
Talento que promete
El pianista Horacio Lavandera, de 15 años, tocará en el Colón el año próximo
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"Hay que ser cautos." En el transcurso de la conversación que La Nación mantuvo con Horacio Lavandera, la frase sonó en varias ocasiones. Apareció con referencia al modo de elegir el repertorio o de estudiar una obra, cuando hubo que hablar de otros músicos -en realidad, aquí primaron más la prudencia y el respeto- o en relación con la necesidad o no de participar en algún concurso para iniciar una carrera. Aunque no es la cautela su única virtud. A ella le está agregando unas dosis inmensas de trabajo, talento, mucha inteligencia y pensamiento, cualidades que, nunca está de más recordarlo, son absolutamente imprescindibles para que una interpretación tenga algún grado de originalidad, una verdadera justificación y un valor artístico determinado.
Habría que aclarar que Lavandera es pianista y que en estos días acaba de grabar su primer compacto para el sello Testigo. Nada de esto parecería particularmente extraordinario. La diferencia con cualquier otra situación semejante es que Horacio, y es difícil no referirse a él sin apelar simplemente a su primer nombre, tiene quince años y un futuro extraordinario.
"En mi casa siempre hubo música. Sonaban el jazz, el tango, el folklore. Mi primera fascinación fue Chick Corea." También comenta que empezó a estudiar el piano a los siete años, con su tía abuela Marta Freijido, que había sido alumna de Scaramuzza. "Pero tocaba como jugando. Hasta que hace tres años llegué hasta Antonio de Raco." Luego de nombrarlo, para Horacio su profesor deja de tener nombre o apellido. A partir de ahora, con una veneración llamativa, siempre se referirá a él, como El Maestro. "Con él empecé a estudiar seriamente y a concretar todo lo que había imaginado." Desde entonces, su dedicación y los reconocimientos fueron en aumento.
Cuando tenía 13 años ganó el Concurso Internacional del Sonido y el Tiempo, auspiciado por la embajada de Italia. "El Maestro no quería que participara porque era muy chico. Yo igual me decidí porque quería tener un desafío y probarme a mí mismo. Era el menor de todos los participantes, toqué la Sonata Nº 18 de Beethoven y el primer cuaderno de "Imágenes", de Debussy, y gané." El premio fue una beca para participar en un curso de verano en Cerdeña dirigido por Stefano Mancuso.
El mismo año ofreció su primer concierto público en el Museo de Bellas Artes, y al año siguiente logró el primer premio en el Concurso Bienal Juvenil 99/00 de Festivales Musicales. El galardón consistió en una gira por varias ciudades argentinas. "Fue una experiencia sumamente importante para mí. Asimismo, apenas terminó el viaje, toqué el Concierto para piano Nº 21 de Mozart con la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigido por Anton Nanut." Por los conciertos, los concursos y la necesidad de estudiar, dejó de ir a la escuela. "Pero hago natación, estudio inglés y matemáticas y suplanto las materias que me interesan leyendo mucho."
Horacio da por entendido que esta evolución ha sido algo sumamente natural y casi prescinde de comentarios. José María, su padre, lo acompaña en sus viajes por el interior o por el extranjero y en entrevistas como ésta. Lentamente se va incorporando a la conversación y le insiste para que explique algún asunto con más detalles. Horacio, casi minimizando la situación, entonces acota que audicionó para Martha Argerich y para Daniel Barenboim, quienes lo elogiaron y lo estimularon ampliamente, y que tocó en el Canning House, de Londres, y en las embajadas argentinas en Bélgica y España.
Mientras hacía el recuento de su historia musical o el de su vida cotidiana, que incluyó la revelación de que estudia aproximadamente siete horas por día, su manera de hablar fue tranquila. Pero cuando comienzan los asuntos musicales, elige lentamente cada palabra y sus afirmaciones se visten con la cautela exhortada y con una contundencia sorprendente.
En contraposición a lo que se podría suponer, sus gustos musicales no van por senderos previsibles. "Escucho fundamentalmente música del siglo XX. Una de las experiencias más conmovedoras que he tenido ha sido escuchar fragmentos del "Wozzeck" de Alban Berg dirigidos por Carlos Kleiber. Desde entonces, sentí una profunda atracción por toda la música de Berg." A partir de esa circunstancia, comenzó a "consumir" todo lo que podía de este compositor hasta llegar a la necesidad de estudiar su Sonata para piano.
Dentro de la lógica de los niños prodigio se puede comprender cómo un chico puede abordar obras clásicas o románticas, incluso de dificultades elevadas. Pero no es sencillo involucrarse con una obra del calibre estético, técnico y emocional como el de la sonata de Berg. Sin embargo, para Horacio todo fue natural. "Conocí la sonata por la interpretación de Maurizo Pollini, mi pianista favorito, y realicé el mismo proceso que hago con cualquier otra obra. Primero trato de profundizar lo más que puedo en toda la creación de un compositor, su vida y su época. En este caso, confirmé que esta sonata es una de las cumbres del expresionismo. Con El Maestro, entonces, discutimos y estudiamos el expresionismo, también la pintura y la literatura." Concluye que "el expresionismo tiene una acentuación más dramática que el romanticismo. Es romántico, pero con un dolor más penetrante, más crudo, más elaborado y, por consiguiente, más expuesto. Desde el comienzo, la sucesión de cuarta justa y cuarta aumentada ya anuncia todo lo que va a ser la obra. Después, sólo hay que interpretarla".
También explica cómo es el procedimiento técnico. "Con El Maestro buscamos la digitación más apropiada, analizo los aspectos pertinentes con mi profesora de armonía, la compositora Graciela Tarchini, y trato de descubrir qué me dice a mí esta obra." Reconoce que es un "ultraobsesivo. Medito sobre cada nota y no la dejo en paz hasta que entiendo por qué está ahí y cómo debe ser tocada".
Debut discográfico
Con certezas y afirmaciones que dejan traslucir convicciones profundas, Horacio habla de los colores en la música de Bach, del deslumbramiento que le produce el cuarto concierto para piano de Beethoven, de lo natural que para él es tocar la música de Ginastera ("nací escuchando esos ritmos y esas melodías"), de su amor por Maurizio Pollini ("todo lo que hace es perfecto"), por Kleiber y por el Cuarteto Amadeus, de Berg, Luciano Berio y György Ligeti, sus compositores favoritos ("¡y también Chick Corea!"), de las necesidades de avanzar en repertorios contemporáneos ("voy a comenzar a estudiar el "Klavierstuck Nº 11", de Stockhausen, y los estudios de Ligeti) y de no olvidar la literatura pianística básica que aún le queda por incorporar, de Martha Argerich ("es una diosa") y, por supuesto, de su futuro.
Supone que el mes próximo ya estará disponible para el público el disco recién grabado y cuyo programa, sumamente amplio, incluye las sonatas K.333 de Mozart, la segunda de Chopin y la de Alban Berg y las "Danzas argentinas", de Ginastera. "Creo que es interesante conjugar a estos cuatro compositores tan diferentes. Esto permitirá que vean, además, cómo interpreto a cada uno de ellos." Y habla también de una fecha clave: el 6 de septiembre de 2001, el día en que debutará en el Colón: "Voy a tocar con la Orquesta del Mozarteum de Salzburgo, con la dirección de Leopold Hager, para Festivales Musicales. Todavía no está definido qué concierto será. Yo querría hacer el Nº 4 de Beethoven, pero ellos prefieren el Nº 21 de Mozart. Hasta entonces, por otra parte, tengo muchos proyectos para tocar en el interior y en países limítrofes. Intimamente siento que mi carrera va a comenzar el año que viene en el Colón. Y creo que va a ir todo bien".
Como está pensando en el futuro, le pedimos que soñara con alguna fantasía por realizar. Sonríe y dice, tal vez olvidando su célebre cautela: "Me encantaría tocar el Concierto de cámara de Alban Berg y el Cuarto de Beethoven con una orquesta dirigida por Carlos Kleiber". Y agrega: "Pero no es un delirio. Hay que trabajar para eso".
Intérprete fuera de serie
Antonio de Raco habla de Horacio Lavandera y es contundente: "Es un chico que tiene una rapidez de percepción fuera de serie y una voluntad, una pasión y una tenacidad increíbles. Estudia alrededor de siete horas por día, que no son de repetición mecánica, sino de total creatividad. Trabaja con cabal conciencia de su objetivo. Toma cada nota, la limpia, la pule y, como un relojero, la pone nuevamente en su lugar para que cumpla con la función para la que fue dispuesta. Tiene una madurez insólita y, por supuesto, una enorme sensibilidad. El sabe exactamente de qué se trata cada obra que está tocando y aplica todos los conocimientos técnicos que tiene para hacer música. Tiene un futuro espléndido y yo diría que inmediato".





