Deadly Class: una escuela de asesinos con corazón de oro
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Deadly Class. Creadores: Rick Remender y Miles Orion Feldsott. Elenco: Benjamin Wadsworth, Lana Condor, Siobhan Williams, Taylor Hickson, Benedict Wong y otros. Disponible en: FX (los jueves, a las 22) y en Fox Play. Nuestra opinión: buena.
La premisa de esta serie, basada en un cómic escrito por Rick Remender (quien también oficia aquí de coguionista, showrunner y productor junto a los hermanos Russo, de los Avengers de Marvel), recuerda a otras historietas más conocidas como Los invisibles de Grant Morrison o Wanted de Mark Millar: un joven con tendencias criminales es captado por una organización antisistema para poner su talento al servicio de una conspiración para alterar el orden mundial.
La diferencia es que aquí dicha organización es una escuela de asesinos (diferencia muy parcial, porque en Wanted también lo era), oculta tras una carnicería de San Francisco, cuyo lema es que el mundo también puede ser transformado a balazos (una idea que tampoco puede ser calificada de original). A esta secundaria asisten los hijos adolescentes de los criminales más célebres del mundo.
El protagonista, Marcus Lopez (Benjamin Wadsworth), un huérfano que aspira a asesinar a Ronald Reagan (la serie transcurre en 1987), no tiene un amplio linaje homicida, de modo que rápidamente se convierte en un paria que solo puede juntarse con los estudiantes punkies menos populares, esos que no pertenecen a ninguno de los clanes establecidos (los rednecks nazis, los gangsta, los chicanos violentos, etcétera).
La serie combina los tópicos de las ficciones adolescentes y carcelarias: algo así como si El club de los cinco se desarrollara en el mundo de Prison Break. También aspira a un grado de incorrección al presentar, por ejemplo, castigos corporales a mujeres, un villano que practica el bestialismo o, lo que quizá resulte más irritante –en 2018 se alcanzó el récord de homicidios en colegios en los Estados Unidos– un culto a las armas entre los estudiantes (aunque la cantidad de armas de fuego es notablemente menor al cómic de 2014).
Con esto no se pretende decir que la serie no debería apelar a esas ideas, sino señalar que su desafío a la doxa no se sostiene en otros niveles del relato: aunque todos los protagonistas son presentados como asesinos despiadados, pronto aquellos que piden nuestra identificación se revelan nobles, duros en el trato pero incapaces de crueldad, y dispuestos a defender a los más débiles. Es decir que, para narrar, la serie apela a los resortes más tradicionales del drama televisivo y no se mueve de la norma, cosa que deja su postura políticamente incorrecta apenas como un maquillaje para mostrarse "polémica".
A pesar de su exceso heredado del cómic (que, a veces, se vuelve incómodo en la traducción de dibujos a humanos), Deadly Class se niega a ser una parodia y se toma muy en serio, en particular en el desarrollo de los vínculos entre los adolescentes. Está claramente dirigida a este público, aunque su realización competente y su buena banda sonora de los 80 (mucho pospunk inglés como Echo & The Bunnyman, Killing Joke, New Order) pueden hacerla llevadera para teens de cualquier edad.
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