
"Se ha roto la conexión entre dos generaciones"
Por Luis Aubele
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" ¡Mamá, mamá! Vení a ver lo que hay en la tele. ¡De los pechos de Afrodita están saliendo cohetes balísticos! , gritaba mi hijo menor. Afrodita era la robot fiel compañera de Mazinger Z, protagonista de una serie famosa de dibujos animados japoneses. Fui a ver y, efectivamente, allí estaba Afrodita lanzando misiles desde los pechos. Eso me llevó a mirar con más atención el contenido de los medios audiovisuales que veían los chicos. Y a aceptar que los programas para ellos tenían más violencia que los programas para adultos. ¡Tremendo! Investigué el tema y eso dio lugar a un libro: Papá ¿puedo mirar la tele? Lo que los padres quisiéramos oír de nuestros hijos."
Graciela Peyrú estudió medicina y psiquiatría en la Universidad de Buenos Aires. Continuó su formación en varias universidades norteamericanas importantes. Harvard le otorgó una beca para estudiar genética molecular. Es presidenta y creadora de la Fundación para la Salud Mental, autora y coautora de varios libros, entre otros, Psicoterapias en la Argentina y Violencias sociales.
-¿Cómo nace su interés por la salud mental?
-Siempre digo que mi vida comenzó cuando era muy chiquitita ( sonríe ). Cuando escuchan esto los que me rodean se asombran y me preguntan: ¿Y de qué otra manera podría ser? Sin embargo, ése es el comienzo de la historia de mi vida. Mis primeros años fueron tristes, de carencias afectivas severas. Estuve internada en varios colegios, algo que a los 5 años es como estar en un campo de concentración. En fotos de aquella época aparezco con los ojos muy abiertos, mirando y escuchando todo lo que ocurre, tratando de entender. Fue mi manera de sobrevivir a esa profunda tristeza que había en mí y de resolver situaciones difíciles. Por eso digo que yo empecé mi vida siendo muy chiquitita.
-¿Cómo sigue la historia?
-Mi interés por conocer hizo que estudiar fuera uno de mis mayores placeres. Ingresé en la Facultad de Medicina a los 16, era una de las estudiantes más jóvenes en la mesa de disecciones. Siempre el sentido de mis búsquedas era comprender a los seres humanos, y ayudarlos a ser libres y disfrutar de la vida. La genética molecular me llevó a desarrollar un tema apasionante al que dediqué varios años: el cambio psicológico; ¿qué es lo que heredamos y copiamos? Y ¿qué es lo que cambiamos? Poder cambiar libremente conductas heredadas es fundamental para vivir plenamente. Algo que quisiera que todos mis pacientes tuvieran muy claro. Creo que lograr esa actitud consciente es la base de todo cambio importante. Otro tema es el estudio de las distintas formas de violencia, un interés que tal vez haya estado en mí desde mucho antes. Pienso que a ustedes, los periodistas, se les debe plantear un problema cuando deben comunicar hechos violentos.
-¿Por qué piensa eso?
-Determiné tres actitudes que son como reflejos de nuestra manera de ser. La primera es comunicarlos de una manera superficial, frívola, sin ir al fondo del tema, porque se supone que a los lectores no les gusta oír sobre experiencias traumáticas. Por ejemplo, los secuestros exprés. En realidad no existen los secuestros exprés, existen los secuestros. Aunque una persona sea privada de su libertad sólo por algunas horas, el sufrimiento es el mismo. El segundo es ignorarlos, de eso no se habla. Y el tercero es presentarlos de manera sádica, para responder a cierto gusto por el morbo del público, acentuando los detalles más crueles y sangrientos. En realidad, vivimos una cultura muy violenta y lo peor es que nos acostumbramos a ella. Al principio sólo nos preocupaba, pero a fuerza de vivirla todos días terminamos por asumirla como algo cotidiano. ¿Conoce la fábula de la rana?
-No.
-Si tomamos una rana y la arrojamos a una olla con agua hirviendo, el animal salta desesperado: trata de huir. Pero si la ponemos en una olla con agua fría que vamos calentando muy lentamente, la rana poco a poco se va acostumbrando hasta que finalmente muere cocinada. Es una buena metáfora de nuestra sociedad.
-¿Cómo ve el mundo actual?
-Somos una especie que aprende de la experiencia. Por eso cuidamos a nuestros viejos y no porque seamos tan buena gente, sino porque transmiten experiencia. Pero ahora asistimos a un momento único en la historia del hombre, porque debido a los avances tecnológicos se ha producido un cambio abrupto, un quiebre, se ha roto la conexión entre dos generaciones. Esto es, que la generación anterior no comprende a la nueva y no le puede comunicar experiencia. Esto significa un cambio total de estructuras, de medios de producción, de costumbres.
-¿Cree que lo superaremos?
-Por supuesto. ¡Soy una optimista seria pero incorregible! Aunque nos va a llevar tiempo, trabajo y un replanteo profundo en nuestra manera de mirar.
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