Cómo es Riverdale, la reinvención de Archie para la generación millennial

Veronica (Camila Mendes), Archie (K. J. Apa) y Betty (Lili Reinhart), en Riverdale
Veronica (Camila Mendes), Archie (K. J. Apa) y Betty (Lili Reinhart), en Riverdale Crédito: The CW
La serie renueva el inocente cómic sobre el estudiante pelirrojo y sus amigos con asesinatos e intrigas, a medio camino entre Twin Peaks y Veronica Mars
Eneko Ruiz Jiménez
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27 de enero de 2017  • 10:55

El pelirrojo Archie, protagonista de Riverdale (que ayer se estrenó en los Estados Unidos, en la cadena CW), es un ícono de la cultura estadounidense desde hace 75 años. El cómic con su nombre fue durante décadas el más vendido de los EE UU, por encima de títulos como Superman o Spiderman. Pero, aunque su rostro sea tan famoso como Mickey Mouse al otro lado del charco, si vives fuera de los Estados Unidos seguramente ni te suene. Por suerte, y más allá de bromas internas, su versión de carne y hueso no necesita conocimiento previo. Archie no es hoy el arquetipo de adolescente con buen corazón nacido en la Segunda Guerra Mundial. Ahora es hijo de la generación Z, Crepúsculo y Gossip Girl.

"Archie era la historieta Donald Trump, puro EE UU", bromea Álvaro Pons, autoridad española del cómic: "Es la historieta generacional estadounidense. Un costumbrismo difícil de trasladar a otra cultura. La comedia juvenil de los cincuenta, con secundaria, bromas de mal gusto, fraternidades... si bien la base era el grupo de amigos, con quienes los lectores se sentían identificados".

El joven —interpretado por K.J. Apa—, junto a sus amigos Jughead (Torómbolo en castellano), Betty y Verónica, no es ya el inocente chico que vive en una idílica ciudad rural basada en los recuerdos del Kansas de la infancia de su creador, el escritor John Goldwater. En la localidad de Riverdale sigue habiendo animadoras y bailes de bienvenida, pero también un asesino, sexo con profesoras y tríos románticos. El concepto lo explica Roberto Aguirre-Sacasa, renovador de la serie, en una frase: "Mezclamos Archie con Twin Peaks ". La ficción mete en la coctelera Beverly Hills 90210 (Luke Perry es, en la ficción, el padre del protagonista), Glee , Pretty Little Liars, Veronica Mars y hasta Stranger Things —la actriz de Barb, Shannon Purser, se incorporará más adelante al reparto— para montar un misterio en este pueblo de la América profunda donde nada es lo que parece. El único requisito indispensable era respetar el carismático cuarteto de instituto, reconocido en todo el país. "De niño, quería ser su amigo. Pese a todo, se querían", recuerda el guionista, hijo de inmigrantes nicaragüenses y responsable también de adaptar al siglo XXI las viñetas. Porque la reinvención del mito no es exclusiva de la pantalla.

Hasta finales de los 90, Archie siguió estando entre los cómics más vendidos. Era el único que los niños "compraban en supermercados y quioscos", explica Pons, a quien el estudio de las cifras le desconcertó: "Lo que más interesaba al lector era el costumbrismo". La colección superó los 600 números y lanzó derivados como Sabrina, la brujita adolescente. Por sus páginas pasaron famosos (Jerry Lewis, Kiss...) y extravagantes personajes de ficción (de las Tortugas Ninja a El Castigador). Si salías en Archie eras alguien. "Cuando pierde el referente generacional y es sustituida por las series de televisión de Disney como Hannah Montana, las ventas caen", reflexiona Pons.

Entonces nació un nuevo cómic, Life with Archie, donde el protagonista se casaba con sus dos eternas pretendientas, Betty y Verónica, en sendos universos paralelos donde desarrollar lo que sucede cuando acaba el coqueteo. Cuando ambos universos chocaban, la serie daba un giro de ciencia ficción. Al final, Archie Andrews moría.

A partir de ahí, el personaje resucitó multiplicado en otros títulos. Llegaron Sharknado, los Ramones y hasta zombis, en una colección de terror ( El más allá con Archie) ya firmada por Aguirre-Sacasa, quien gracias a ese trabajo se convirtió en director creativo de la empresa que edita los cómics. La banda de Riverdale acogió, además, a su primer personaje homosexual (uno de los protagonistas en TV), una discapacitada e incluyó relaciones interraciales. Mientras tanto, Jughead-Torómbolo se revelaba como asexual.

Gracias a esta revolución, cuando menos se esperaba, Archie vuelve a tener una línea de cómics que además recibe el aplauso de la crítica. "Ha evolucionado sin nostalgia, capturando lo que interesa en la actualidad".

Pons lo tiene claro: "Lo único que importa son las aventuras de cuatro jóvenes. Lo que rodea puede ser cualquier cosa. Si tienes éxito, las ideas son ilimitadas". Ahí es cuando entra en juego este Riverdale con testosterona, música, crepúsculos, referencias culturales y culebrón, aunque también con una ironía siempre presente de saber lo que son. Hoy se abre una nueva página —más sexy— en la vida de Archie.

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