
Alberto Anchart, en la piel de Cremona
Es la primera vez que trabaja en el Cervantes
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Armando Discépolo escribió Cremona en Italia y la estrenó en 1932, en el teatro Apolo. Entonces él la definió como "una obra corta, sólo un plan". La alargó porque, según explicó, "algunos de sus personajes, condenados al mutismo, pobrecitos en las noches aullaban".
El nuevo texto estuvo a punto de subir a escena, en 1968, en el Cervantes pero aparecieron algunos inconvenientes y no pudo estrenarse. Pasó al San Martín donde también hubo problemas. El autor entonces, cansado de tanto manoseo, decidió retirar la obra y escribió un texto que publicó Argentores, bajo el título Por qué retiré Cremona . En 1970 explicó Discépolo: " Cremona ha vuelto a mis manos y quién sabe si se estrenará algún día, al menos mientras yo viva".
Finalmente se estrenó en 1971, en el San Martín, cuando el autor ya había muerto. Tuvo una reposición en otra sala oficial, en 1990, en el Cervantes. Su protagonista fue Darío Vittori y la dirección estuvo a cargo de Alfredo Zemma.
Cremona hace aproximadamente un año que se ensaya en el Cervantes. Los múltiples problemas gremiales que enfrentó esa sala fueron impidiendo que se estrenara y también fueron cambiando sus protagonistas (Rodolfo Bebán, primero; Juan Carlos Dual, después).
Alberto Anchart es finalmente el encargado ahora de dar vida al protagonista de la obra, un macitero bonachón que, en el patio de un conventillo, permitirá descubrir algo de la realidad de un grupo de inmigrantes. La pieza cuenta con adaptación de Roberto Cossa y acompañan a Anchart en el elenco, entre otros, Enrique Liporace, Aldo Barbero, Lucrecia Capello, Alejandro Viola, Miguel Moyano, Angela Ragno, Héctor Fuentes, Mercedes Scapola, Luciano Bonanno, Marcelo Bucossi, Iván Chernov y Alexia Moyano.
"Todo actor que se precie de ser actor tiene que trabajar en el Cervantes", dispara Alberto Anchart en diálogo con LA NACION. Es la primera vez que él llega a la sala de Córdoba y Libertad, y se muestra feliz. Más aún, porque en algunas funciones que ya presentaron frente al público, Roberto Cossa y Norma Aleandro, a quienes respeta mucho, alabaron su trabajo.
"Los clásicos siempre me han gustado -dice el actor-. Trabajé mucho el sainete y algo de ese mundo lo conozco muy bien, aunque aquí nos adentramos en el grotesco. Esta pieza pinta algo de la época en que nací. Llegué a ver todo ese mundo del conventillo. El ser argentino debería ser presentando con la bondad que caracteriza a Cremona . No con la soberbia o el egocentrismo que a veces tenemos. El verdadero argentino es el que se da, el que abrió las puertas y permitió que un crisol de razas poblara este país."
Al cabo de su vasta carrera, el intérprete ha trabajado todos los géneros. Su paso por el cine y la televisión también le han dejado una fuerte experiencia. Aclara que ha trabajado "con todo los grandes y todas las grandes" y que en cada oportunidad aprendió algo que carga en su valija de actor. "Esta es una escuela muy importante que todos los días te enseña algo nuevo. No terminás nunca de aprender. Siempre aparece algo nuevo. No soy de los que se quedan en el camarín; me gusta estar en el escenario viendo trabajar a mis compañeros. No para robarles cosas, sino para sacar de esa experiencia algo que después va a quedar en mí y que aparecerá cuando lo necesite".
Nombres como los de Enrique Muiño, Pepe Arias, Pedro Quartucci, Fidel Pintos, Don Pelele, Ubaldo Martínez, Gogó Andreu irán apareciendo en la conversación de Alberto Anchart. Algo de lo mejor de la escena nacional asoma en su recuerdo por estos días, en los que le toca recrear una pequeña porción de la tradición del mejor teatro argentino.




