Succession: los Roy emprenden una pelea a todo o nada por conservar su imperio mediático

Brian Cox como Logan Roy en Succession
Brian Cox como Logan Roy en Succession Crédito: HBO
María Fernanda Mugica
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12 de agosto de 2019  • 09:52

Succession sorprendió en 2018 con la historia de la multimillonaria y disfuncional familia Roy. Ayer, a las 22, HBO estrenó la segunda temporada de esta excelente combinación de drama y comedia, poblada de personajes egocéntricos y codiciosos, capaces de cualquier cosa para conservar o acceder a una increíble cantidad de poder y dinero. Atención: hay spoilers.

Trailer de Succession, temporada 2 - Fuente: YouTube

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La serie creada por Jesse Armstrong retomó la historia casi inmediatamente después de los hechos del episodio final de la primera temporada(que está disponible en HBO Go y Flow, como también lo estará esta segunda temporada). Kendall (Jeremy Strong), el hijo que quería ser el sucesor de su padre en el conglomerado familiar de medios de comunicación y otros negocios, está recuperándose en un spa de su recaída en la adicción de drogas y, sobre todo, de la enésima vez en la que pierde en una pulseada ante su padre. En este caso, se vio obligado a abandonar sus planes de apoderarse de la empresa junto con su amigo y con el máximo competidor de los Roy cuando se ve involucrado en un accidente fatal con un camarero de la boda de su hermana. Su padre ofrece ocuparse de que el asunto no salga a la luz a cambio de que desista de continuar con su intento de quitarle su imperio. Logan Roy nunca pierde.

Al comienzo de esta nueva temporada, Kendall tiene que presentarse en la TV y explicar lo inexplicable para calmar a los mercados y que las acciones de la empresa no se desplomen. Mientras tanto, Roman (Kieran Culkin) está en Japón con Gerri (J. Smith-Cameron) para ocuparse de las consecuencias de la explosión del cohete, por culpa de la presión que él mismo ejerció para que se apuraran los preparativos y se hiciera durante la boda de su hermana. Shiv (Sarah Snook) y su flamante esposo Tom (Matthew McFadyen) pasan su luna de miel en un yate, más preocupados por saber qué sucederá con la empresa que por disfrutar del romance.

Convocados por el patriarca se reúnen todos en la mansión familiar en Long Island. Un olor horrible de fuente desconocida le da la bienvenida al grupo familiar que incluye también al hijo mayor, Connor, y su novia a sueldo y aspirante a dramaturga Willa; a Gerri y a la inescrutable esposa de Logan, Marcia. "Pelear o vender" es el planteo que el líder de los Roy pone sobre la mesa para conocer las opiniones de sus hijos. Aunque es probable que él ya lo tenga decidido.

De esta forma Succession -que está nominada a varios Emmy, incluyendo las categorías de drama, guion y dirección- pone en marcha la nueva temporada que promete continuar con el brutal retrato de una familia consumida por su propia ambición y signada por las traiciones. El tono vuelve a estar en el punto justo entre la tragedia y la comedia, con grandes dosis de cinismo. Pero si el guion de la ficción es uno de los pilares de su éxito, no quedan dudas de que el otro son las actuaciones. Desde Brian Cox en el papel de su vida como el patriarca que siempre está un paso adelante, a pesar de sus problemas de salud, hasta cada uno de los actores que interpretan a sus hijos y los roles secundarios que tienen el mismo nivel de desarrollo que los principales. Succession es como una obra de Shakespeare del siglo XXI y un ejemplo de la televisión de calidad en su mejor forma.

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