
Será el encargado de dirigir Manhunt, con Harrison Ford,historia de la búsqueda del asesino de Abraham Lincoln.
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Sebastian Cordero no es un purista respecto a los criterios que maneja para embarcarse en un proyecto. Respeta la teoría del cine de autor, pero no es un fiel devoto de ella. Su visión del cine es la de un gran trabajo en equipo donde el reto es involucrarse en diferentes sistemas de producción y lograr mantener la integridad estética, narrativa, en fin, compositiva de la historia visual que quiere contar.
Ese es justamente el desafío al que Cordero empieza a darle estructura en su cabeza, antes que, dentro de unas semanas, agarre el megáfono para darle el ¡acción! y el ¡corte! a Harrison Ford.
El director ecuatoriano de Ratas, ratones y rateros [2001] y Crónicas [2004] ha sido contratado por la productora Walden Media, de Los Angeles, para dirigir el filme Manhunt, un thriller basado en la novela histórica aún no publicada de James L. Swanson, Manhunt: The 12 Day Chase for Lincoln’s Killer.
Con el guión de Andrew W. Marlowe [ Air Force One, 1997; End of Days, 1999], la película se centrará en los días siguientes al asesinato de Abraham Lincoln cometido en 1865 por John Wilkes Booth, y donde Harrison Ford hará el papel del coronel Everton Conger, un héroe de guerra y líder de la misión que intenta atrapar al asesino.
Converso con Sebastián Cordero en el departamento de su madre, una especie de galería de cuadros, retratos familiares y afiches de las obras de sus hijos [Viviana Cordero, hermana de Sebastián, también es directora de cine], y a pesar de que él acaba de salir de una cirugía a causa de una hernia inguinal, su semblante es de seguridad cuando hablamos del primer paso que está por dar dentro del riesgoso territorio del mainstream cinematográfico.
Luego de trabajar en proyectos independientes estás a punto de entrar en el negocio de la gran industria. ¿Hasta dónde hay que ceder los criterios propios cuando se tiene una productora de Hollywood tras el proyecto?
No hay una certeza de cómo van a ser las cosas antes de ponerte a trabajar, y durante la marcha del trabajo puedes llevarte sorpresas, pero en este caso, para empezar, la historia me interesa mucho, encuentro una tensión sostenida y desde que comencé a leer el guión me fui haciendo imágenes y sentí que sí podría aportar. Se trata, entonces, desde un principio, y esa es un poco la naturaleza de hacer cine, que todo esté claro con los productores acerca de hacia dónde va el proyecto, y que luego podamos dejar claro eso mismo con el equipo técnico y con los actores. En ese sentido, sí siento que en este trabajo hay un balance entre la integridad que yo concibo y la que ellos me proponen. Al mismo tiempo, siento una gran responsabilidad con los productores para entregarles la película que ellos quieren y no quisiera sentir en el camino que no estoy haciendo la película que quiero hacer y tampoco que ellos sientan que me metí a hacer esta película con las condiciones establecidas, pero que de pronto la voy convirtiendo en mi proyecto personal. En el fondo, tampoco asumo a éste como mi gran proyecto personal.
Ratas, ratones y rateros, y Crónicas muestran una buena dosis de severidad en las historias, en los personajes y en las imágenes que las construyen. Son como elementos reiterativos de sociedades subdesarrolladas. ¿Es en esos elementos dónde se distingue tu “marca” como director?
Por el momento, y no sé si esto lo mantenga a la larga, me interesa el cine con mucho realismo. Esas dos películas tienen su lado muy crudo, el de un mundo conflictivo pero que a la vez tiene su estética, no la de las postales lindas que promocionan un país, sino la de un mundo con historias duras que tiene una estética marcada y cuya dureza me ha sido muy importante reflejar en varios aspectos de las películas. Por otro lado, lo que me interesa es poner preguntas. Para mí una película es una herramienta para iniciar un cuestionamiento. Es una manera de ver un conflicto de una forma diferente a como ves una historia cuando alguien simplemente te la cuenta. No me agrada la dualidad del bueno y el malo porque no es así como yo veo el mundo. Es acercarte a ese conflicto con tal intensidad que puedas verle los varios lados. Lo que evito es dar respuestas fáciles porque como espectador me interesa salir del cine y llevarme un debate.
¿Ya has pensado en cómo aplicar esos criterios en Manhunt?
Otra de las cosas que hace este guión es ponerte en los zapatos del asesino de Lincoln. Aunque tradicionalmente él siempre ha sido visto como el malo de la historia, y estés o no de acuerdo con su acto, resulta muy interesante tratar de entender qué es lo que pasaba por su cabeza y encontrarle el lado humano a la cosa, entonces, por ese lado, aunque la historia sí cierra un conflicto, también quedan algunas preguntas que te dejan pensando, sin que eso signifique que la película sea densa o inaccesible. Para mí es importante que una película sí sea entretenida.
Y lo de la crudeza estética ¿lo has imaginado en esta película?
En esta película esa noción va por otro lado. Es el final de la guerra civil y Estados Unidos está dividido completamente. Las armadas del sur están cediendo, hay mucha tensión y se vive una atmósfera casi postapocalíptica. Si bien no se trata de batallas y sangre, hay mucha afectación en la gente, mucho dolor, por eso creo que tendrá aún más crudeza que las películas anteriores. Además resulta una tensión muy relevante en este momento, sobre todo por la visión estadounidense del terrorismo y la extrema seguridad. Son historias de conspiraciones e investigaciones que le brindan mucho interés.
Si bien es un pasaje de la historia estadounidense, la trama resulta un cuento de actualidad global ¿Por ahí se explica que un director ecuatoriano haya sido escogido para dirigir esta película?
Al principio me sorprendí cuando me escogieron para dirigir una película tan particular de la historia de los Estados Unidos, pero a la vez me dio mucho gusto que me hayan percibido como un director internacional, que no importara de dónde vengo, pero que sea capaz de contar bien una historia.
El Ecuador vive una crisis simbólica de valores donde los políticos son las figuras del asco, y son los deportistas y otras personas, ajenas a la administración pública y al manejo institucional, las que se han convertido en referentes de éxito y progreso ¿Cómo asumes esa mirada que ya empieza a caer sobre tí, la del “estandarte” del cine ecuatoriano?
Es curioso, hace poco alguien me contó que en un noticiero me habían llamado el Jefferson Pérez [actual campeón mundial de 20 km. en marcha] del cine y la verdad me sorprendió bastante. No soy mucho de apegarme al patriotismo, las fronteras me parecen una desgracia y yo me siento una persona internacional, de hecho, mi infancia la viví en Francia y mi carrera la hice en Estados Unidos. Lo que yo hago es cine, y si se me toma como un referente quisiera que fuera para que la gente que empieza a hacer cine en el Ecuador se ponga estándares muy altos y para que apunten hacia arriba manteniendo la calidad en todo lo que hacen. No quisiera asumir una responsabilidad que no me compete, porque si te pones a pensar mucho en cómo te percibe la gente, te inmovilizas. Lo que sí quiero mantener para siempre es la humildad, poder escuchar las observaciones de mi equipo de trabajo y no volverme arrogante ni pretencioso.






