Netflix: Gracias a Conversaciones con asesinos, Ted Bundy les habla a sus fans
Conversaciones con asesinos: las cintas de Ted Bundy. Creada por Joe Berlinger. Disponible en: Netflix. Nuestra opinión: buena.
En la mitología de la excepcionalidad norteamericana, el asesino serial es una figura que no existía antes de los años 70 y surge en los Estados Unidos luego de los crímenes del clan Mason, John Wayne Gacy y el propio Ted Bundy. En el resto del mundo –aunque no es algo de lo que ninguna otra nación se jacte– los asesinos múltiples existieron siempre: desde el barón francés Gilles de Rais, ferviente católico y asesino de niños del siglo XV; la condesa húngara Erzebeth Bathory, que se bañaba en la sangre de vírgenes para conservarse joven y fue una de las inspiraciones para el Drácula de Bram Stoker; el alemán Peter Kurten, que bebía sangre e incineraba a sus víctimas (cuya historia fue inmortalizada en el clásico de 1930 M, el vampiro de Dusseldorf, de Fritz Lang) hasta, desde luego, el más célebre de todos, Jack, el destripador.
La diferencia entre todos esos asesinos seriales y los surgidos en los años 70 es que en la época de los primeros toda la percepción de la realidad no estaba determinada por lo que dictaban los medios masivos. En los 70, la caída de ratings y de venta de diarios logró ser revertida por noticias continuas de asesinatos que despertaron un frenesí en el interés del público, cosa que, a su vez, retroalimentó la publicación de crímenes, estirados, sobreanalizados y exagerados al punto mórbido de que se terminó convirtiendo en figuras de culto, incomprensibles e inescrutables, a sus autores.
La nueva serie documental de Netflix , Conversaciones con asesinos: las cintas de Ted Bundy, repite el consabido rosario citado previamente; que no había asesinos seriales antes de los 70, que los crímenes de Bundy son inexplicables desde la psicología convencional, etcétera, y pone en funcionamiento un mecanismo similar al desenfreno mediático que desencadenó la paranoia y fascinación con los asesinos múltiples: la serie retoma la idea de la excepcionalidad de la mente del asesino serial y le cede la palabra al propio Bundy para que cuente su historia.

Más allá de que es moralmente cuestionable otorgar una plataforma mayor a un asesino que a su víctimas (cuyas voces e historias casi no aparecen), aquí, el narcisista Bundy, además, logra hablar mucho más de sí mismo que de lo que interesa sus entrevistadores. Los datos que surgen son bien conocidos (de hecho, el contenido de estas cintas fue publicado como libro hace dos décadas) y no sorprenderán a ningún seguidor del true crime. Los interesados en este género seguramente se verán decepcionados también porque aquello que suele atraerlos es la descripción detallada de cada crimen, de modo de acompañar o tratar de adelantarse a los pasos del detective en la resolución del caso. Aquí, cada una de las víctimas de Bundy recibe tan poca atención que ese proceso es imposible.
Con su buena edición y una destacable búsqueda de material del archivo,la serie puede funcionar como una correcta introducción al cada vez más popular true crime, pero no es comparable a cumbres de género como The Jinx, que también da una plataforma al asesino, pero solo para empujarlo a su caída.

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