Cinco momentos en la carrera de Sarah Jessica Parker
La protagonista de Sex and the City fue niña actriz y se entrenó como bailarina
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Para muchos la carrera de Sarah Jessica Parker empieza y termina en un par, mil pares, de zapatos de Manolo Blahnik. Como ella misma cuenta, la identificación con Carrie Bradshaw, su personaje en Sex and the City, es tan fuerte que resulta más fácil suponer que su trayectoria se resume a interpretarla. La realidad, sin embargo, es muy diferente. Porque Parker comenzó a trabajar como actriz de niña y nunca se detuvo. En ese recorrido de más de cuarenta años que comenzó nada más y nada menos que en Broadway, la actriz tuvo grandes momentos que la llevaron a dónde está hoy: de regreso en HBO con la nueva serie Divorce, que se estrenó anoche.

Sobre el escenario. Fanática del ballet y el teatro, la pequeña Sarah Jessica empujaba a sus ocho hermanos a representar sus obras favoritas hasta que la pasión y el compromiso de la nena resultaron en una profesión. Desde su Ohio natal la familia se trasladó a Nueva Jersey para probar suerte en las audiciones de Broadway. Durante un tiempo las cosas fueron bien, consiguieron papeles en La novicia rebelde, pero el gran salto ocurrió cuando Parker fue elegida para interpretar a Annie en el musical del mismo nombre. Una peluca pelirroja y enrulada después ese papel la convirtió en una estrella. Y ni siquiera tenía 15 años.

Las chicas solo quieren divertirse. Con el prestigio y el reconocimiento que le dio Annie, Parker pasó su adolescencia interpretando personajes algo torpes en la TV y sólo después de graduarse de la secundaria se pasó al cine. Primero con papeles secundarios (aparece en Footloose) hasta que le llegó el protagónico en el film dedicado al público adolescente: Las chicas solo quieren divertirse. Una oda a la música de los años ochenta en la que la actriz pudo aprovechar su talento para el baile ya que toda la trama giraba en torno a un concurso de baile en el que su personaje soñaba con participar.

Un poco de magia. Cumplida la etapa de estrella adolescente, a Parker le tocó hacer la transición a actriz adulta a principios de los noventa y como sucedió cuando dejó atrás los papeles infantiles, eligió papeles secundarios en proyectos que le interesaban y rápidamente la instalaron como una habilidosa actriz de carácter. Así participó en L.A. Story de Steve Martin, fue una de las brujas de Abracadabra y le prestó sus sweaters de angora a Johnny Depp en Ed Wood de Tim Burton.

Bajo el sol. Ya con casi veinte años de carrera y un recorrido por todos los medios y escenarios finalmente Parker consiguió un papel en cine a la medida de su presencia escénica . Fue en la comedia Rapsodia en Miami en la que interpretaba a Gwyn, una mujer en plena crisis emocional por la propuesta de matrimonio de su novio aparentemente ideal. Graciosa, elocuente y sexy, el personaje probó su capacidad para ser protagonista y la puso a pocos pasos de Carrie Bradshaw. El sexo ya estaba, solo le faltaba la ciudad.

Simplemente Carrie. Cuando llegó la propuesta de adaptar para la TV los libros de Candace Bushnell la carrera de Parker en cine no terminaba de despegar. Y la oferta resultó aun más atractiva cuando incluyó hacerla productora del ciclo. Así, todos sus años de experiencia en teatro, cine y TV se pusieron al servicio de contar la historia de las cuatro amigas de Manhattan. Mujeres adultas, neuróticas, elegantes y creativas en busca del amor y la realización personal. Una combinación tan fantasiosa como perfecta que las convirtió en inolvidables personajes televisivos.
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