Netflix: Marianne escenifica el mejor terror a la francesa

Creada por Samuel Bodin, la ficción es una de las más inquietantes de la plataforma de streaming
Creada por Samuel Bodin, la ficción es una de las más inquietantes de la plataforma de streaming
Paula Vázquez Prieto
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26 de septiembre de 2019  • 14:13

Marianne (Francia, 2019). Creador: Samuel Bodin. Elenco: Victoire Du Bois, Lucie Boujenah, Alban Lenoir, Ralph Amousson, Tiphaine Daviot, Mireille Herbstmeyer. Disponible en: Netflix. Nuestra opinión: muy buena.

"Marianne nació un martes, estuvo feliz un miércoles, se casó un jueves, se hizo bruja un viernes". Las voces infantiles que animan el himno a Marianne reverberan una y otra vez en la nueva serie de terror de Netflix, una de las más inquietantes de las que se tenga memoria. Creada por Samuel Bodin y escrita junto a Quoc Dang Tran, esta incursión francesa en las historias de brujas y demonios encuentra el camino ideal desde el presente hasta el más oscuro de los pasados medievales, alojando en las entrañas del pueblo Elden las llamas de un infierno conocido.

Marianne es en realidad la historia de Emma Larsimon (excelente Victoire Du Bois), una escritora de best sellers de terror que ha decidido matar a su heroína de ficción, ya cansada del encasillamiento en la narrativa de género. "He decidido escribir una novela de verdad", dice con cierta ironía en una presentación frente a numerosos fanáticos indignados. Pero entre ellos asoma un rostro peculiar, una mujer de su pasado que viene a traerle un mensaje. La misteriosa aparición de Caroline y su fatal desenlace conducen a Emma a su pueblo de la infancia, donde nacieron las pesadillas que nutren desde siempre su literatura.

La serie usa con inteligencia el perímetro del pueblo, animado con bosques y lagos, casas antiguas, laboratorios abandonados. Allí hace eclosión tanto el pasado de Emma como el mito demoníaco que ha despertado con su imaginería literaria. Y la clave está en un rostro, el de Madame Daugeron (increíble Mireille Herbstmeyer), aparente encarnación de la bruja legendaria, la de la hoguera y las maldiciones, con sus ojos saltones y su voz de ultratumba. Sin efectos recargados, con un humor absurdo que recuerda al mejor Bruno Dumont -salvo algunos excesos de comedia física- y una estética que instala el horror en el revés del plano, Marianne elude todo sentimiento tranquilizador.

La llegada de Emma a Elden -junto a su tímida asistente Camille (Lucie Boujenah)- la reencuentra con su adolescencia abandonada: las tensiones con sus padres, los amores truncos del colegio, las culpas silenciadas. Hay una escena que conjuga de manera magistral el malestar de Emma con su vida anterior, y es la entrada a su casa de infancia ante la evidencia de signos de anormalidad. Tras cruzar la puerta, eso que parecía el preludio de la muerte se revela como el terror infantil al sexo de los padres, metáfora que la serie entreteje en más de una ocasión. Lo mismo sucede con la figura de Madame Daugeron y su falta de inhibiciones: ella muestra de manera inaceptable todo lo prohibido en el universo femenino, eso que las brujas han condensado desde su origen.

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