Estadio Pepsi Music, Buenos Aires. 12 y 13 de septiembre
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Pudriéndola a tope
De la mano del reingresado y bestial baterista Dave Lombardo, la banda de metal extremo asoló Buenos Aires.
Bueno, ahora vamos a cantar una canción de amor. ¡¡«Dead Skin Mask»!!, introdujo Tom Araya con una sonrisa maliciosa en el flaco castellano que le queda de su Chile natal. Se sabe: Slayer no tiene en su repertorio nada que pueda asociarse con el romanticismo y mucho menos una balada. ¡Ni siquiera confían en los medios tiempos! Hace casi 25 años en Huntington Park (California, Estados Unidos), cuatro niñatos se juramentaban hacer la banda más extrema del universo. La empresa resultaba tan improbable como seductora. Pero la mantuvieron como norte durante toda su carrera. Esa constancia los excluyó del éxito masivo que conquistaron Metallica y Megadeth –porejemplo–, pero al mismo tiempo les permitió –entre muchas otras cosas– llenar dos Obras casi sin publicidad, ni temas en rotación, nimayor eco de los medios masivos.
Si bien el argumento nominal de esta gira es presentar el revitalizante Christ Illusion, la posta en la Argentina era disfrutar otra vez a la formación original de Slayer. Sí, el regreso con doble bombo y platillos de Dave Lombardo, el batero más influyente de la generación thrash y un inquieto por naturaleza que se permite compartir proyectos con MikePatton, John Zorn y DJ Spooky. Si algún incrédulo se atrevió a imaginar que este retorno podía tener algo de burocrático, bastaron apenas un par de temas para hacer que ese escepticismo volara por el aire. Slayer impuso una vitalidad desbordante desde el primer riff. Sorprendió la elección de “Disciple” para abrir, pero los legendarios “War Ensemble” y “Blood Red” hiperventilaron los corazones y mostraron a una banda súper ajustada, capaz de mantener una intensidadinhumana, potenciada por un sonido brutal y a la vez nítido. La lista de temas se centró en lo más granado de la era Lombardo (del disco nuevo sólo apareció el provocador “Cult”). Así las cosas, salpicados de breves espacios para que el público desarrollara los infaltables cantitos de ocasión, se fueron sucediendo los indelebles “Die by the Sword”, “Mandatory Suicide”, “Dead Skin Mask”, “Hell Awaits”, “Seasons in the Abyss”, “Chemical Warfare” y “Rain in Blood”, entre otros.
Poco después de las 10.30, el vendaval mayor había pasado y sólo restaba el tiro del final con “South of Heaven” y “Angel of Death”. Los que no tenían su entrada para el miércoles empezaban a analizar por qué órgano le darían más efectivo para poder repetir, y el resto todavía se suspendía sobre el piso por el increíble despliegue de Lombardo; los riffs y duelos de solos de la dupla Kerry King/Jeff Hanneman; y los bramidos y el bajo de Araya. Es probable que si tuviéramos todas las semanas un show de Slayer, el análisis sería más severo. Pero la inyección de adrenalina y el vértigo que generaron aquella noche de septiembre ya amenaza con convertirse en mito.
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