La vidente se confiesa
La mujer del don / Texto y dirección: Guillermo Hermida / Intérprete: Silvina Sabater / Coro: Carolina Borca e Ignacio Francavilla / Escenografía: Lucila Rojo / Iluminación: Ricardo Sica / Vestuario: Marisol Castañeda / Coreografía: Valeria Narváez / Asistente de dirección: Juan José Barocelli / Sala: Beckett Teatro, Guardia Vieja 3556 / Funciones: sábados, a las 23 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: buena
Ella, su madre y su abuela. Las tres nacieron con el don de la videncia. Podían ver más allá que cualquier otro, y eso hizo de sus vidas algo especial. Para bien, y para mal.
La que tenemos en frente es la hija de esa tríada de brujas, que se presenta y cuenta su vida para explicar su soledad. Es un relato que narra los esfuerzos denodados que hizo esta mujer para hacer encajar su videncia dentro de la construcción de una vida normal, de la más primerísima infancia hasta la madurez. Y bastante bien lo conseguía -por momentos-, pero siempre parecía llegar el punto en que todo empezaba a derrapar. Y de nuevo, la soledad. Como si esa capacidad de ver lo que venía, lo que había detrás, fuera a la vez un imán positivo, que atraía almas curiosas o desesperadas, y uno negativo, que la volvía un ser extraño, ¿temible quizá?
Pero todo eso va más en el relato de esta mujer que a través del trabajo de Silvina Sabater, porque en el modo, en el cuerpo, en los gestos de la actriz, esta bruja que está frente a nosotros es divertida, amigable, entradora? tanto que no se explica su soledad, como que no la sufriera. No es una soledad llorada, es una bancada con estoicismo y buen humor. Y esto hace de la obra una grata experiencia, ya que es interesante encontrarle los pliegues al trabajo de esta intérprete y a las decisiones escénicas del director, que incluyó a un mini coro de actores-bailarines que acentúan una mirada más liviana y más lúdica. La mujer del don es básicamente una experiencia divertida más allá de que no hay humor explícito, es más la elección del ánimo con que se decide contar un relato, adentrarse a una vida, elegir con qué ojos mirarla.
Sí hay un punto que puede hacer ruido y es que el espectador -entre tanta vida normal, más allá de algunas excentricidades- se puede olvidar de que esta señora que está enfrente es vidente y, entonces, se pasa a narrar la historia de cualquier soledad, en donde para muchísima gente es difícil encontrar el amor, construirlo y sostenerlo. Y lo de tener un don, queda un poco desdibujado; aparece y desaparece. Igualmente, es una grata oportunidad para ver a una muy buena actriz como Silvina Sabater con un texto a la espalda que la deja construir tan diferentes facetas de un personaje. Para disfrutar.





