, en la calle es todo luces, láser, estímulos visuales." La Pipetuá trae algo de eso a la escena local. "Estamos siempre atentos a las cosas tecnológicas, para retransformarlas, ver cómo entra la comedia en ello. Nos trajimos unos guantes con rayos láser en cada nudillo; rotando sus perillas se pueden armar figuras maravillosas", revela Lejtman, sin adelantar demasiado qué rol jugarán los rayos en la obra que preparan. Sólo que en una excursión de campamento puede llegar a haber una incursión extraterrestre. Eso, claro, si los clowns de La Pipetuá no son teletransportados antes por naves chinas: les ofrecieron volver por siete meses para una gira de 100 funciones.
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