Superpoderes y realismo sucio en Jessica Jones

La nueva heroína, proveniente del universo Marvel, es una cínica detective privada, protagonista de la nueva serie de Netflix
Hernán Ferreiros
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21 de noviembre de 2015  

En los años 80, el dibujante y guionista Frank Miller ( Daredevil, El regreso del señor de la noche) transformó el cómic norteamericano al cruzarlo con la sensibilidad oscura y la ambigüedad moral de la novela negra. Su facilidad para el diálogo lacerante y seco al estilo de Mickey Spillane no perjudicó en nada a los superhéroes, que ya necesitaban una puesta al día. Bajo el látigo de su pluma, estos seres de luz se convirtieron en habitantes torturados de los bajos fondos de megalópolis corruptas. A las dimensiones paralelas habituales en las historietas, Miller agregó una más: la emocional. En sus cómics, los superpoderes no pasan de la anécdota y no son tremendamente útiles porque el mayor enemigo es siempre interior. Sus superhéroes no son más que humanos sino demasiado humanos.

Su mejor discípulo en las siguientes décadas fue el también dibujante y guionista Brian Michael Bendis, que usa sus mismos recursos y referencias similares. Bendis es un obsesivo confeso del film noir. Si Howard Hawks hubiera recibido el encargo de dirigir una de las entradas del Marvel Cinematic Universe, el resultado seguramente sería muy parecido a un cómic de este autor. Sus primeras historietas, Fire, AKA Goldfish y Jinx , podrían ser parte del canon del más puro policial negro contemporáneo. En Alias, el primer cómic que creó para Max, la línea de historietas para lectores adultos de Marvel, puso en juego todos los elementos que lo cautivaban. Su protagonista es la combinación de los dos centros gravitatorios de la serie negra el detective privado golpeado por la vida y la femme fatale, pero en un mundo donde existen justicieros con superpoderes. En efecto, Jessica Jones, tal es su nombre, es una investigadora privada y se nos revela rápidamente integrante efímera de L os Vengadores , que, en el presente de la narración, tiene una oficina de mala muerte donde recibe encargos de maridos engañados y padres que buscan a hijas desaparecidas. De algo tienen que vivir los superhéroes retirados. La narración, en una primera persona sarcástica, termina de confirmar el pedigrí genérico del relato.

La serie que Netflix estrena hoy los 13 episodios de la primera temporada ya están disponibles online toma sólo uno de los arcos argumentales de la historieta y lo expande a todo el ciclo: el enfrentamiento de Jones con un mutante sociopático llamado Kilgrave. La Jessica Jones de carne y hueso es Krysten Ritten, la recordada Jane Margolis de Breaking Bad. Su interpretación es uno de los puntos altos de la serie, cáustica, cínica, frágil y herida, todo a la vez. En su piel, Jessica Jones es vulnerable sin mostrarse indefensa; es segura de sí pero temerosa del dolor que puede provocar. Ritten incorpora ironía y muchos tonos de gris a un personaje que en otras manos podría haber sido apenas una parodia. Su interés romántico es Luke Cage (Mike Colter), un héroe muy popular entre los lectores de Marvel, que aquí permanece en segundo plano, pero que tendrá su propia serie de Netflix en el futuro cercano. El ex Dr. Who David Tennant es Kilgrave, villano que tiene el don de dominar a otros con su poder mental. Tennant, veterano de la televisión británica, crea un psicópata perturbador, cuya intensidad se potencia por el tiempo que se toma la serie para construir su amenaza.

Con Daredevil, la incursión previa de Netflix en el universo Marvel, inspirada notablemente en el trabajo de Frank Miller sobre el personaje, forma un díptico de idénticas coordenadas: policial negro, realismo sucio, protagonistas multidimensionales y superpoderes de baja intensidad. Como émulos de la línea de cómics para adultos de Marvel, estos programas representan un salto cualitativo en las incursiones televisivas de la compañía porque reconocen que existen espectadores adultos de programas con superhéroes. Por eso, la serie se permite incorporar una subtrama potente acerca de la violencia de género. El poder que importa en este show de superhéroes es el poder de las mujeres que logran sobreponerse al abuso y a la dominación de un hombre. La showrunner Melissa Rosenberg (guionista de todas las Crepúsculo, un antecedente poco promisorio) logró hilvanar un relato feminista en un género casi siempre de y para varones que los amantes de los superhéroes pueden disfrutar sin sentirse excluidos, ni emasculados. Otro poder notable de Jessica Jones.

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