Marta Lubos: ductilidad para meterse en la piel de dos personajes opuestos

Deslumbró a todos en El diccionario, como María Moliner, y ahora protagoniza La reina de la belleza, en ambas dirigida por Barney Finn
Deslumbró a todos en El diccionario, como María Moliner, y ahora protagoniza La reina de la belleza, en ambas dirigida por Barney Finn Crédito: Soledad Aznarez
Carlos Pacheco
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13 de junio de 2019  

Dos obras muy opuestas la tienen como protagonista en El Tinglado. Los domingos, Marta Lubos se pone en la piel de la filóloga María Moliner, el personaje central de El diccionario, pieza del español Manuel Calzada Pérez (cuarta temporada), en tanto que los viernes y sábados asume el rol de un ser casi despreciable, una madre castradora que guía la historia de La reina de la belleza, del irlandés Martin Mc Donagh.

Ambos materiales están dirigidos por Oscar Barney Finn. El creador montó esta pieza a fines de la década del 90, en el Ateneo, con un elenco que integraban Aída Luz, Leonor Manso, Pablo Rago y Alejandro Awada. Veinte años después decidió reponerla. Un reciente viaje a Irlanda le despertó el interés de recuperarla, pero esta vez dejándose llevar por la experiencia que le provocó el regreso a un territorio relacionado con su universo familiar.

Inesperadamente, la convocó a Lubos con quien quería seguir trabajando. Habían estado viendo algunos otros materiales, pero La reina de la belleza resultó el texto ideal, el que le posibilita a la intérprete desarrollar una faceta actoral totalmente opuesta. El elenco se completa con Cecilia Chiarandini, Sebastián Dartayete y Pablo Mariuzzi.

Marta Lubos ha recreado diversas piezas en las que el mundo femenino se impone con fuerza sobre el escenario. Entre otras, Lengua madre sobre fondo blanco, de Mariana Obersztern; Estaba en mi casa y esperaba que llegara la lluvia, de Jean-Luc Lagarce; En casa en Kabul, de Tony Kushner; y Dínamo, de Claudio Tolcachir.

Mujer de extrema sensibilidad y perfil muy bajo, su campo de trabajo está muy ligado a la escena alternativa. "Ahora entiendo que se me conozca un poco más dentro del teatro off -comenta con cierta timidez-, pero antes cuando la gente me reconocía yo pensaba que era una equivocación. Después, con los años, descubrí que tengo seguidores que van a ver qué es lo que hago. Y eso me da mucha alegría porque entiendo que estoy llegando a determinadas personas a quienes les hace bien mi trabajo".

-¿Cuáles son las cualidades de La reina de la belleza que te llevaron a representarla?

Es una obra muy dura, oscura, podríamos calificarla como una comedia negra. Me propone un gran desafío actoral. Es la antítesis de lo que hago en El diccionario. Esta es una mujer muy obsesiva que vive en una colina con su hija, están alejadas del pueblo. El ambiente es muy elemental, muy rústico. La madre tiene otras dos hijas que se fueron, se casaron, no la toleraban. Y esta otra hija es la que la atiende, hace las compras. La mujer tiene temor de que un día la abandone y entonces le corta todas las posibilidades de desarrollo. Es terrible, posesiva, destructiva.

- ¿Te resulta difícil meterte en la piel de Magde?

Primero tengo que sentir que se me borra un poco el cuerpo cuando asumo estos personajes. Leía la obra y me daba cuenta de que ella tiene que tener una contundencia física muy distinta a la mía, que es de cierta fragilidad. Poco a poco voy entrando, incluso desde la voz y en su forma de ser, casi primitiva. No alterna con otra gente. Su mundo es su hija, alguien que le trae alguna mercadería y la televisión. Ahí se entera de cómo anda el resto del mundo. No fue fácil. Sigo buscando. A medida que pasan las funciones uno va encontrando cosas nuevas. El teatro es así.

-En un mismo fin de semana asumís el rol de mujeres muy opuestas. ¿Es complejo dejar a una para construir a la otra?

Si estuviera preparando las dos obras simultáneamente creo que tendría más cortocircuitos. En El diccionario me pongo la ropa del personaje, ingreso en el clima previo, la preparación y no lo pierdo. El personaje está. Es más, me mimetizo tanto con María Moliner que no tengo que pensar si estoy en personaje o no. Fluye. Es una mujer que respeto y admiro mucho. Es increíble como ella logró hacer lo que hizo. Un diccionario tan completo teniendo en contra un mundo misógino. Eso que hacía no era cosa de mujeres. Hasta la rechazaron cuando la propusieron para ingresar a la Real Academia Española. Pero la admiro muchísimo. Todas las mujeres que hicieron cosas en ese siglo son de una fortaleza y de una vocación muy fuerte.

-La pelea de la mujer por ocupar un gran lugar continúa. Ellas demostraron una valentía extraordinaria.

Los tiempos son distintos ahora. Hay más información y lo que me llama la atención es que además de las mujeres maduras que pelean por la igualdad hay chicas muy jovencitas que se prenden directamente en la lucha y creo que está muy bien que eso suceda. No tiene sentido que no exista igualdad. Hombre y mujer son distintos, pero la igualdad de oportunidades y reconocimiento debe existir y no el dominio de uno sobre otro. Cada uno en su lugar. Me gusta mucho ver cómo los muchachos jóvenes respaldan, acompañan a las chicas. Conozco algunos casos de muchachos que fueron rechazados en una marcha por las mujeres preguntándoles: "¿Vos qué estás haciendo acá?". Eso no lo acepto. Sí tiene que estar ahí. La historia esta contada por los hombres. Es necesario que exista una mirada compartida. Eso es muy importante.

-¿Podés comprender la maldad de la protagonista de La reina de la belleza?

La justifico, hasta en su egoísmo. Ninguno de nosotros somos seres ideales. Tampoco los personajes. Se pueden reconocer cosas y justificarlas, aunque la pifies. Y a esta madre se le va la mano con una hija, pero por otro lado tiene una fragilidad y una carencia de amor muy grande.

-A la hora de repasar tu trabajo se ve claramente que siempre estas componiendo mujeres de mucha intensidad.

Tuve mucha suerte y personajes muy atractivos, sobre todo en el teatro independiente. Trabajé con directores muy buenos. Y todas las criaturas que hice me permitieron realizar una búsqueda, me hicieron crecer, descubrir cosas en mí. Uno reconoce muchas cosas de uno mismo cuando empieza a meterse en un personaje porque a la vez les cede cosas personales a ellos. Y se revelan cuestiones propias. Dentro de cada persona hay infinidad de maneras de poder ser que, según las oportunidades que te da la vida, se irán desarrollando. El actor tiene la posibilidad de descubrirlo y eso ayuda a comprender mejor a los demás.

La reina de la belleza

Viernes y sábados, a las 20.

El diccionario

Domingos, a las 18

El Tinglado, Mario Bravo 948

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