
Susana Balán: "La valentía de permitirse ser fuerte y afectuoso"
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"¿Sabe a que vienen las mujeres a Nueva York? Si les pregunta le van a responder a estudiar, a trabajar, a pasear, o a vivir la experiencia de estar en el ombligo del mundo. Pero la realidad es otra", explica la terapeuta Susana Balán, que llegó a Buenos Aires para presentar su último libro, Dos para el tango.
Susana nació en Sáenz Peña, Chaco. Egresó de la Universidad de Buenos Aires en 1963, con la primera camada de psicólogos universitarios y luego fue discípula de Enrique Pichon-Rivière, con quien aprendió técnicas grupales de investigación en opinión pública. Ejerció la clínica psicológica en Buenos Aires, Río de Janeiro y, desde hace 1998, en Nueva York, donde reside.
–¿Qué van a buscar las mujeres a Nueva York?
–Hay que ser valiente para ir a vivir a Nueva York. Valientes, chifladas y temerarias (ríe), pero van buscando integrar dos actitudes: ser fuertes y afectuosas al mismo tiempo, sin que signifique una contradicción, lo que denomino mujeres sincréticas afectivas. Una nueva subjetividad.
–¿Sincréticas afectivas?
–No son muchas, pero existen y cada vez son más. Sincrético, según el diccionario, es armonizar elementos de orígenes diferentes. Todo lo contrario de las mujeres confusas, que son mayoría, y que cuando son buenas y afectuosas sufren porque no son fuertes y cuando son fuertes sufren porque sienten que no son buenas y afectuosas. No es fácil vivir así, pero ésa fue su formación; esto no afecta sólo a las mujeres, los hombres también lo sufren.
–¡Qué drama!
–Cuando llegué a Nueva York comencé a trabajar con un tipo de pacientes que no había tratado hasta ese momento, gente con la edad de mis hijas, alrededor de 30 o 35 años. Durante una sesión, cuando hacía apenas un año que trabajaba en la ciudad, una conocida periodista mexicana, muy dolorida por muchos fracasos amorosos, me dijo: "Las mujeres de tu generación nos enseñaron a pelear, pero no nos enseñaron a amar". Y agregó que para algunas madres "ellas se comportaban o bien como débiles e ingenuas que todavía creen en los cuentos de hadas o como mujeres fuertes, pero tan malas y egoístas que ningún hombre las aguanta". Me dejó pensando y empecé a repasar mi relación con Elisa, mi madre, y la mía con mis hijas.
–¿Cómo era Elisa?
–Cuando hablan de mi sonrisa, de mi mirada, de la calma o paz que transmito, sé que se refieren a mi madre: reconozco su presencia de curalotodo en cada uno de mis gestos de psicóloga. ¿Ve que yo no me pinto? Bueno, es que mi madre tampoco se pintaba. Elisa era una campesina maravillosa, una Pachamama; tremendamente honesta. Cuando comencé a buscar un rumbo para mi vida, ella se golpeaba la cabeza porque sentía que no me podía ayudar. "Hija, empollé un huevo de águila y nació un águila. Pero yo soy una gallina y no te puedo seguir, no puedo volar con vos. Y eso no es malo, es así y no hay que sentir culpa. No es malo ser águila, como no es malo ser gallina. Sigue tu vuelo y no pienses en lo que dejas atrás. Elisa me enseñó algo muy importante, una ética, poder volar sin culpas y eso significó una gran libertad. Algo que nunca terminaré de agradecerle. Pero mi madre no me enseñó a discriminar en materia afectiva.
–¿Podría explicarlo?
–Cuando tenía 13 o 14 años y comenzaba a interesarme por los chicos, un día me llamó y me dijo: "Tenés que tener mucho cuidado, porque todos los hombres son malos". Me quedé pensando y le pregunté: "¿Tu hijo también?" Las dos sabíamos que mi hermano era muy bueno y mi madre adoraba a mi hermano. Dudó y dudó, pero finalmente me respondió: "Tu hermano, también..." Comprendí que estaba mintiendo y me sentí mal. Había mentido para protegerme, pero alguien que miente no es confiable. Tan preocupada estaba que terminó asustándome de todo, pero no me enseñó a discriminar entre hombres confiables, que los hay, y hombres no confiables, que también los hay.
–¿De qué trata el libro?
–De todo lo que hablamos, es autobiográfico, y lo escribí en Nueva York, donde las mujeres sincréticas afectivas son más numerosas. Además de terapeuta, soy una suerte de mamá improvisada para la gente que anda suelta: argentinos, colombianos, brasileños, hasta tengo una hija adoptiva india. Poco a poco se fue creando a mi alrededor una especie de comunidad virtual y cuando alguien viene a verme y lo veo con las mismas inquietudes de los buscadores del sincretismo afectivo, lo conecto. Incluso, hemos hecho reuniones para tratar estos temas, pero no somos una institución, nada estructurado.
–¿Por qué dos para el tango?
–Al comienzo del libro, entre textos de la escultora Niki de Saint-Phalle y de Caetano Veloso, introduje esta reflexión de Juan Carlos Copes: "El baile del tango es la búsqueda del hombre y de la mujer. Es la búsqueda del abrazo. Es la forma de estar juntos y de que el hombre se sienta hombre y la mujer, mujer, sin machismo". Es que en el tango la protagonista es la pareja.
Feminismo
"Creo que una de las tareas del feminismo para los próximos años es conseguir una igualdad afectiva entre el hombre y la mujer. Y pienso que para esto, los movimientos de naciones latinoamericanas o europeas, como España o Italia, donde lo afectivo ocupa un lugar más importante que en otros países, tendrían que asumirlo como proyecto prioritario."





