Flor de la V: por qué aceptó volver a los escenarios, el consejo de su marido y la polémica con Maxi López
Tras varios años de ausencia, la actriz y conductora regresó a las tablas como protagonista de Sex, viví tu experiencia; en una charla con LA NACION, habló sobre qué la motivó a aceptar la jugada propuesta de Muscari y por qué se siente interpelada por la obra
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Hacia 10 años que Flor de la V no pisaba un escenario porteño. Sus incursiones teatrales se habían restringido a cortas temporadas veraniegas en plazas turísticas y a esporádicas giras por el interior del país. Durante la pasada década puso foco en su familia y en las labores televisivas (como jurado, panelista o conductora) que no le restaban demasiado tiempo a su matrimonio con el odontólogo Pablo Goycochea y a la crianza de sus hijos Isabella y Paul.
Desde hace pocos días ese equilibrio familiar y laboral sufrió una modificación al sumarse como protagonista principal de Sex, viví tu experiencia (show de verano), el espectáculo pergeñado por José María Muscari pleno de erotismo, música, bailes y humor, que ya lleva ocho años en cartel en el Gorriti Art Center, con mínimos cambios de títulos y rotación periódica de elencos, del que también participan Valeria Archimó, Adabel Guerrero, Lucas Martin, Furia Scaglione, Maxi Diori y Srta. Bimbo, entre otros.

“Fue una forma de volver con algo totalmente distinto, un espectáculo internacional, tipo café concert, de gran calidad. Fue como volver a mis orígenes, pero desde otro lugar. Sex fue una puerta que se me abrió para volver al teatro y no la quise desaprovechar”, comenta en diálogo con LA NACION la actriz y conductora de Los profesionales con Flor (el ciclo de espectáculos que lleva adelante por elnueve, todos los días, de 15 a 17). “Extrañaba muchísimo el contacto directo con el público, el humor y sobre todo el aplauso final. Hoy no puedo creer que esperé tanto para volver”, concluye.
—¿Qué es lo que te motivó a volver al teatro, de jueves a domingo?
—Yo tenía muchas ganas de volver. El año pasado, después de debutar con Los profesionales..., empecé a ver obras y a reencontrarme con compañeros, y ahí me di cuenta que extrañaba el escenario. Yo había dejado de hacer teatro cuando empecé a conducir. Es que luego de haber hecho tanto teatro me dije: es hora de tener un horario y una vida normales, salir y llegar temprano a mi casa, hacerle la merienda a mis hijos, en fin, acostarme temprano. La idea me encantó y entonces fui a full con eso. Pero después, lo que empezó a pasar es que cambió la dinámica familiar porque mis hijos, que ahora tienen 14 años, ya no dependen tanto de mí, o sea que no tengo que ser esa mamá tan presente como siempre fui. Entonces comencé a encontrarme con momentos como más vacíos, y creo que fue eso lo que me hizo volver a pensarme en un escenario.
—¿Por qué decidiste regresar con esta propuesta y no con otra?
—A lo largo de los años me habían ofrecido un montón de proyectos, pero la verdad es que ninguno me convencía. Hasta que me llamó Muscari. Yo me atajé diciéndole que estaba haciendo televisión, que no me iban a dar los tiempos, pero él insistió con un “a esto no vas a poder decir que no”. Me sorprendió que insistiera porque él antes ya me había propuesto varias cosas y siempre le dije que no. Pero cuando me nombró Sex me quedé en silencio. Yo había visto el espectáculo al comienzo, antes de la pandemia, y luego lo volví a ver hace poco con mi marido. Recuerdo haberle dicho a Pablo: “no sé si me veo acá”. Porque yo estaba en otro mood: muy mamá, cocina y conducción; en fin, en otra sintonía. Así que en un principio pensé en decirle a Muscari que no, pero hablé mucho con mi marido –ya que confío mucho en su criterio- y él me dijo: “Lo tenés que hacer, es un espectáculo para vos”. Ahí lo empecé a pensar en serio.
-¿Qué fue lo que terminó de convencerte?
-Sex te enfrenta a un montón de cosas de las que no se habla. Yo me considero una persona de mente abierta, para mí la sexualidad no es un tabú, pero la obra lo plantea de una manera muy interesante: te invita a desafiar límites, a explorar tus fantasías, a poner en palabras cosas que no decimos. Y además hay algo que me terminó de convencer: la invitación a mirar el sexo de una manera más amorosa, más amigable, diversa, inclusiva y juguetona. Mi generación tiene muchas ideas prejuiciosas y encasilladas sobre lo que “debería” ser la sexualidad. Sex propone otra mirada. Y está buenísimo poner en palabras el goce y las fantasías.
—¿Qué significa para vos participar de Sex a esta altura de tu vida?
—Es un nuevo descubrimiento. Empecé hace casi 30 años como bataclana, mostrando el cuerpo; yo salía en lencería. Después, con el tiempo, por cosas que me sucedieron, por cómo fui trabajando y por la artista en que me convertí, eso lo fui dejando de lado. Ahora, ya con 50 años y otro cuerpo, es un volver a empezar. Volver a las fuentes, pero desde otro lugar: volver a creerme que puedo gustar, seducir, hablar, pararme al lado de personas hegemónicamente muy bellas, como son los casos, por ejemplo, de Valeria Archimó y Adabel Guerrero, que son unas bombas. Me preguntaba si iba a estar a la altura de ellas. Hoy siento que sí. No puedo creer que esto haya estado escondido y desconectado durante tanto tiempo, y cómo una chispa bastó para que me volviera a prender fuego. Me animé a algo que, de verdad, lo mantenía bastante oculto y hoy siento que soy otra persona, me cambió el chip y me liberé.

Seducción y fantasía
—A diferencia de las anteriores versiones de Sex, más bien corales, donde las responsabilidades sobre el escenario estaban más repartidas, en esta sos la única protagonista. ¿Fue una condición?
—No, me lo propuso Muscari y la verdad que me gustó porque soy como la maestra de ceremonia, la que invita a la gente a entrar en este juego de seducciones, en esta fantasía. Tengo momentos puntuales e interesantes en los que habito el espectáculo, así que me encantó eso.
—Tu rol es mucho más que el de la anfitriona. También desfilás, monologás, llevás adelante un musical e interactuás con el público. ¿Cuál de todas estas facetas disfrutás más?
—Disfruto todas porque es como que una cosa va llevando a la otra. Lo que me gusta también es que siento que hay mucha gente que no me conoce. A pesar de que tengo casi 30 años en el mundo del espectáculo, hay gente que quizás me conoce solo por mis inicios con Gerardo Sofovich o por cosas aisladas, pero no saben todo lo que hice. Me llamó mucho la atención que en las primeras funciones de Sex las parejas me dijeran: “La televisión no te hace justicia”. Es que hasta acá algunos me veían sólo como conductora, o como una figura más familiar; ahora me redescubren en otro contexto. O directamente me descubren, si pensamos en los más jóvenes, el público de TikTok, que no ve televisión. En ese sentido, creo que en Sex estoy ganando un nuevo público.

—¿Tu monólogo es de tu autoría?
—Sí, el texto es mío. José María me había dado un texto, pero yo le dije: “Si vos me estás invitando a encabezar este espectáculo la gente me tiene que ver a mí tal cual soy, por eso necesito un texto que tenga que ver más conmigo”. Al final le encantó el que le propuse, y ese es el que desarrollo todas las noches.
-Justamente por ese monólogo se te acusó de hablar de los cuerpos ajenos, de referirte a la delgadez de Tini Stoessel y de cosificar a Luciano Castro. ¿Hacés un mea culpa?
—Nada que ver. Las cosas se sacaron de contexto. En el monólogo yo estoy todo el tiempo hablando de mí. El tema es que si cortás un fragmento para hacerlo público y encima con mala intención... ahí se termina malentendiendo todo. Lo de Luciano Castro era solo un guiño, una excusa para meter un gag; en una historia que, repito, tiene que ver conmigo y no con él. A esta altura no me interesa aclarar más porque el que quiera ver mala intención la va a seguir viendo. Antes algo así me hubiera mortificado, ya no, estoy muy segura de lo que quiero decir y de mis intenciones.

—A partir de esta experiencia, ¿cuánto creés que han cambiado los límites del humor en estos 10 años?
—Muchísimo. Y en la televisión, ¡ni hablar! A veces la televisión se pone como una Corte Suprema de la Moralidad y se espanta y señala situaciones que para mí no son tema.
—¿Cuáles son hoy tus límites con respecto al humor? ¿Con qué temas o personas no te meterías?
—Con las enfermedades, la muerte, los derechos humanos. Hay muchas cosas de las que no hablo. De hecho, ya saqué del monólogo lo que causó polémica porque no necesito de eso para hacer mi trabajo.
El sexo, el matrimonio y los hijos
—En otro tramo de tu monólogo explicás qué significa el sexo para vos.
—El sexo para mí es fundamental. Creo que el 100% de las personas mayores de edad deberían ver este espectáculo porque invita a desafiar prejuicios. Hay mucha cosa instalada que es errónea. Sex es una invitación a reflexionar; directa o indirectamente te hace pensar, fantasear, y hasta tener charlas con tu pareja, replantearte cosas. Ayuda mucho. Incluso a mí me hizo replantearme cosas con mi marido.
—Vos decís que el sexo es fundamental en tu vida. ¿Siempre fue así? ¿Y ahora que llevás tantos años de casada?
—Sí, pero fue cambiando según las etapas. Pasó de ser amor y pasión desmedida a conocimiento del otro. No hay nada más hermoso que conocerte bien con la otra persona, saber lo que vos querés y necesitás y lo que el otro quiere y necesita. Así es todo mejor. Por suerte el sexo siempre fue algo que nos unió mucho.
—¿Tus hijos vieron el espectáculo? ¿Qué opinaron?
—No, son menores de 14 años y no pueden, pero sí hablamos de estos temas. Unos días antes del estreno estaba ensayando en casa un monólogo sobre el goce y de repente escucho que mi hijo –que había pasado por la cocina a buscar algo en la heladera- le dice a su hermana: “Isabella, no vayas a la cocina que mamá está ensayando...”. Me dio mucha gracia, como que así la quería cuidar; pero son cosas que se tienen que hablar. Y nosotros, a nuestro modo, obviamente lo hacemos.
—¿Vos hablás habitualmente de sexo con tus hijos?
—Sí, obvio. Hablamos de la sexualidad en general y de esto y de aquello, porque a diferencia de la escuela a la que yo fui -en la que todo se ocultaba y excluía- hoy en los colegios pasan otras cosas. Hay una diversidad humana que está incluida desde el vamos. No es tema que una persona sea lesbiana, gay o trans o que una persona se perciba un día de una manera y otro de otra. Para mí eso también fue un aprendizaje: conocer que algo había cambiado en la sociedad y para bien. Es maravilloso vivir tan de cerca ese cambio en compañía de mis hijos.
—¿También conversás con ellos sobre tu propia condición de mujer trans?
—Obvio. En realidad, no es que hablo, ¡soy una mamá trans! Es algo natural, un tema tácito, un tema que se vive cotidianamente. Para ellos esto no es un tema, los prejuicios están en los grandes.
—Volviendo a Sex... a diferencia de los anteriores anfitriones, ¿tu objetivo en Sex es el de acentuar el tema de la diversidad?
—No sé si acentuar, pero creo que conmigo pasa algo interesante. Sex tuvo de todo, mucho personaje, mucha figura en su haber, pero la primera estrella trans que está ahí soy yo y eso es algo que, sin dudas, interpela al espectador. Siempre hubo fantasía con nosotras, como si estuviéramos en una fiesta constante, cuando la realidad es que podemos estar la mayor parte del tiempo en nuestras casas, en batón y tomando mate. No es que vivamos en un burdel. No hay nada más alejado de eso.
—En ese sentido, ¿Sex podría funcionar como escuela?
—Sex hace escuela. Nunca me pasó estar en un espectáculo donde hay gente que se queda después de la primera función para volver a ver el espectáculo. Y hasta regresan la próxima semana. Como si necesitaran ver y comprender más y más.
—¿Lo invitarías a Maxi López para que se instruya? Te lo pregunto porque hace unas semanas se armó una polémica cuando, consultado sobre a qué hombre besaría él te nombró a vos, y arrecieron las críticas que lo definían como transfóbico.
—Un amor, Maxi. Yo no vi mala intención en lo que dijo. Pero entiendo que sigue habiendo un prejuicio instalado que causa mucho daño. Por eso respeto a las compañeras del colectivo LGTBIQ+ que se sintieron dolidas y que no les gustó lo que pasó. Porque lamentablemente sigue habiendo un prejuicio con nosotras.
—¿Cómo terminó el ida y vuelta con él después de sus declaraciones en el programa de Olga? ¿Te pidió disculpas personalmente?
—Sí. Tuvo un buen gesto: pidió mi teléfono y me envió un mensaje pidiéndome disculpas. Eso ya habla bien de él. De todos modos, me pareció perfecto que hubiera habido una condena automática. Antes algo así hubiera pasado de largo; ahora no sucedió. Esto es señal de que algo está cambiando en nuestra sociedad.
—En Sex Julieta Ortega llegó a hacer un topless y Diego Ramos protagonizó un desnudo frontal. ¿Te propusieron algo así? ¿Lo harías?
—No creo que sea necesario. Sí aparezco en el escenario en lencería, algo que pensé que nunca más volvería a hacer, y juego con mi cuerpo porque es un llamador para otras cosas. Digamos que hoy me interesa más desnudarme intelectualmente que físicamente, pero, bueno, uno en Sex sabe cómo empieza, pero no como termina. Veremos qué me ocurre a mí.
Para agendar
Sex, viví tu experiencia, de José María Muscari, se puede ver en Gorriti Art Center (Av. Juan B Justo 1617). Funciones: jueves a las 21; viernes a las 21 y 23:15; sábados a las 20:00, 22:15 y 00:30; y domingos a las 20:30. Entradas: por Alternativa Teatral.
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