
Los españoles se despidieron en Obras. Donaron su recaudación a los mapuches y a comedores populares. Hubo disturbios al terminar el show.
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Otra jornada primaveral la del sexto día del Pepsi Music, con un Estadio Obras que de a poco fue colmando su capacidad para la despedida de Ska-P de los escenarios.
La fecha comenzó temprano en el escenario Indoors. Y allí las palmas se las llevaron los cordobeses de 250 Centavos (serios candidatos a alzarse con el Premio Revelación del Evento, con sus versiones ska punk de La Mona Jiménez -“Muchacho de barrio”- y “Barrilito de cerveza”) y los recientemente reformados Intocables, que clausuraron ese tablado a puro ska y rock steady.
Ya afuera, poco antes de las 19 horas Expulsados abrió su set con “2000 Hombre Digital”, canción que da comienzo a su cuarto disco, Cuarto para espectros . Campera de cuero, remera con una E mayúscula, jeans, botitas de básquet y Ray Ban: el uniforme ramonero a pleno para el cantante del combo, Sebastián. Una media hora de puro punk rock nacional para calentar motores, con “Enfermera vudú” como pico cúlmine.
Media hora después, El Mosca y sus 2 Minutos desataron uno de los pogos más importantes en lo que va del Pepsi Music. Los Green Day de Valentín Alsina era un acto deseado dentro del evento, y los fans respondieron a la medida de las expectativas. “Mundo TV”, “Piñas van, piñas vienen”, “Laburantes”, “Ezeiza”, eran coreados por los fans, que no dudaban en danzarlos tal como Sid Vicious le enseñó al mundo en 1976 en Londres. El final esperado (“Ya no sos igual”, “2 Minutos”) potenció una actuación contundente del quinteto.
Mientras que desde el camión de la Rock & Pop se podía escuchar la previa de Argentina vs. Uruguay por las eliminatorias para el mundial de fútbol Alemania 2006, en el campo el grito era uno solo: “No se va, Ska-P no se va”. Los madrileños se despedían por tiempo indeterminado, y su gente no quería perderse ni un solo detalle.
Una remera blanca, sin mangas, proyectaba desde el pecho de Pulpul, el cantante de Ska-P, la frase “Justicia por nuestros Callejeros” ¿Cómo? Es que una delegación de familiares de las 194 víctimas de la tragedia de Cromañón visitaron a la banda madrileña en camarines, antes del show. Ya en escena, la agrupación (a horas de dejar de serlo) hizo un importante anuncio: donarán la totalidad del cachet que el grupo cobró en su doblete-despedida-mundial. “No queremos ni un duro de la Pepsi”, exclamó Pulpul. Los destinatarios de la recaudación, dijo, serán una serie de comedores populares del Gran Buenos Aires y las comunas mapuches de la cordillera andina. Y para refrendar este último dato Miriam, una vocera de los verdaderos nativos americanos, hizo una proclama en la que no faltaron los dardos a Benetton y a Repsol YPF, “en un día de luto para todos” (en referencia al 12 de octubre, Día de la Raza). “Diez veces venceremos”, afirmó Miriam, en su idioma natal.
Así, alterando sólo dos temas de la lista que los fans criollos ¡y repatriados! pudieron escuchar ayer (en su primera presentación comenzaron su repertorio con “Gato López”, en la segunda con “Estampida”; mas una versión de “I Wanna Be Sedated” de los Ramones), Ska-P estalló con la potencia de la glicerina sobre el escenario central de Pepsi Music. Y, con su convoy de clásicos para ajustar cordones (“Planeta escoria”, “A la mierda”, “Tío Sam”), hicieron que las crestas danzaran frescas, en círculos, provocando la conjunción de cientos de cuerpos embebidos en sudor. Unidos en un pogo perpetuo.
Al final, mientras comenzaban los bises (“Cannabis”, “Niño soldado”, “Mis colegas”, “Kasposos”), un pequeño grupo de punks irrumpieron el vallado de cuerpos que los hombres de “seguridad” tejían ante el acceso al campo abierto de Obras. Algunos lograron llegar al pogo. Otros, fueron doblegados por un escuadrón los patovicas que los golpearon brutalmente. A uno de ellos, le golpearon la cara contra un árbol (aún adentro del predio) y, cuando un cronista del equipo de RS irrumpió en la golpiza con intención de detenerla, fue reducido, golpeado (también dentro del estadio) y sacado sin derecho a réplica y a la rastra del lugar.
En ese momento, una batalla campal se desato en el cordón de acceso. Botellas impactando en los móviles, los hombres de seguridad castigando todo a su paso y la montada lista para reprimir al pogo ¿ilegal? que se extendía sobre Libertador. De pronto, Ska-P dejó de existir. Y su gente enfrentó, de nuevo, la escoria de este planeta. Tal como dijo Pulpul al promediar el show: “La vida sigue… ¡en este mundo de mierda!”.





