No a la guita: divertido e inteligente retrato de la avaricia y la inercia

Susana Freire
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23 de agosto de 2019  

Libro: Flavia Coste / Elenco: Betiana Blum, Felipe Colombo, Paula Kohan, Diego Reinhold / Escenografía: Adriana Maestri / Vestuario: Mercedes Colombo / Luces: Ricardo Sica / Dirección: Lía Jelín / Teatro: Multitabarís Comafi / Duración: 73 minutos / Nuestra opinión: muy buena

"Los que creen que el dinero lo puede todo suelen hacer cualquier cosa por dinero", Voltaire (1694-1788). Este pensamiento del filósofo francés podría ser la premisa de Flavia Coste, actriz, directora de cine y dramaturga francesa, de esta segunda obra de su autoría, claro que sin entrar en disquisiciones filosóficas y reforzando el tono de comedia.

No a la guita plantea la influencia del dinero no solo sobre las personas, sino también sobre las relaciones afectivas al presentar a un joven matrimonio, con un bebé, que una noche invita a la madre del joven y a su amigo y socio para revelarle una noticia: él es el poseedor de un billete de lotería que ha ganado más de 800 millones de pesos y que ha decidido no cobrar. El argumento que expone está basado en la idea de que el dinero corrompe, no produce felicidad y sumerge al hombre en una inercia vital. La reacción no se hace esperar y cada uno de los comensales tiene su motivo para desear el dinero, desde el bienestar económico que traería alivio y despreocupaciones hasta los sueños que se podrían hacer realidad con esa fortuna. Pero el joven se mantiene firme en su decisión y esto desata los más viles sentimientos por parte de cada uno de los miembros de su entorno afectivo. El conflicto radica en la fuerza que tiene para sostener su propósito.

El valor de esta comedia, desopilante, se encuentra en el texto, pero sobre todo en la interpretación. Betiana Blum, como la madre, demuestra un claro dominio del espacio y manejo oportuno del bocadillo verbal y gestual. Le sobra experiencia y calidad para llevar a su personaje por la cuerda cómica y maneja los matices con tanta artesanía que revela un gran trabajo interior. Algo similar sucede con Diego Reinhold, que aplica a su papel -amigo y socio- los mejores recursos de la actuación para hacerlo sobresalir. Paula Kohan, a pesar de su juventud, responde con acierto al juego de sus compañeros para resultar convincente; y Felipe Colombo, correcto en su trabajo, debería mostrar menos acciones físicas y más elaboración interna.

Claro que el mérito de esta comedia está en la puesta de Lía Jelín, una directora que conoce el género como pocos sobre todo al imprimir un aceitado ritmo y una dinámica impecable y, sobre todo, por la dirección de actores.

Finalmente, la escenografía y el vestuario que se suman a los méritos de esta propuesta.

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