Arturo Puig vuelve al escenario con una experiencia intimista y de la mano de una vieja amiga: “Es un momento raro el que me toca”
Después de rechazar varias ofertas, el actor estrena Bellas palabras en el San Martín, con dirección y dramaturgia de Rita Terranova
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Arturo Puig pensó varias veces en cómo volver al teatro luego de la muerte de Selva Alemán, aquella exquisita mujer y actriz con quien compartió 50 años de vida bien vivida que falleció en septiembre de 2024. En este complejo tiempo (“Es un momento raro el que me toca”, dirá), Guillermo Francella lo había llamado muy entusiasmado para que se sume al elenco Desde el jardín, pero lo rechazó. Vino otra oferta y otra, pero tampoco. Decidió que su vuelta al escena sea con algo muy particular, con una experiencia intimista apoyada en textos, sin las exigencias del circuito comercial que conoce a la perfección porque ha encabezado éxitos rutilantes.
Desde el jueves, con pocas funciones programadas, el reencuentro con el cariño de su gente tendrá una nueva cita en la Cunill Cabanellas, la más pequeña de las tres salas del Teatro San Martín. Su amiga Rita Terranova se encarga de la dirección y de la dramaturgia. Lo que se traen bajo el brazo lo llamaron Bellas palabras. Lo anuncian de este modo: “Colorida y dinámica, la propuesta apunta a la emoción, al humor y a vislumbrar, de algún modo, la condición humana”.
La complicidad entre ellos viene de lejos. El padre de él, Arturo Francisco Puig, fue uno de los dueños de la Utilería Puig, pionera en el teatro, el cine y TV de la Argentina. Durante años, regenteó el Teatro Lasalle que hoy está abandonado a la suerte. El padre de la actriz, directora y dramaturga fue Osvaldo Terranova, actor emblema del teatro, la televisión y el cine local.
Inevitablemente sus nombres aparecen en la charla con LA NACION luego de ser testigos de un ensayo general de esta ceremonia íntima de bellas palabras en la que se van articulando textos de Fernando Pessoa, cartas de amor o el monólogo de Largo viaje de un día hacia la noche, que el mismo Puig protagonizó con Selva Alemán.

“Nos conocemos de chiquitos. Nuestros padres eran muy amigos”, recuerda ella. Fueron amigos y una vez socios de un proyecto que dejó a ambas familias en bancarrota. “Hubo una obra llamada El vicario, basada en la novela de Rolf Hochhuth, que en Europa había sido un suceso. Era la historia de un cura que se enfrentaba al Papa Pío XII por haber ayudado a los nazis. El cura le pide que interceda, y como el papa no lo hace, se pone la estrella de David y se va a un campo de concentración. Imaginate el final. Era una obra muy potente. La cuestión es que compran los derechos, la producen, la estrenan y a la semana el gobierno de Arturo Illia la prohibió. Todo sucedió en el año 1966, en el Teatro Lasalle”, recuerda el actor de tantos éxitos. “Fue la única vez en la vida que nos acostamos sin cenar... Perdimos todo, pero todo”, agrega la directora y dramaturga de la obra que están por estrenar. Actuaban Osvaldo Terranova, Alfonso de Gracia, Luis Politti, Fernando Labat, Dora Prince, entre otros. Ese mazazo, reconocen, unió todavía más a las dos familias.
-Sus padres apostaron por aquel título con semejante contenido vinculado con el nazismo. Ustedes, sus hijos, decidieron que esta obra, Bellas palabras, culmine con el monólogo final de El gran dictador, la genial película de Charles Chaplin, y su alegato contra todo tipo de autoritarismo.
Rita Terranova: -¡Es cierto, no habíamos reparado en eso! También es cierto que siempre nos acordamos de esa obra. Nuestros padres siempre decían que con ese espectáculo podrían haberse convertido en millonarios, pero era una especie de chiste. Lo que a ellos les gustaba es hacer esa denuncia a 10 años de haber terminado la guerra.

- Aquel primer título se estrenó en 1966 y ahora estamos en 2026. Pasaron, justo, 60 años...
Arturo Puig: -Es verdad, y el monólogo de Chaplin tiene una enorme y lamentable vigencia...
- Durante la presentación de la temporada del Complejo Teatral contaron que lograron los derechos gracias a Geraldine Chaplin. ¿Cómo fue eso?
Terranova: -Era muy complicado conseguir la autorización. Una tarde, en casa de Arturo, le recordé que había trabajado con Geraldine, una de las hijas de Chaplin.
Puig: -¡Claro! Habíamos filmado una película [Camino sinuoso, de 2018], dirigida por Juan Pablo Kolodziej. Era una divina total y absoluta. Compartíamos comidas y charlas. Vía [el representante y productor] Daniel Mañas, muy amigo de ella y nuestro, él la llamó y fue Geraldine quien le contó que todos los derechos de la producción artística de su padre los tenía una fundación en París. Nos dijo con quien hablar, le mandamos un mail escrito en castellano porque no hablamos francés, y el 19 de enero nos dieron el ok. La verdad es que pensábamos que no iba a salir, pero salió.

Desde el miércoles, el actor que protagonizó un éxito televisivo como Grande Pa! y participó de un ciclo de culto de la pantalla chica como Atraverse, apelará a todos sus recursos actores para el texto de Chaplin del final.
“Quisiera ayudar a todos, si es posible: negros y blancos, judíos, gentiles. Los seres humanos queremos la felicidad de los demás. No queremos odiarnos ni despreciarnos. En este mundo hay espacio para todos. El camino de la vida puede ser hermoso, pero lo hemos extraviado”, dice en escena este señor de mirada cálida y trato ameno que vuelve al teatro, tal vez, como forma de sanar la pérdida de su mujer amada y admirada.
Después de aquella experiencia censurada por un gobierno democrático, el vínculo entre las dos familias continuó. Al poco tiempo, a Osvaldo Terranova lo llamaron para hacer Hello, Dolly!, que protagonizaba junto a Libertad Lamarque. Fue un éxito, y don Osvaldo estaba contento de trabajar en esa obra “con Arturito”, que tendría unos 22 años y, Rita, unos 10. “Ricardito Darín y yo íbamos todos los sábados a ver la obra y a estar en el camarín de Arturo”, recuerda la actriz y directora que se hizo íntima amiga de Selva Alemán. Cosas de la vida, 20 años después de Hello, Dolly! la dupla Darín y Puig hicieron otro éxito teatral de aquellos: Sugar, con Susana Giménez.
El presente en “tiempos raros”
En la sala Cunill Cabanellas ahora se cuela el presente a escasos días del estreno, mientras todos van puliendo detalles de la puesta que cuenta con escenografía y vestuario de Graciela Galán, la iluminación de Jorge Pastorino y la música original y el diseño sonoro de Martín Bianchedi.
“Llegar hasta acá tuvo sus cosas -señala Arturo Puig-. Yo no estaba bien como para comprometerme a hacer temporada con dos funciones diarias y esas cosas. Viendo una experiencia de actores ingleses que leen distintos textos se me ocurrió hacer algo de ese estilo”.
- Algo similar a cuando con Selva Alemán hicieron Cartas de amor.
Puig: -Es cierto. Cuando esa idea de apelar a la lectura fue madurando hablé con Rita porque, en una oportunidad, había hecho con Selva un programa de radio y ella era quien nos proveía los textos.
-O sea que vos, Rita, sos algo así como la dealer de los textos.
Terranova: -¡Correcto! [se ríen]
Puig: -¡Tal cual! Nos encontramos y, luego de muchas charlas, surgió esto.
Terranova: -Durante el proceso pasaron cosas graciosas. Leí las cartas que le escribió Richard Burton a Liz Taylor, que me parecían extraordinarias, y cuando se lo comenté a Arturo me dijo que acababa de leerlas. Así pasó con varios textos que forman parte de Buenas palabras, pensábamos lo mismo.
-Después de haber visto la pasada, queda claro que hubo una decidida apuesta por un tono intimista apoyándose en las bellas palabras.
Terranova: -Acá la música son las palabras y la búsqueda de una armonía que debe acompañar a todo este mundo.
- En este tiempo sin actividad, ¿cómo fue que tomaste la decisión de volver al teatro?
Puig: -Fue un proceso largo... Cuando hicimos acá Largo viaje de un día hacia la noche, de Eugene O’Neill, fue tal afecto que recibimos de toda la gente del Teatro San Martín que, tiempos después, vine a ver algo y me insistieron tanto con volver que acá estamos.
Terranova: -De movida apostamos por un formato simple, sin pretensiones. Algo muy sencillo como cuando ensayábamos en la casa de Arturo.

En esta ceremonia de sensaciones de no más de una hora de duración, entre varios textos se cuela un momento de biodramático: el primer viaje de Arturo Puig a Nueva York.
“En la obra cuanto algo de aquello, pero apenas”, reconoce y se le ilumina el rostro al recordar aquella experiencia. La cosa fue más a menos así. Puig venía de formar parte del elenco de la telenovela Nino, las cosas simples de la vida, que protagonizaba Enzo Viena y que se emitió en 1971 y 1972. Allí también actuaban María Aurelia Bisutti, Stella Maris Closas Gino Renni y María Rosa Gallo, entre otros. Fue coproducida por una productora peruana y fue tal éxito en el mercado latino que apareció un productor que los contrató para ir a Nueva York.
Arturo Puig tendría unos 27 o 28 años. Antes de subir al avión algunos de los actores protagónicos de Nino habían preparado una comedia para presentar en la Gran Manzana. Nunca la hicieron. A los pocos días entendieron que lo que les tocaba era hacer presencia, como si fueran personajes surgidos en Gran Hermano. Así fue como el joven formado en los cursos de Agustín Alezzo y de Augusto Fernandes salía al escenario para contar historias de su romance de ficción con Stella Maris Closa en medio del delirio de la platea. Tras cartón entraba Gino Renni y cantaba algunas canciones hasta que el colmo del delirio colectivo era cuando entraba Enzo Viena. Estuvieron dos meses así, de teatro a teatro sin, nunca, presentar la comedia ensayada.
“Dentro del show había un tal Daniel Santos. Era un cantante puertorriqueño que iba antes de nosotros, que éramos la atracción central. Al tal Santos le ponían en el escenario una mesa de fórmica, todo era muy básico, con un vaso de ron. El tipo se sentaba y cantaba unos boleros cubanos maravillosos. En una oportunidad, este personaje que había sido parte de la Revolución Cubana me subió a un auto y me llevó a lo que era la cuna de la salsa. Estuvimos un rato y antes de irse veo que pide en el mostrador un paquetito. Subimos al auto y ahí entendía por qué siempre andaba con una cadenita de la cual colgaba una especie de palita. Abrió la bolsa y me ofreció tomar. Yo zafé diciéndole que todavía era muy temprano y esas cosas -se ríe a carcajadas-. Por mis adentros pensaba: ‘¡Me van a agarrar en Nueva York con cocaína!’“.
Aquella fue su primera vez en una Nueva York que dista mucho de su imagen actual. Fueron dos meses de teatro en teatro en medio de ese "livin’ la vida loca". A tantos años de aquello ahora harán pocas funciones en el Teatro San Martín. Apenas 10. Tiene sus motivos.
“Bueno... -reflexiona-. Primero acá y luego ya hay una fecha en Montevideo, en San Isidro y veremos cómo sigue. Todo a su tiempo. Me habían llamado para Visitando al Sr Mr Green, pero no me veía en ese personaje. Eso lo hizo Pepe Soriano de una manera extraordinaria y yo no hubiera llegado a hacer lo que él hizo. Después, me convocaron para otra obra de la cual me bajé. Y el último llamado fue de Guillermo Francella para sumarme a la versión teatral de Desde el jardín. Fue gracioso porque Guillermo me llamó super entusiasmado y me propuso que encarara el personaje que, en la película, el actor terminó ganando un Oscar [Melvyn Douglas]. Le pedí el libro, lo leí y descubro que mi personaje entraba en silla de ruedas con una bigotera para recibir oxígeno. Lo llamé a Guillermo y le dije: ‘Hijo de puta, ¡me querés arruinar la carrera!’”.

Lo cuenta y no para de reírse. Vuelve a señalar que no estaba ni está para hacer 5 funciones semanales. Y se permite decir: “Es un momento raro el que me toca...”.
En medio de este momento raro, sale a gozar y sanar en el escenario con Buenas palabras, que implicará su reencuentro con el afecto de su público.
Para agendar
Bellas palabras, con dramaturgia y dirección de Rita Terranova. Teatro San Martín, Corrientes 1530 (CABA).
Funciones: desde el 19 de febrero, de miércoles a domingos, a las 19:30 horas; por solamente 10 funciones
Entradas: desde $12.000.
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