
Shangay
Muscari yrecrea los tiempos idílicos de una pareja gay que se disuelve
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Shangay. te verde y sushi en ocho escenas: Escrita y dirigida por José María Muscari. Elenco: Muscari, Nicolas Pauls, Chunchuna Villafañe, Claudia Albertario y Eunice Castro. Escenografía: Verónica Lavenia. Luces: Diego Todorovich. Vestuario: Rocio Peyro. Coreografia: Karina Kogan. Sala: Chacarerean Theatre
Nuestra opinión: muy buena
Cuando se piensa en el teatro de José María Muscari, suele asociárselo con lo impetuoso, el vértigo, el capricho, el frenesí. Y es que su producción parece el emergente rabioso de un estado subjetivo y cultural. Su génesis provendría de ese diálogo misterioso entre sus experiencias vitales y los principales pareceres del mundo y la cultura. ¿Cómo negar la relación de todo su primer teatro con el menemismo? Es fruto de ese momento del país y uno de los mejores modos de entender, a partir de la crítica, en qué consistió. Porque su trabajo no es mero síntoma, sino que es inteligentemente político: la política está en la estructura, en los procedimientos, en los mecanismos narrativos y no en el argumento.
Que ahora, seis años después, vuelva a montar un espectáculo del pasado podría sonar reñido con la espontaneidad que suele asociarse a su teatro. Por el contrario, si bien su estética y su vida -no tan separadas ni tan reñidas- parecen por momentos ir a los tumbos y a un ritmo irrefrenable, el retorno no implica un cambio de estrategia. Este será uno de los años más mediáticos de su carrera. Su participación en "Bailando por un sueño" lo pondrá en el centro de la escena mediática, en el mejor y en el peor de los sentidos. Y precisamente por eso es significativo que decida retornar al espectáculo más personal y más teatral que haya hecho hasta ahora, en el que se exhibe y se entrega como persona y personaje público, mostrando sus fantasías, sus miedos, sus deseos, sus fantasmas.
Reírse de casi todo
El espectador de Shangay está incluido en la ficción. Su participación consiste en haber ido a una noche temática oriental que no distingue entre China, Japón o Tailandia porque básicamente su trabajo consiste en mostrar cómo en el modo en el que Occidente mira a Oriente asoma su prejuicio, su incapacidad de observar las identidades en toda su complejidad. Y el tema no emerge gratuitamente para ilustrar los planteos de Edward Said en O rientalismo, sino para vincularlo con las identidades sexuales y la discriminación. Porque la historia nos enfrenta a una pareja gay en pleno proceso de separación, interpretada audazmente por Muscari y Pauls, quien logra aquí uno de sus mejores trabajos. Uno de ellos ha conocido a alguien y rehace su vida, mientras que el otro apela a cuanto recurso encuentra para retenerlo, aunque cuanto más lo intente más lo aleje. Lo mismo ocurre con la aparición de la madre, brillantemente interpretada por Villafañe, que intenta convencer a su yerno de lo ingrato que sería abandonar a su hijo. En el medio, estos personajes ubicables dentro de diversas minorías cometerán actos atroces de discriminación con el fin de salvarse y protegerse, mientras dos camareras y bailarinas pondrán al descubierto las condiciones reales de su trabajo (reflejo de la explotación que cobra mayor densidad al estar interpretado por Eunice Castro y Claudia Albertario, figuras de la farándula y el teatro de revistas).
Con permanentes viajes al pasado que nos muestran los momentos idílicos y felices de la pareja, la obra se permite mover por escenas leathers , lésbicas y de fina mirada política, así como encontrar instantes de insospechada ternura.
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