
Seres alterados y un secreto bastante tibio
El secreto de la vida / Libro y dirección: José María Muscari / Elenco: Manuel Callau, Cecilia Rossetto, Emilia Mazer, Andrea Politti, Gustavo Garzón, Nazareno Casero, Nicolás Pauls, Brenda Gandini y María Socas / Escenografía: Jorge Ferrari / Vestuario: Pablo Battaglia / Iluminación: Matías Sendón / Asistente de dirección: Carlos Tikizian / Producción general: Javier Faroni / Teatro: Metropolitan Citi / Duración: 90 minutos / Nuestra opinión: regular.
E l nuevo material escrito y dirigido por José María Muscari conlleva algunos atisbos de su sello indeleble tanto en lo estético como en la poética abordada. Pero en busca de cierta "modernidad" vuelve sobre temas que resultan caducos en tanto no se los aborde con una mirada novedosa. Temática sin nuevos guiños, un tempo no preciso en el desarrollo de la acción (el género de la comedia no es sólo un entrar vertiginoso de personajes) y un humor que no termina de causar gracia hacen naufragar a la propuesta.
El secreto de la vida desnuda el vínculo perturbado entre los integrantes de una familia con serias patologías a la hora de comunicarse. Alteraciones emocionales, adicciones, cuestiones de identidad sexual, frustraciones laborales, maternidad, son algunos de los tópicos que deja al desnudo el relato de Muscari para presentar a este grupo de personas a la deriva. Madre y padre casi sin vínculo, hijos que se reencuentran, yerno y amigo con algunas taras y una mucama que esconde una noticia. Una pintura donde el desborde le gana al amor. Todo junto en un mismo clan. Tan posible como la vida misma con sus secretos.
La obra podría convertirse en una desopilante experiencia que, además, permita pensar sobre algunas cuestiones esenciales que hacen a los vínculos humanos. Pero queda a mitad de camino debido a un texto no del todo cuidado y a una dirección que no obtiene lo mejor de un elenco conformado de manera heterogénea y dispar, pero con una buena dosis de atracción.
No se puede dudar del talento y el oficio intachable de Manuel Callau, Cecilia Rossetto, Gustavo Garzón, Emilia Mazer y Andrea Politti, quienes tratan de sostener el texto y la acción. Se los nota incómodos, aunque logran atisbos de gracia que no son suficientes ni para reír. Y mucho menos para pensar.





