
Rohmer: las estaciones de la vida
El gran director francés, que vuelve a las pantallas porteñas con "Cuento de otoño", descree de las fórmulas fáciles.
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"Yo no me dirijo a ninguna élite; lo hago sólo a aquellos espectadores que están satisfechos de no ser tomados como imbéciles". Es con esa premisa como brújula que Eric Rohmer viene desarrollando su vasta filmografía. En "Cuento de otoño", la película con la que cierra la serie de los Cuentos de las cuatro estaciones que comenzó en 1989, el director sigue fiel a ese propósito fundacional de su carrera.
El film que se estrenará pasado mañana en Buenos Aires gira en torno de la historia de Magalí (interpretada por Beatrice Romand), una mujer con tantas ganas de enamorarse como temores frente a la posibilidad de volver a empezar. Dueña de una belleza serena, Magalí tiene 45 años y se ha quedado sola con sus plantaciones de vid cuando los hijos abandonaron la casa familiar. "Sí, quiero un hombre -dice-, pero pongo muchas condiciones. Tantas condiciones que no creo que él cumpla con ellas, y también dudo de que yo vaya a gustarle", resume el personaje, aunque el espejo le advierta que sigue siendo atractiva.
A esa altura del conflicto, Rohmer se encarga de señalarle al espectador que a Magalí le faltarán fuerzas para salir a conquistar a un hombre, pero que le sobra generosidad y simpatía como para conseguir quien la ayude en esa misión a la que ha empezado a considerar imposible. Sin que Magalí lo sepa, su amiga Isabelle (interpretada por Marie Riviére)echará mano de los anuncios para conseguirle marido. Y, para mayor oferta, Rosine -una jovencita que sale con el hijo de Magalí- sugiere presentarle a un profesor de filosofía con el que la muchacha supo mantener un romance complicado.
Esa madeja de sentimientos se teje y se desteje en el valle del Ródano, en una escenografía de viñedos, sol y vida apacible. "Amo la geografía y los puntos de referencia. Me gusta saber dónde estoy -declaró Rohmer a la revista francesa Positif-. En general no hago trampas. Me molesta cuando se construye una ciudad con pedazos de otra." Esa honestidad en la búsqueda de las locaciones tiene después su premio en la pantalla:es evidente que los personajes se vuelven más creíbles cuando trajinan escenarios reales.
Cuenta Rohmer que es de los que para trabajar gustan tomarse su tiempo. "La gestación de mis historias es larga -explica-. En el caso de "Cuento de otoño" fueron casi diez años." Terminada en 1998, la película llevaba largo tiempo dando vueltas en la cabeza del director, pero la escritura de los diálogos no se concretó hasta que fueron elegidas las locaciones. Sucede que para Rohmer, las locaciones no son un mero decorado, sino el molde en el que se instalan las historias.
"Suelo fotografiar el lugar un año antes para reconocer el paisaje en el momento de rodar -comenta-. Para "Cuento de otoño" las tomé en el otoño de 1996. En la primavera siguiente grabé en video unas entrevistas a algunos vecinos de la zona. Antes de las primeras localizaciones sólo tenía una historia en abstracto. A los dos meses, tenía una historia completa. A finales de la primavera de 1997, el guión estaba listo. Yo adapto mis películas a los lugares y esto es lo único que me importa."
Cuestión de moda
Nacido en 1920, antes de ponerse detrás de la cámara Eric Rohmer estudió filosofía y letras y ejerció la crítica cinematográfica en publicaciones como La Revue du Cinéma, Les Temps Modernes y Les Cahiers du Cinéma. Integrante de la nouvelle vague, el director se ha negado con insistencia a los dictados de la moda. Su cine está más cerca de una concepción clásica que lo emparienta con la universalidad que de los berrinches de las vanguardias efímeras."He buscado siempre hacer cosas que resistieran al tiempo... Los artistas que están demasiado ligados a las corrientes de su tiempo son modernos por un breve período: después pasan de moda. Quien no está a la moda no se arriesga a pasar de moda", declaró el director de "El rayo verde" y "Mi noche con Maud", entre muchas otras.
Marie Riviére y Beatrice Romand son para Rohmer viejas conocidas. Ambas habían trabajado en algunas de sus películas anteriores. Romand en "La rodilla de Clara", "La mujer del aviador", "El buen matrimonio", "Las cuatro aventuras de Reinette y Mirabelle" y "El rayo verde", que tuvo como protagonista a la propia Riviére. "Soy muy fiel a mis actores y me gusta volver a trabajar con ellos, con intervalos bastante espaciados, porque no quiero hacerlos volver inmediatamente, a menos que se trate de un papel secundario", apunta el cineasta.
Gente de palabra
En tanto, actrices que ya han encarnado a las criaturas del universo rohmeriano, las protagonistas de "Cuento de otoño" se adaptaron rápido y bien al estilo de trabajo del cineasta. "No explico los personajes a mis actores o actrices como otros directores. A veces aconsejé algunas cosas, lecturas, orientaciones estéticas, pero aquí no -dice el realizador en relación con "Cuento de otoño"-. Lo importante era hablar de otras cosas: de vino (aunque yo no sea un experto), de la región, de botánica... Hablábamos de eso más que del sentimiento de los personajes. Sería muy pesado hablar de las motivaciones. Un actor es un ser libre y debemos permitirle ser espontáneo. Debe actuar como lo sienta." Pero cierto es que tanta libertad de acción, para Rohmer tiene un límite infranqueable:"Sólo soy puntilloso en un aspecto: la comprensión -afirma-. Yo escribí un texto y me gusta que se escuche (...).Pongo mucha atención en las palabras que son puntos de referencia para el espectador".
Y es en esa tónica de preocupación por el público que opina:"Es necesario que el espectador tenga la libertad de imaginar, de continuar la historia . Tal vez lo más importante de "Cuento de otoño" sea ignorar qué sucederá. Esa incertidumbre es propia de todas mis películas".
"El dinero es nefasto"
Convencido de que "toda estética está vinculada con la economía, que es una cuestión de moral", Eric Rohmer construyó junto a Barbet Schroeder -actualmente un exitoso director en Hollywood- la compañía productora Les Films du Losange, que apuesta al cine de autor. Fue esa empresa independiente la que posibilitó realizaciones de autores de la talla de Rivette o Marguerite Duras. En general, Les Films du Losange ha apostado a producciones de presupuesto bajo y calidad elevada. Maestro en el cultivo de la austeridad, Rohmer no comulga con la corriente dominante según la cual todo film debe ser una inversión desmedida de dólares. "Excepto para temas que lo necesitan, el dinero es nefasto, anula la creación, entorpece y trivializa el film. Se convierte en una traba a la libertad del autor", sostiene en el libro del español Carlos García Brusco. "Cuento de otoño" es, sin duda, una muestra de ese cine que exige más talento que despilfarro.






