
Silencio y paz benedictinos
En la Abadía del Niño Dios, de Entre Ríos, fundada en 1899
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VICTORIA, Entre Ríos.– El paisaje es de naturaleza fecunda: plátanos, higueras, pinos, ombúes, helechos y cipreses, suaves lomadas de todo tipo de verdes y una gran variedad de aves. En la cumbre de una colina, al sur de la provincia de Entre Ríos, a dos kilómetros de Victoria, se levanta contra el cielo azul la centenaria Abadía del Niño Dios.
Fundado por monjes franceses en agosto de 1899, es el primer monasterio benedictino de Hispanoamérica. Cuenta la historia que las autoridades civiles de entonces no habrían permitido la radicación de una orden que no se dedicara a actividades educativas o sociales, de modo que los religiosos abrieron rápidamente un colegio agrícola-industrial. Se ocuparon de la atención pastoral de todo el departamento de Victoria, pero la actividad sacerdotal y misionera se realizó, al mismo tiempo, en diversos lugares del país.
Hoy, es un centro de peregrinaciones donde confluyen visitantes de todo el país y brinda paz y descanso a todas las personas que se acerquen, sin importar su credo o condición social. “Nuestro hospedaje, que también funciona como Casa de Retiros, no es una residencia turística, sino un lugar para descansar en un ambiente espiritual. Deseamos que todo el que busca verdaderamente a Dios pueda encontrarse con él y consigo mismo”, explica el hermano Miguel, encargado de tratar con huéspedes y visitantes, ya que no todos los monjes pueden hacerlo, lo que asegura la intimidad y la clausura que la comunidad necesita.
Por estos días, los monjes entran en retiro espiritual. Se los ve poco, sólo durante las misas en la iglesia o en los horario de comidas, en un comedor que comparten con los huéspedes, pero en una mesa aparte.
A diario, cada monje dedica un tiempo a la oración, en la soledad y el silencio de su celda, pero también al trabajo manual, donde se destacan la fabricación de quesos y dulce de leche, la apicultura (miel, jalea real, propóleos) y la elaboración de un licor monacal, productos cuya venta posibilita ayudar a los necesitados y al sostenimiento de la comunidad. “Llevó años desarrollar este licor artesanal, experimentamos agregando diversas hierbas hasta llegar a 73. Hace más de veinte años que lo fabricamos; dulce y seco, tiene un equilibrio justo, es único en su género”, cuenta, orgulloso, el hermano Jorge, que lleva más de cincuenta años en la abadía.
Junto al monasterio funciona el Instituto de Profesorado San Benito, destinado a la formación docente y profesional en diversas carreras, como profesorado en Filosofía, Psicología y Biología, entre otras.
Como todo monasterio benedictino, el del Niño Dios está gobernado por un abad elegido por la comunidad, que trabaja por el bien espiritual de los monjes y atiende la administración de los bienes del monasterio.
No es el hábito
¿Cómo se llega a ser monje? Quien lo desea, conoce como huésped el estilo de vida en el lugar y toma contacto con el maestro de novicios. Luego de un tiempo de maduración y discernimiento, se invita al candidato a compartir la rutina de la comunidad durante un mes. Si sigue con su propósito y si el abad lo acepta, comienza el período de postulantado (entre 6 y 12 meses).
Luego sigue el noviciado canónico, que dura un año, al fin del cual, si el novicio es recibido por la comunidad, realiza su primera profesión monástica por tres años (votos temporales). Desde este momento se lo considera monje. Al fin de los votos, si reúne las condiciones necesarias, puede hacer la profesión solemne: la consagración para toda la vida. Un dato: los monjes utilizan sólo su nombre de pila.
El tiempo en la abadía, para los monjes, transcurre entre diversas labores, salmos, alabanzas e himnos cantados a Dios de día y de noche; para los ocasionales parroquianos, entre plácidas caminatas al aire libre, la lectura, el descanso y la reflexión. Un lugar –con dirección en Internet: www.abadiadelniniodios.com.ar– de serenidad inusitada, mezcla de religión, romance y misticismo, donde la paz, tan lejana en otros sitios, parece flotar eternamente en el horizonte.
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