
Se mira, no se toca, pero se fabrica y se vende
Copas, trofeos, medallas: un rubro que busca recuperar el título
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Curioso, el caso del fabricante de trofeos, que es tan feliz como el campeón que alza en alto una de sus obras. Tradicionalmente, las copas llevan al pie el nombre de fábrica y los operarios se enorgullecen viendo sus creaciones en la prensa gráfica y la televisión. Sin embargo, según testimonios del sector, durante una década la convertibilidad diezmó la venta de artículos nacionales con el ingreso en el país de trofeos importados. Pero la salida de la paridad cambiaria quizá devuelva a los fabricantes al podio.
“En los últimos diez años no podíamos competir, porque los productos nacionales eran más caros y artesanales –cuenta Horacio Mininni, cuya empresa, Esruan, acumula 75 años de trayectoria–. Entonces empezamos a buscar alternativas. Para el turismo carretera, diseñamos copas con banderas de metal; hicimos bases ovaladas o triangulares, y cierta vez diseñé un champañero de cristal que tuvo Luis Di Palma. Nuestro fin es lograr un producto divertido, pero elegante. Porque al argentino no le gusta el cambalache.”
Según Mininni, la convertibilidad creó una situación altamente despareja. “Nuestros precios no podían bajar del doble de los importados. Pero además, todo lo llegado de España e Italia era de hierro metalizado. No obstante la baja calidad, durante esa época muchos fabricantes optaron por la importación, ya que la diferencia promedio era de 120 pesos contra 300. De todos modos, la producción local es muy confiable y creo que este negocio se va a reactivar.”
Chapa de campeón
En el mercado argentino, las copas, tradicionalmente de bronce, se obtienen de una matriz y se modelan con tornos de repusaje, que giran a gran velocidad. Finalmente se sueldan a un pie y se pulen. También existen híbridos en bronce y cristal, copas bañadas en plata (generalmente requeridas para torneos de golf o tenis), copas de chapa, y hasta copas de chapa bañadas en metal dorado.
“La copa de chapa es de menor calidad, pero vistosa. Se la busca para torneos amistosos de fútbol, de tiro, pesca o judo. Así que tanto les vendo a un grupo de amigos como a bancarios que arman un campeonato de golf”, dice Mininni con una cuota de humor.
La Federación Colombófila, la de patín y la liga de baby fútbol son algunos de sus clientes. Sin embargo, el fútbol profesional queda fuera de la lista. “Pese a lo que muchos creen, el fútbol ya no entrega tantos premios –aclara–. En cambio, el deporte amateur es un mercado importante.”
Ver un trofeo por TV suele emocionar a su fabricante. Pero no siempre. Por ejemplo, Mininni en una oportunidad vio a un individuo desnudo, recostado sobre un auto, enarbolando una de sus copas en el programa Fantasías.
En cambio, para los responsables de Casa Belluni, todo fue satisfacción al ver los medallones que portaban los ganadores del programa Camino a la gloria. Desde hace años, Casa Belluni se especializa en la fabricación de medallas y condecoraciones de plata. Dado su prestigio, es la más requerida. Y entre sus clientes se cuentan desde el Ministerio de Relaciones Exteriores hasta clubes como Boca, River, Chacarita y San Lorenzo de Almagro.
“Las medallas se hacen a partir de una matriz o cuño, donde imprimimos la gráfica con pantógrafo o electroerosión –explica Patricia, nieta de la fundadora de la firma–. Sobre la matriz se coloca una lámina de bronce o cobre, y un balancín prensa el metal.” Pese al diminutivo, el aparato pesa entre 60 y 80 toneladas. De manera que una mano nerviosa podría significar un dedo menos del operario.
“Este proceso no cambia desde hace décadas –agrega–. Pero nosotros preferimos esculpir las matrices. Es un proceso artesanal y más elaborado, ya que el escultor trabaja a partir de una fotografía que luego plasma sobre acero en bruto. El resultado es como una obra de arte: igual que las condecoraciones de plata, son casi piezas de joyería.”
Pone el acento en la producción en equipo de sus productos. Y como Mininni, a veces piensa más en lo estético que en la misma venta. “Me gusta ver cómo los metales se transforman; cómo adquieren un valor agregado –dice entusiasmada–. Es una satisfacción enorme, completamente al margen de lo económico.”
Amalia Poloni, de Bruno Poloni, casa con medio siglo de experiencia en Ramos Mejía, reconoce que sus mejores clientes son los fierreros. “En el automovilismo saben comprar. Quieren algo bueno, no chapa importada. Y, además, prefieren trofeos grandes”, revela. En cuanto a fútbol, son más frecuentes los trabajos para torneos amateur, ya que en el nivel profesional, las copas en realidad rotan de club en club. Aunque, a veces, los directivos sí se contactan con especialistas para renovar un poco el brillo de sus conquistas.
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