
Fin de semana salvaje: la verdadera historia de la estrella de “Chaplin” y “ally McBeal”, quien perdio su trabajo y casi pierde la vida. aqui revelamos lo Que sucedió en su habitacion de hotel de palm springs, california, el dia en que sus amigos hicieron de una fiesta una autentica pesadilla.
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Cathedral city queda a 120 kilometros de Los Angeles, en el corazón del Valle de Coachella, un extenso páramo de arena, canchas de golf, alojamientos construidos con bloques de cemento y barrios de viviendas suburbanas. Fue aquí, en un cabaret llamado Showgirls, en una zona comercial ubicada junto a un negocio de elementos para drogarse, donde entró Robert Downey Jr. a eso de las 9 de la noche de un día de noviembre del año pasado, el Día de Acción de Gracias. Con su gastada gorra Nike de corderoy azul, una campera raída, pantalones negros anchos y zapatillas blancas, Downey estaba a tono con los pocos clientes del lugar. Pero, al rato, una de las bailarinas reconoció en él al protagonista de "Chaplin" y a una de las estrellas de Hollywood, y enseguida la mesa del actor estuvo rodeada de admiradores. Entre ellos había una joven llamada Kiley Ridge, que, si bien acababa de cumplir sólo 21 años, durante un tiempo había trabajado de camarera en el cabaret. Esa noche había ido a Showgirls con Mike, su hermano de 33 años, a cobrar el sueldo que le debían.
El arresto de de Robert Downey Jr. por tenencia de drogas ocurrido ese fin de semana en el Hotel Merv Griffin y Spa Givenchy de Palm Springs no cayó como una bomba. El tumultuoso desfiladero que recorrió el actor por la justicia penal venía apareciendo en las tapas de los diarios desde junio de 1996, cuando la estrella fue detenida por exceso de velocidad y luego por posesión de heroína, cocaína, crack y una Magnum calibre 357 descargada. En el transcurso de los cuatro años y medio siguientes, Downey fluctuó entre desgracias personales más asoladoras: una extravagante huida de un centro de rehabilitación, en camisa hawaiana y pijamas; una detención por ingresar en la casa de los vecinos y desmayarse bajo los efectos de una droga en la habitación del niño de la casa. Esos incidentes lo mantuvieron casi dieciocho meses entre rejas en la prisión Corcoran de California.
Los acontecimientos que desembocaron en el arresto de Palm Springs revelan una dimensión menos conocida del tormento íntimo de Downey: su mundo increíblemente consentido y engañosamente atormentado. Tom Sizemore, muy amigo de Downey, que es a su vez actor cómico y se define a sí mismo como "un ex drogón de Hollywood", asegura que siempre contaba con desconocidos para conseguir droga: "Para la gente de medianos recursos, estar cerca de un tipo como Robert puede ser algo embriagador. Como falopearse. Si él los mandara a traerle un elefante, los muy pelotudos se lo traerían".
En los días anteriores a la desventura de Palm Springs, según el testimonio de su amigo Mark Miller, quien lo acompañó en aquella ocasión, Downey estaba "al borde de la destrucción", trastornado por el fin de sus ocho años de matrimonio con Deborah Falconer, madre de Indio, su hijo de 7 años.
Hacía menos de cuatro meses que habían largado a Downey de Corcoran. En términos legales, salió triunfal de la cárcel el 2 de agosto. Sus abogados lograron un fallo insospechado cuando apelaron aduciendo que el juez del Tribunal Municipal de Malibú, Lawrence Mira, había cometido un error al imponer a Downey una pena de tres años de prisión. La apelación tuvo éxito, y el actor recuperó su libertad cuatro meses antes de lo esperado.
La semana siguiente a su liberación, Downey firmó un contrato por más de 500 mil dólares para actuar en ocho capítulos de la serie Ally McBeal. Le ofrecieron un coprotagónico en la comedia romántica America’s Sweethearts, junto a Julia Roberts, y también el papel principal en la puesta teatral de Hamlet dirigida por Mel Gibson. En público, Downey habló de su adicción a las drogas como un problema superado. Empleando el lenguaje de los recuperados, dijo haber descubierto "el placer de vivir".
Owney, que se inició en el consumo de drogas a los 6 años, cuando su padre -realizador, productor, actor y guionista- le ofreció un porro, entró por primera vez en un centro de rehabilitación a los 23, en 1988. El abogado Robert Waters, responsable de la defensa de Downey en el caso de Palm Springs, señala que el actor podría escribir una "guía práctica de todos los centros de tratamiento para drogadictos de California". En estos últimos doce años, asistió a centenares de reuniones para adictos y contrató asistentes que no se drogan, que hacen las veces de guardianes de la abstinencia.
Si bien no existe el tratamiento que ofrezca una cura garantizada, no hacer nada suele arrojar peores resultados. Por extraño que parezca, esa opción -la de no hacer nada- se le ofreció a Downey cuando salió de Corcoran, el 2 de agosto. Y, mientras que casi todos los demás "graduados" del programa que se aplica en Corcoran son trasladados a establecimientos intermedios y están obligados a asistir a reuniones de recuperación, realizarse análisis que detecten drogas y dar parte a un funcionario encargado de su libertad condicional, a Downey lo dejaron en una especie de limbo legal, sin restricciones particulares.
Después de salir en libertad, Downey se inscribió voluntariamente en un centro de tratamiento ambulatorio de Huntington Beach, pero lo abandonó a los dos meses y se mudó a un departamento de tres ambientes en Hollywood. A fines de agosto, cuando comenzó la producción de Ally McBeal [la serie que Fox emite los lunes a las 21], se presentó sin problemas a las 6 de la mañana en los estudios Raleigh de Manhattan Beach, participó de las reuniones semanales de recuperación organizadas allí mismo por los productores del programa y actuó con una solvencia que luego sería premiada con un Globo de Oro. Así y todo, las actividades nocturnas de Downey durante esa etapa pasarían a ser objeto de un intenso chismorreo tras su arresto. La prensa amarilla acusó a una actriz de cine de haberlo enganchado con las drogas duras.
Tom Sizemore compartió esa experiencia con Downey y sabe muy bien de qué se trata. Se hizo amigo del actor en 1990 y muchas veces se juntó con él a desperdiciar días y noches consumiendo "bombas punk" -crack y heroína negra- hasta 1996, cuando se curó. "Nos metíamos [droga] cada uno por su lado o entre los dos", recuerda Sizemore. "No era algo glamoroso. No era algo explícito. Era una cosa discreta y un poco desesperada." Una vez que Downey salió de Corcoran, le quedaban muy pocos amigos de su vieja vida, de los cuales casi todos habían abandonado el consumo. "Es una situación muy triste", se lamenta un amigo que conoce a Downey desde principios de los años 90 y que últimamente se distanció de él. "Me llama para invitarme a una función privada. Le digo: «Robert, tu película la voy a ver cuando salga en video. Pero si querés ir a una reunión para adictos, te acompaño»."
Mark Miller es uno de los pocos amigos de Downey que estuvieron a su lado en las buenas y en las malas. El mismo se define como "guardián del palacio" del actor, a quien conoció durante la filmación de Tuff Turf, una mala película de clase b estrenada en 1985. "Yo era asistente de producción y él era actor. Mi trabajo consistía en vigilarlo, hacer que llegara puntual al rodaje y ese tipo de cosas." Ese precoz encuentro dio lugar a una relación en la que Miller cumple la función de "amigo asistente", vínculo bastante frecuente en los ambientes de Hollywood. Mientras que Downey creció a pasos agigantados en su carrera, Miller no tuvo suerte en su deseo de triunfar como guionista. Siempre que éste se quedó sin recursos, aquél le dio una mano. A principios de los 90, mientras Downey filmaba Chaplin, su amigo vivió por un tiempo en la habitación del hotel que el actor ocupaba en Londres.
Mientras Downey se hundía en el consumo de drogas y se incrementaban sus conflictos legales, Miller no se movió de su lado. Lo acompañó a los tribunales, dio testimonio a su favor e inclusive lo ayudó a grabar en su celda de Corcoran un discurso que luego se difundió en el homenaje a Jodie Foster llevado a cabo en el Moving Picture Ball, en 1999. Miller, que no consume drogas, asegura que se lo pasaba sermoneando a Downey acerca de los estupefacientes. Sin embargo, observa, "Robert te excomulga si andás fastidiándolo como los de Alcohólicos Anónimos".
Los amigos de Downey tildan a Miller de "habilitador", es decir, alguien que hace lo posible para que las consecuencias del consumo sean más leves para el adicto, aunque el tiro le sale por la culata. Señala Sizemore: "Un amigo como Mark es una bendición para la enfermedad y una maldición para el que la padece". Miller reconoce que acaso lastimó a su amigo. "Puede ser en parte cierto que fui un «habilitador»", admite, aunque agrega: "Lo quiero con toda mi alma. ¿Por qué sus demás amigos no permanecieron con él cuando estaba solo, pasando por el divorcio? ¿Por qué le fueron indiferentes?".
Cuando se aproximaba el Día de Acción de Gracias y, según Miller, Downey se deprimía cada vez más por los trámites legales relacionados con su divorcio, el actor le pidió a su amigo que pasara el fin de semana largo con él en el Hotel Merv Griffin, donde las habitaciones cuestan 600 dólares la noche. Aceptó la propuesta, esperando poder concentrarse con Downey en unas ideas sobre un guión de las que hacía años que venían hablando. "Podríamos haber sido los Matt Damon y Ben Affleck de nuestra época", considera Miller, "si nos hubiéramos dedicado a esto hace diez años".
El 22 de noviembre, Downey y Miller se alojaron en la habitación 311 del Griffin, un bungaló francés situado detrás de un jardín laberíntico. Había un gran dormitorio y una espaciosa sala de estar con una barra de bebidas. Miller llevó su computadora portátil, y se pusieron a trabajar en la preparación del guión. Dice que el primer día adelantaron muchísimo, pero que a la tarde siguiente Downey comenzó a ponerse inquieto.
Resolvieron ir al cabaret. Miller confiaba en que "el sexo sería la mejor alternativa a las drogas". Lo que pretendía en un principio era llevar a Downey a un strip-cabaret donde, en California, no está permitido servir alcohol. "No quería que estuviese en contacto con la bebida", explica. "Es muy tentadora."
Miller llamó por teléfono a Pope’s Bar, un cabaret ubicado en un callejón industrial de Palm Springs. El bar permanecía cerrado por ser feriado, pero su dueño estaba en la oficina dando de comer a sus cachorros rottweilers cuando sonó el teléfono. Le sugirió a Miller que llevara a Downey a Showgirls, el cabaret de Cathedral City, a unos veinte minutos en auto. Cat City, como la llaman los lugareños, no figura en casi ningún mapa turístico. Es más bien un lugar donde viven quienes trabajan atendiendo a los ricos de Palm Springs.
Miller y Downey indicaron al chofer de la limusina que los condujera a la zona comercial donde se encuentra Showgirls. Miller se emperifolló para la ocasión con unos pantalones chillones de cuero y una polera verde; en cambio, Downey, con su ropa discreta, no desentonaba del resto de los clientes, en su mayoría obreros. Al comienzo, fue en Miller en quien se fijaron las bailarinas del cabaret. Tres de ellas se acercaron a la mesa, atraídas por su singular vestimenta. Laura Burnett, de 25 años, lo felicitó por su ropa atractiva. "Mark era el petulante", afirma Burnett. "Robert era directo. Nos preguntó si nos gustaba nuestro trabajo. Me dijo que extrañaba a su hijo."
Iley Ridge vive en un sector humilde de Cathedral City con su madre, Carol. Afuera, los verdes jardines y los senderos de cemento conforman un paisaje desolado que, por su aridez y su blancura, casi parece cubierto de nieve. Kiley señala un monte que se ve a lo lejos y explica que en verdad es un médano gigantesco con forma de monte y que, cuando hay viento, los jardines, las piscinas y las hamacas del vecindario quedan tapadas de arena, y por eso algunos de los patios están cercados con muros de acrílico de dos metros y medio de alto. "Este es el lugar más aburrido que te puedas imaginar", resume.
Un par de meses antes de su encuentro con Downey, Kiley se había mudado de Florida a Cathedral City para escaparse de un ex novio que, asegura, la perseguía, le había dañado el auto -tallando conchuda y puta en la carrocería- y la había atacado con un arma. El primer trabajo que encontró al llegar a California fue el de camarera en Showgirls, donde conoció a un compañero de trabajo que empezó a hacer migas con ella y no tardó en demostrar lo que a Kiley le pareció una alarmante obsesión que le recordaba a su ex novio. Se llama Levi Castleberry y era disc-jockey y empleado de seguridad del cabaret. Apenas Castleberry vio a Kiley, comenzó a desplegar su seducción. La miraba con insistencia y le decía cosas tales como: "¿Lo que tenés puesto es un pantalón o una ventana?, porque me gustaría mirar desde el lado de adentro". Días después, empezó a llamarla por teléfono y a decirle "mi chica". Semejante comportamiento aterrorizó a Kiley, que muy pronto dejó de trabajar en Showgirls para alejarse del hombre.
Sin embargo, el Día de Acción de Gracias Kiley invitó a Castleberry a reunirse con su mamá y su hermano, Mike, que había viajado desde Boston, para el almuerzo familiar. "No tenía adónde ir", dice Kiley acerca de Castleberry. La reunión duró hasta el atardecer. Castleberry se fue solo a su casa. A las 21, Kiley y su hermano decidieron ir a Showgirls. Kiley cuenta que estaban muy aburridos: "Nuestra casa es como un programa de televisión repetido hasta el cansancio. Mi mamá se lo pasa en piyama mirando la tele. Recibe una pensión por discapacidad".
Por su parte, Mike, pintor y músico radicado en Boston, dice que deseaba ver dónde había trabajado su hermanita para asegurarse de que fuese un lugar "de nivel". Estaba preocupado por Kiley. Cuando aún vivía en Florida, ella había estado muy deprimida. Antes de la reunión del Día de Acción de Gracias, Kiley le había comentado a Mike que Castleberry era cocainómano y que muchas veces la invitaba a su departamento diciéndole: "Tengo una montaña de cocaína; vamos a esquiar".
Ike y Kiley no se quedaron mucho tiempo en Showgirls; solamente tomaron un trago y retiraron el sueldo de ella. Cuando se acercaron a Downey, él también estaba bebiendo. Le dijo a Kiley que quería irse con ella, y los tres se encaminaron al auto de Mike, dejando a Mark Miller en el cabaret. Mientras salían, Downey trató de robarse un cóctel, pero un empleado de seguridad se lo quitó. Kiley cuenta que el chofer de Downey fue corriendo hasta ella y le dijo: "No le van a pegar ni nada, ¿no?". Ella lo tranquilizó: "Mire la cara de angelito que tengo", y el conductor respondió: "Tengan cuidado".
Para Kiley, el momento culminante de la noche fue cuando salieron del estacionamiento del cabaret llevando a Downey en el asiento trasero del auto. "Yo pensaba: «¡Ay, Dios! ¡Tengo a Robert Downey Jr. en el auto! ¡Es rico y sale por la tele!». Mi hermano me decía: «Calmáte. Ponéte el cinturón de seguridad»." Kiley dice que se dio vuelta, le tomó la mano a Downey y se la empezó a palmear mientras exclamaba: "¡Robert! Tiráme una línea: quiero aparecer en Ally McBeal".
Hasta que subieron al auto, Kiley no había reparado en la facha de Downey. "Estaba espantoso", rememora. "Tenía el pelo todo grasiento." Aun así, ella quería exhibir a su nuevo amigo famoso ante la única persona que conocía en esa ciudad, Levi Castleberry, así que lo llamó por teléfono y le dijo: "Tengo a Robert Downey Jr. aquí en el auto. ¿Hay algún problema si pasamos por ahí?".
Levi Castleberry vive en un departamento de tres ambientes cerca de Dinah Shore Drive, Cathedral City. Hace dos años que trabaja en Showgirls, donde, si el mes de trabajo es bueno, saca hasta 5 mil dólares, bastante más de lo que ganaba cuando ayudaba a su padre a instalar pisos en Texas.
Antes de las 22 de ese Día de Acción de Gracias, cuando Robert Downey Jr. hizo su ingreso tambaleante en casa de Castleberry, éste ya había conocido a una cantidad de famosos nada despreciable. En Showgirls había visto, entre otros, a Vince Neil, cantante de Mötley Crüe, a quien el disc-jockey admira "como artista", y a Neal Schon, guitarrista de Journey, de quien asegura que "es el famoso más cool de todos los que conocí". Castleberry aún conserva el vaso del que bebió Schon, así como un vale autografiado por el guitarrista, en un recipiente Tupperware que guarda en el cajón de las medias.
Castleberry es de contextura maciza y de cara redonda y rosada, con el mentón levemente retraído. La cara y la cabeza están cubiertas por una pelusa de tres días. Mientras se prepara para ir a trabajar, se echa perfume en la cara y en las axilas afeitadas. "A las conchudas les encanta", comenta. Luego señala su guitarra autografiada por Steve Vai y dice: "Cuando estuvo Downey, agarró esa guitarra y tocó «Message in a Bottle»".
Señala que Downey toca muy bien la guitarra, aunque no le tira muchas flores al actor. "Lo que pasaba con el tipo ése es que era terriblemente engreído", explica. "Y la ropa que llevaba puesta no pegaba ni con cola."
El disc-jockey insiste en que juró no tocar más las drogas desde su encuentro con Downey y asevera que el actor fue el primero en proponer que tomaran cocaína. El dueño de casa, solícito, le convidó una línea sobre un trozo de vidrio que guarda en el baño para visitas especiales. "[Downey] empezó a hablar de soda", dice. Primero Castleberry creyó que simplemente quería tomar algo, hasta que cayó en la cuenta de que pedía bicarbonato [baking soda], que se utiliza para convertir la coca en crack. Aclarado el malentendido, Castleberry trajo bicarbonato y, según relata, Downey cocinó crack a partir de una pequeña cantidad de cocaína que puso en el horno microondas y a continuación le aconsejó: "No te conviene aspirar líneas. Tenés que fumar crack. La cocaína tiene impurezas".
Según Mike, Downey le arrimó un trozo de papel de aluminio con crack y lo encendió: "Robert me dijo que inhalara el humo y lo retuviera". Unos minutos después, cuando Downey tomó la guitarra de Castleberry, Mike cantó "Message in a Bottle" con él. El hermano de Kiley señala que no podía creer cómo había terminado su noche. "No dejaba de pensar: «Acabo de meterme crack y aquí me tenés, cantando a dúo con Robert Downey Jr.»." Cuando el actor dejó la guitarra a un lado, Mike paseó la vista por la habitación llena de humo: primero miró a su hermana, luego a Castleberry y por último a Downey, y el entusiasmo que había sentido se vio aplastado por una sensación de tristeza. Dice que, si bien no sabe por qué motivo, casi se pone a llorar.
Cerca de la medianoche, en el departamento de Castleberry se acabó la cocaína y se interrumpieron los festejos. Downey y Mike subieron a la limusina del primero; Castleberry fue con Kiley en el auto de Mike en busca de un Valium que Downey decía necesitar. Kiley tenía pilas de pastillas en su casa porque hacía poco se le había partido un diente mientras se agujereaba la lengua y, como no disponía de dinero para ir al dentista, calmaba el dolor tomando comprimidos de Valium.
Mike estaba especialmente entusiasmado con la idea de arrastrar al famoso hasta la casa de su madre y su hermana, donde pretendía mostrarle un portfolio de cuadros psicodélicos que eran de su autoría. "Quizá le vendo una pintura…", le comentó a su hermana.
No bien lograron cruzar la puerta de entrada y caminaron ruidosamente hasta la habitación de Kiley para conseguir el Valium, la madre de la muchacha salió de su cuarto hecha una tromba y les gritó por haberla despertado. Kiley recuerda que la miró y le dijo: "Mirá, mami: Robert Downey Jr".
Downey se sentó en la cama de Kiley, y Castleberry se puso a observarlo con desconfianza creciente. "Tenía la vista clavada en Kiley", se queja. Según ella, la hostilidad entre Castleberry y Downey era recíproca. "[Downey] me decía todo el tiempo que Levi era «sucio»", cuenta. Downey llamó a su limusina y partió solo. Kiley, Levi y Mike fueron detrás, en el auto del último. El chofer de la limusina conducía a toda velocidad por las desiertas autopistas, y a Kiley le dio la impresión de que quizá intentaba perderlos por el camino. Como sea, los cuatro volvieron a juntarse en la entrada del Merv Griffin, y Downey los llevó al jardín, corriendo entre los arbustos como si estuviera filmando una película y disparando contra helicópteros imaginarios antes de tropezarse con unas matas y caer de culo. Se paró muerto de risa y, con acento británico, se puso a citar parlamentos de films que ninguno de sus nuevos amigos fue capaz de reconocer.
Cuando llegaron a la habitación de Downey, tanto él como Castleberry olvidaron los resquemores y comenzaron a debatir cómo podían conseguir cocaína. Castleberry se ofreció a hacer unas llamadas. Downey no llevaba dinero y farfulló que podía pedir un adelanto de efectivo con la tarjeta de crédito. Castleberry le pidió que no se preocupara: "Le dije que me encargaba yo".
Una agradable tarde de diciembre, Levi Castleberry se ofrece a volver al lugar donde adquirieron la cocaína que derivó en el arresto de Downey. Relata que partió del Hotel Merv Griffin a eso de la 1.30 de la madrugada y fue a buscar a su amigo Nick, el otro disc-jockey de Showgirls, que justo terminaba su horario de trabajo. Juntos se dirigieron a una casa de Cathedral City.
Cuando repasa el trayecto, Castleberry explica cómo llegar a una calle situada detrás de la arteria principal, la Autopista 111. Toma un callejón y señala una casita. "Nick entró y pagó 1.200 dólares por 28 gramos", dice. "Por lo general, la coca que se consigue por aquí tiene olor a nafta, porque la pasan por la frontera en tanques de combustible. Pero esa vez no: estaba buena."
Cuando regresaron al cuarto, Downey hizo un pedido al servicio de habitación, fingiendo acento británico: cuatro botellas de champagne, una de Hennessy, pavo para él y una hamburguesa para su compañero.
Cerca de las 2 de la mañana, apareció Mark Miller y, minutos más tarde, tres chicas de Showgirls. A una de ellas, como a Kiley, le decían Dharma, porque tenía el mismo peinado que el personaje de la serie Dharma & Greg. El hecho de que las dos tuvieran un corte de pelo tan parecido terminaría por desencadenar una confusión fatídica. Cuando llegó la bebida, dice Kiley, Downey sirvió Dom Perignon en una copa de pie hueco y se la ofreció, explicándole que las burbujas del buen champagne suben directamente a la cabeza. Kiley, que no había probado champagne en su vida, tomó un sorbo, resolvió que no le gustaba y arrojó la bebida al lavabo. Downey se rió.
Castleberry regresó a la madrugada, junto a Nick y con 28 gramos de cocaína. Dice que entonces el grupo se dividió: "Los bebedores se quedaron en el ambiente de adelante y los drogones nos fuimos atrás, al lado del baño".
"Todo el mundo estaba borracho o falopeado", continúa Kiley. "Levi se sentó en la cama, a mi lado, y yo sentía cómo le latía el corazón. Se ponía las manos en el pecho todo el tiempo, tratando de contar sus propios latidos."
Espiando a Downey, Kiley lo sorprendió solo en el baño; se metió dentro y por fin consiguió lo que se había propuesto obtener apenas lo conoció: la gorra Nike, autografiada y dedicada a ella. Downey le pidió que se quedara a pasar la noche. Kiley lo hizo prometer que no la tocaría. De todos modos, a las 4.30 la chica decidió irse. Castleberry, Mike y Nick también se marcharon.
Las tres bailarinas se quedaron un par de horas más. Downey encendió velas de aromaterapia en la habitación y las invitó a acostarse con él en la cama, donde los cuatro miraron televisión hasta el amanecer.
El viernes a la mañana, a Mark Miller lo invadió una sensación de "peligro inminente". Llamó a una amiga de Los Angeles, una artista de 26 años que se hace llamar Cholla, y le dijo: "Me está resultando difícil mantener a Downey bajo control".
Cholla recorrió esa misma tarde los 190 kilómetros que la separaban de Palm Springs. Cuando llegó, Miller le pidió que lo ayudase a aislar a Downey. Dice Miller: "Nos pareció que lo mejor para él era que se serenara y pensara en lo que quería lograr, en no tocar las drogas, en ser productivo, en [su encuentro de mediación con su ex esposa] el lunes. Le dijimos que lucharíamos junto a él".
El estimulante sermón que estaban dictando a Downey se vio interrumpido cuando se hicieron presentes Laura Burnett y otra chica del cabaret. Burnett intentó ayudar a Downey: "Le hablé de hacer lo correcto y de lo que está mal". Luego todos fueron a cenar a Las Casuelas, un restaurante mexicano en el corazón de Palm Springs. Estaba con ellos la bailarina que tenía el peinado de Dharma. Durante la cena, Cholla le confesó a Burnett que tenía esperanzas de actuar en un film de Downey. Los comensales de otras mesas se abalanzaron sobre el actor para pedirle autógrafos y para saludarlo, y hasta lo siguieron al baño. En un momento, Miller encontró a su amigo parado junto a un mingitorio y rodeado de cuatro jóvenes que le prometían conseguirle droga.
Una vez que regresaron al hotel, Miller y Cholla lograron convencer a todas las bailarinas de que se fueran. Miller afirma que Downey durmió el viernes a la noche. El sábado a la mañana, solicitó a la gerente del hotel que no permitiera que los camareros llevasen más alcohol a la habitación 311. Le pidió además que el establecimiento no lo autorizara a recibir adelantos de dinero por medio de la tarjeta de crédito que cubría los gastos de la habitación. Confiando en que había ayudado a Downey a salvarse de una hecatombe colosal, Miller se dirigió a Los Angeles a las 17.30 y dejó a su amigo en manos de Cholla.
Levi Castleberry se había despertado el viernes a la tarde dolorido por los abusos de la noche anterior. Estaba enojado con Downey. Cuando volvían del Merv Griffin, Kiley le contó que Downey le había pedido que pasaran la noche juntos. "Si hubiera sabido que le estaba tirando onda, le rompía el culo a patadas", dice. Esa noche, Castleberry hizo varios intentos infructuosos por llamar a Kiley. Crecieron sus sospechas de que la joven estaba con Downey, pero no podía hacer nada para disipar su temor pues esa noche debía trabajar.
El sábado, Castleberry intentó ponerse en contacto con Kiley. Esa noche, cuando se presentó en Showgirls, lo esperaba una mala noticia: el barman le dijo que un amigo suyo había ido a Las Casuelas la noche anterior y había visto a Kiley cenando con Robert Downey Jr. Lo que no sabía Castleberry era que el amigo del barman había confundido a Kiley con Dharma.
Kiley asevera que no volvió a ver a Downey ni a saber nada de él desde ese viernes a la madrugada, cuando se fue del Hotel Merv Griffin. Pero Castleberry insiste: "Estaba con él".
Castleberry jura que él no fue quien hizo un llamado al servicio de emergencias, gracias al cual la policía irrumpió en la habitación de Downey. Pero manifiesta que conoce el origen de la comunicación. "Nick llamó a emergencias", asegura, en referencia a su compañero de Showgirls. Castleberry dice que con ese llamado sólo intentaba "hacer estragos, causar sensación".
La llamada al servicio de emergencias se hizo alrededor de las 7.30 desde un teléfono público de un estacionamiento para autos que está a unos cinco minutos de Showgirls. La persona que llamó advirtió a la policía que "en la habitación 311 del Hotel Merv Griffin hay un hombre que está con 28 gramos de cocaína, [tiene] un par de armas y está muy enojado". Cuando cuatro oficiales irrumpieron en la habitación de Downey, cerca de las 9 de la mañana, él les permitió que revisaran el lugar. Tras escudriñar armarios y tachos de basura, dieron con casi cuatro gramos de cocaína muy rebajada y dieciséis comprimidos de diazepam (Valium), pero no encontraron armas. Las muestras de sangre tomadas tras el arresto indicaron que Downey tenía cocaína en el organismo. Cholla se había ido minutos antes de la llegada de la policía y se negó a dar su testimonio en el acta que registra el incidente.
Cuando se pasó por televisión la grabación del llamado telefónico registrado en el número de emergencias, Laura Burnett y las demás reconocieron la voz de Nick. El disc-jockey nunca se presentó para confesar que hubiera hecho ese llamado. En cambio, al día siguiente a la detención de Downey, renunció a Showgirls y se mudó a otra ciudad. Desde entonces rehusó hacer cualquier comentario.
El 27 de diciembre, Downey compareció formalmente en un penumbroso tribunal de Indio, California, un pueblito desierto situado a casi 50 kilómetros de Palm Springs. Se lo acusaba de dos delitos mayores y uno menor, por posesión de cocaína y de diazepam, y por haber consumido una sustancia ilegal. La llegada de una estrella de Hollywood generó prácticamente un maremágnum en el juzgado. Los agentes acomodaron a los paparazzi en la tribuna del jurado para mantener el orden. Cuando Downey se puso de pie frente al juez B. J. Bjork, para recibir las acusaciones, se dispararon tantas cámaras y flashes que ese murmullo tapó la voz del magistrado, las de los abogados e inclusive la de Downey.
Transcurridos los quince minutos que duró el procedimiento, los tres abogados lo hicieron salir raudamente por una puerta lateral. Downey se metió en un Chevy Monte Carlo alquilado y arrancó. Apenas se detuvo en una esquina, una horda de paparazzi y admiradores se precipitó sobre el auto, interrumpiendo el tránsito. Entre ellos, un hombre de 55 años con injertos capilares y una remera grasienta que decía miembros solamente se abrió paso en medio de la multitud y metió un sobre por la ventanilla del auto, que cayó sobre las piernas de Downey. El actor tiró el sobre a la calle. El hombre lo recogió y le hizo el gesto de "Fuck you". Dijo que adentro había un poema. "Sólo quería ayudarlo", comentó, para luego conceder: "Pensé que quizá también pudiéramos escribir un guión. No me di cuenta de que ese tipo fuese tan sorete". Cuando el semáforo se puso en verde, Downey aceleró, sorteando la nube de fotógrafos, haciendo rechinar las ruedas, buscando escapar.





