Remigio Verdiales, un carpincho: un bello musical con títeres que apela a un mensaje esperanzador
La obra, que escribió y dirige Pablo Gorlero, se presenta en el Teatro Sarmiento
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Autor, director y letras: Pablo Gorlero. Intérpretes: Emmanuel Abbruzzese Motta, Fernado Morando, Gabriela Zamboni, Ana Galati, Román Lamas, Myrna Cabrera, Valeria Galíndez, Ludmila Man, Andrea Baamonde, Mariano Del Pozzo, Federico Farano, Julia Ibarra. Diseño de escenografía: Micaela Sleigh. Diseño de vestuario: Javier Ponzio. Música original y dirección musical: Fernando Ariel Nazar. Diseño de iluminación: Agustín Bandi. Diseño de títeres: Alejandra Farley. Coreografía: Marina Svartzman. Director asistente y vocal: Jerónimo Dodds. Puesta de sonido: Mauro Docampo, Nehuen Castillo. Teatro: Sarmiento (Av. Sarmiento 2715). Funciones: sábados y domingos, a las 15. En vacaciones de invierno: martes a domingo, a las 15. Duración: 60 minutos. Nuestra opinión: Muy buena.
En Remigio Verdiales, un carpincho la dramaturgia de Pablo Gorlero aprovecha el lenguaje de los títeres y viceversa. Así se forma un hermoso maridaje para construir una historia en la que los animales de un humedal son los protagonistas. Eso sí, están parcialmente humanizados: toman mate, hablan, cantan e incluso, alguno se dedica a la actuación. La vida de todos transcurre armoniosamente entre los juncos, el agua, el aire para quienes lo surcan, pero, de pronto, el agua baja lentamente y se producen señales de alarma que provocan sospechas: algo no está del todo bien.
Es de festejar que el carpincho sea el personaje principal. Han sido protagonistas involuntarios de tantas noticias tristes que aquí, ficcionalmente, es el que se hace cargo de la situación. Un amigable roedor anfibio, Remigio Verdiales, manipulado magistralmente por Emmanuel Abbruzzese Motta, toma la delantera en varios de los acontecimientos: es el que se cruza con el temido perro y también con una niña que parece bien agradable.
Tremebundo Sarcasmo, un coipo está en manos del talentoso Fernando Morando; Carmen Muzzupappa, la aspirante a actriz trágica es la comadreja manejada y bellamente intepretada por Gabriela Zamboni; Patricio López, el pato que lleva Ana Galati; Daniela Pantano, el nombre de la cierva de los pantanos que lleva a cuestas la maravillosa Myrna Cabrera; y Zoilo Bermúdez, el carancho que hace revolotear y posarse con su inconfundible voz y con la precisa (y preciosa) manipulación, Román Lamas.

Presentada como una obra musical titiritera -o titiritera musical- para toda la familia nos propone el conflicto de un grupo de humanos tratando de invadir el humedal sin importar lo que pasa con los verdaderos habitantes de ese ecosistema. Sin embargo, el hecho puntual, es decir, los humanos buscando construir para sí y destruir el hábitat de los animales, funciona como un síntoma de muchos otros sucesos. Y son las letras de las canciones las que nos revelan este principio, el de la necesidad de tolerancia no solamente con los animales. En un universo de variedades de especies nos muestran cómo es posible convivir y dialogar para lograr la armonía.
Ahora bien, este mensaje positivo tiene como sostén estructural todas las decisiones del director, así como también el correlato de la calidad y la belleza de los lenguajes puestos en juego y una determinación procedimental en relación con la técnica titiritera. En Remigio Verdiales, el carpincho se propone una técnica mixta que combina la unión con el cuerpo del titiritero. Y esto permite una presencia importante de los títeres, diseñados por la maestra Alejandra Farley, ya que son los verdaderos protagonistas de la acción. Sin embargo, los titiriteros también tienen un lugar central, como si fueran el ‘otro yo’ de cada uno de los personajes. Así se logra un muy logrado trabajo de complementación.
La excelencia en la formación del Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín, dirigido por Adelaida Mangani, les permite aventurarse en desafíos, como sumergirse en el mundo del musical. Así, a la compleja construcción de la voz del títere le suman el canto y el baile y logran unas escenas corales deliciosas.
Es una obra para ver y disfrutar. Probablemente, para ver más de una vez porque tiene capas y capas para descubrir.
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