
Respeto por las piedras, el agua, el aire, las frutas
Con la atención puestaen todo lo que la rodea,la ecuatoriana Carmen Vicente vive y transmitela sabiduría de los ancestros amerindios
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"Puede parecer complicado, pero mi trabajo consiste en el arte de caminar con entendimiento original", sostiene la ecuatoriana Carmen Vicente, que pasó por Buenos Aires para dar la charla Ancestralidad nativa americana, el corazón de la memoria, en el Centro Cultural San Martín. "¿Qué significa esto? Que en tiempos remotos, cuando como mamíferos comenzamos a levantarnos en dos piernas y a caminar con los pies, esos primeros pobladores fueron desarrollando una sabiduría, una manera de vivir inteligente", agrega. Vicente, que encarna la tradición espiritual de los ancestros amerindios, fue presentada con dos títulos: Mujer Medicina y Guardiana del Fuego Sagrado de Itzachilatlan.
Itzachilatlan, Abya Yala o Isla de la Tortuga son los nombres que las culturas primitivas dieron a América, y el fuego sagrado es "el antiguo y tradicional camino espiritual de nuestros ancestros". Vicente viajó invitada por la sede argentina de Fuego Sagrado de Itzachilatlan. La tarea de los centros de México, Ecuador, Perú, Brasil, Uruguay, Chile y la Argentina es mantener vivo el legado por medio de encuentros, conferencias, ceremonias, campamentos y caminatas.
El valor del aire. "Hoy vivimos una profunda crisis, y si bien no podemos volver al pasado, podemos aprovechar los buenos logros de esa sabiduría para vivir nuestro presente y proyectar nuestro futuro. Tomar conciencia del valor del aire en nuestra vida; el valor del agua, de la luz, del calor del fuego, de la tierra bajo nuestros pies. Esto significa caminar con el entendimiento original, con el respeto que tenemos por el universo."
El principio de la piedra. Vicente nació al sur de Ecuador, en la frontera con Perú, cerca de la Amazonia. "Entonces, parte de mi familia es peruana, que es lo que suele ocurrir con los que somos de la frontera, terminamos siendo de dos lugares. En realidad, de un lugar. Porque la tierra es un mismo lugar para todos con diversidad de colores, maneras de ser, creaciones, pueblos, elementos. Todo esto que digo lo aprendí de mis padres, que desde muy chica me enseñaron cómo ver una piedra. ¿Qué tiene una piedra dentro? No sólo la piedra preciosa, sino la más simple, una piedra común. Me enseñaron que la piedra de un volcán contiene dentro de sí el fuego, la fuerza de la montaña. Que es el poder sólido del fuego de la montaña. No me dijeron: Mira, imagínate que… No. Me enseñaron que eso era así y desde entonces voy observando las piedras. A veces camino con la mirada puesta en el piso, aun en las veredas de una ciudad, y observo que en el cemento también está el principio de la piedra."
Muchas formas de Dios. Pero no son sólo las piedras. Todo encuentro con algo o alguien la inspira: "Me quedo contemplando un perro o una planta y trato de alcanzar lo profundo de la ternura de ese ser. Luego reflexiono sobre qué ha hecho el agua en esa planta, en ese animal, para que tengan vida. Pienso en el agua y pienso que somos agua y veo toda la hermosura del agua y los problemas del agua. Sigo profundizando y me dejo llevar hasta entrar en contacto con el fondo de todo, que podemos llamar Dios, o lo que para cada uno sea Dios. Y así puedo ver que en cada ser, en cada elemento, hay un espíritu, una forma de Dios."
Por qué existen las estaciones. "Hay cosas que se fueron perdiendo, por eso creo que es urgente que nuestros chicos vuelvan a comprender que es la tierra la que les da el sustento para continuar la vida. Que no estamos aquí para vernos únicamente como deudores de una máquina. En las ciudades parecería que la gente cree que lo que compra en el supermercado para comer apareció por arte de magia, y no en la fuerza de los valores que hacen que ese producto exista, aunque ese producto venga de una fábrica. Recordarles por qué tenemos la luz, por qué tenemos el aire, por qué tenemos los frutos, por qué existen las estaciones climáticas."
El murmullo de los ríos. "La naturaleza no está fuera de nosotros, somos parte de la naturaleza. Hay una creación que tenemos que recuperar, revitalizar. Para que nuestros chicos vuelvan a escuchar el viento, el murmullo de los ríos; mirar las estrellas, el sol, la luna. Que vuelvan a subir a un árbol y luego dejarse caer en la tierra. Aun cuando ese chico pase parte de su vida delante de un televisor."
Que nadie sea maltratado. "La vida es un derecho. Es un derecho que el árbol tenga donde crecer, que el chico tenga donde jugar. Es lo que tenemos que exigirles a nuestros representantes, es lo que tenemos que exigirnos a nosotros mismos. Tenemos que pedir una relación de vida a vida. Que nadie sea maltratado, que un animal no sea maltratado. Los gobiernos se tienen que involucrar en el derecho a la vida; a veces se mata o se maltrata en nombre de valores humanos. Las revoluciones no tienen que ser sangrientas, deben ser en paz."
A LA TIERRA
- Para Carmen Vicente, sobre todos nosotros pesa una condena histórica, que más tarde o más temprano terminaremos viviendo en las ciudades. "Creo que es así, porque las ciudades son cada vez más grandes, más populosas, están más contaminadas. En cambio, el campo y la montaña se van quedando desiertos. Parece que estamos esperando una catástrofe para volver a las montañas. Que estamos esperando una emergencia para volver al campo. Pero se da una contradicción: esa misma gente que vive hacinada en las ciudades dice que quiere vivir sanamente, consumir alimentos frescos, naturales...; pero, claro, nadie quiere ir al campo a cultivarlos. ¿Qué hacer? Creo que la posibilidad de remediar el problema está en manos de las autoridades que tienen que velar por el bien común. ¿Cómo? Aprobando leyes para facilitar el regreso, leyes que protejan a los campesinos, que los alienten a volver. Que les muestren lo importante que es para un país que ellos sigan cultivando la tierra".





